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Albedrío 1.0
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Los cuentos del tuerto (microrrelatos) - Página 2 Empty Re: Los cuentos del tuerto (microrrelatos)

el Miér Feb 06 2019, 22:31
Hoy me he encontrado con una persona que hace realmente bien su trabajo.

Es algo que llama la atención, esta señora hacía algo más que cubrir el expediente o criticar lo mal que otros trabajan.

Según me acercaba vi su cara amable a pesar de los rasgos que delataban bien la vida a la intemperie, bien algún déficit de vitaminas o algún proceso alérgico... quizás algún síndrome de tipo canceroso. No es fácil deducir la salud de alguien por el aspecto.

Estaba en la puerta del supermercado, impertérrita y tranquila. Ni siquiera miraba a la gente que pasaba a su lado sin verla. No era la típica pobre que incomodaba a los viandantes dando los buenos días o mostrando una sonrisa.

Nunca había visto a alguien hacer tan bien su trabajo: ser ignorada. Habré ido unas diez veces a ese supermercado y ya me pareció parte de la circunstancia de la situación, pero sin hacerse parte de ella.

Creo que realiza un gran trabajo y con una gran función en el mantenimiento de esta sociedad: aumenta el umbral de tolerancia al cinismo. Las buenas gentes que pasamos ignorándola podemos seguir siendo buenas gentes gracias a ella, vivir nuestra vida tranquilamente sabiéndonos buena gente.

No podemos cambiar el mundo, es como es.

Lo dicho, hoy me he encontrado con una señora que realmente hace bien su trabajo y cumple una función social imprescindible.
Marivi
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Los cuentos del tuerto (microrrelatos) - Página 2 Empty Re: Los cuentos del tuerto (microrrelatos)

el Vie Jun 28 2019, 23:29
microrelato: "La mesa está servida."

La mesa ya estaba servida. Mi estómago se petrificaba. Era de noche por lo que me lo encontraría a él, el imprevisible, el impulsivo, al que sólo le bastaba un cruce de miradas para encontrar la perfecta excusa para su violencia.
Me pregunto por qué necesitaba inventarse una excusa en vez de usar su violencia sin mas. Probablemente le gustaría esa tensión que provocaba, esa pequeña tortura de ansiedad ante lo inevitable. Esa angustia de saber a quién le tocaría.
Miro mi plato, no muevo los ojos de mi plato e intento llevar con el tenedor un poco de comida a mi boca. La mastico mucho tiempo puesto que mi estómago está petrificado por el terror, no consigo tragar nada.
El silencio se hace mas intenso. Por el rabillo del ojo veo a los demás en la misma posición, pero de alguna manera consiguen comer mas rápido que yo. A mi no me entra bocado. Los demás terminan su cena y se apresuran para irse. Yo quiero irme pero mi plato aún está lleno. No debería estar lleno! Estoy llamando mucho la atención. Tierra trágame por favor. Pero ni la tierra me quiere tragar, ni mi estómago puede recibir la comida que intento desesperadamente ingerir.
Siento su mirada clavada en mi, amenazante. Ya es tarde para mí. Decidió que hoy sería su presa. No tuve mas remedio que mirarle. Sus ojos expresaban esa satisfacción de quien está a punto de cazar a su presa, de liberar su furia sádica.
Y lo siguiente que pasó, es una de las muchas historias que mi débil y dependiente infancia no pudo evitar. Él dejó muy claro que no tendría forma alguna de defenderme. Quién le creería a una pequeña niña tímida y solitaria? Quién me defendería de quien se supone debía defenderme? Al final encontré consuelo en la única persona del mundo que me quería y que estaría conmigo siempre, y que siempre me sería fiel: encontré consuelo en mi misma.
Y un día, la infancia ya no me encadenó a mi cazador: pude salir de ese infierno sin que nadie me obligase a volver.

Y no volví.
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