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Stendhal
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Fisicalismo 2.0 - Página 6 Empty Re: Fisicalismo 2.0

el Dom Mar 02 2014, 12:47
¿Qué dónde y cómo se produce la interpretación de la parte material, o, en tu propio lenguaje, los significantes? ¿o los sentimientos, las emociones, las sensaciones, etc? ¿qué ente constituye "la parte inmaterial del símbolo"? ¿dónde se encuentra? (Obviar mente/espíritu/ser humano/parte inmaterial. Si no se obvia aplíquese ¡Otra vez! la misma pregunta: qué es la mente, qué la produce y donde se encuentra, etc...)

Tortugas.

Te aseguro que Rubia no dice eso. Pero apreciará tu interés por sacarle del marasmo de su error.

PD: Gracias por lo de estúpido. Muy constructivo no es, pero da color.
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el Dom Mar 02 2014, 13:53
PD: Gracias por lo de estúpido. Muy constructivo no es, pero da color. escribió:

Reiteras la confusión de sustituir significante con referente... wall 

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Disperso
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el Dom Mar 02 2014, 16:52
A ver, lo único no es poco. Ser capaz de tumbar el modelo cuando es incompatible con lo observado ya es un gran avance. Pero fíjate Stendhal que no nos acerca a la verdad, sólo nos permite abandonar modelos que no casan con lo que observamos.

La ciencia es más útil pero a veces nos empeñamos en buscar en ella lo que daba la religión, una tranquilidad de creerse que comprendemos el mundo. Yo creo que es más útil ser más radicalmente científico y no dar nada por supuesto.
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el Dom Mar 02 2014, 17:29
Stendhal, el artículo que metiste de J Rubia Vila era fácil de entender y clarificador. Es coherente con  la posibilidad de un tipo de memoria especialmente  poco desarrollado junto a otras áreas en pleno rendimiento (mi caso).

Estando en la calle hoy, se me han ocurrido ciertas preguntas.

Tras leer el articulo:
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y el recorte:
"decidimos llegar a un consenso y hacer una declaración para el público que no es científico. Es obvio para todos en este salón que los animales tienen conciencia, pero no es obvio para el resto del mundo. No es obvio para el resto del mundo occidental ni el lejano Oriente. No es algo obvio para la sociedad."
Philip Low, en la presentación de la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia, 7 de julio de 2012

La visión del video:
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la lectura del bloc de notas:
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y la certeza de que las neuronas espejo para nada son exclusiva del ser humano…
... sonrío al darme cuenta que me parece que debatimos sobre la conciencia del “yo” como exclusivo del ser humano.

Una estructura cerebral suficientemente compleja en una especie eminentemente social (incluyendo la participación del sistema límbico, posibilitando las emociones, y las neuronas espejo) serían las condiciones necesarias para desarrollar esa conciencia del “yo”.

¿Siempre que se dan esas condiciones surge la conciencia del yo de la que tanto hablamos? ¿Qué pruebas lo certificarían? ¿Esos animales también son capaces de angustiarse ante la idea de su propia muerte como lo hizo mi hijo con 4 años? ¿Como comprobarlo? ¿delfines, monos antropomorfos y elefantes tienen consciencia límbica o solo egoica?
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Willy
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el Dom Mar 02 2014, 18:21
Spoiler:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Francisco J. Rubia Vila es Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich escribió:


Estamos tan familiarizados y satisfechos con la experiencia de nuestro yo que preguntarse si realmente ese yo existe parece como si fuese la pregunta de un retrasado mental. Y sin embargo la neurociencia moderna se plantea esa cuestión precisamente, a saber que el yo, como ya decía la filosofía hindú hace más de tres mil años, es maya, palabra del sánscrito que significa engaño, ilusión o lo que no es.

En la filosofía védica se acuñó la palabra Ahamkara, palabra compuesta de Aham, que significa “yo” y kara que designa todo aquello que ha sido creado. El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real.

Como dice la psicóloga británica Susan Blackmore, la palabra ilusión no significa que no exista, existe como fruto de la actividad cerebral que al parecer genera esa ilusión en nuestro propio beneficio.

Cuando nos levantamos por la mañana nuestro yo se despierta unido a la consciencia. Vuelven los recuerdos del día anterior y los planes para el futuro. En una palabra: nos convertimos en esa persona que identificamos con la palabra “yo”. Todos nosotros tenemos la impresión subjetiva de que dentro de nosotros se esconde la persona que llamamos “yo” y que recibe todas las sensaciones, toma todas las decisiones, recapacita, planifica, aprueba o rechaza. Es como una especie de homúnculo (Diapositiva 2) que controla todas las funciones cerebrales.

El filósofo estadounidense Daniel Dennett (Diapositiva 3) llamó a este proceso el Teatro Cartesiano, es decir, una especie de quimera de que en alguna parte del cerebro existe un lugar donde todos los sucesos mentales convergen y son experimentados.

En el siglo XVIII, el filósofo escocés David Hume (Diapositiva 4) ya dijo que no había ninguna prueba de que ese lugar existiese. Además se ha argumentado que la existencia de un homúnculo requeriría otro homúnculo dentro del primero y así sucesivamente.

David Hume decía: “Por mi parte, cuando entro más íntimamente en lo que llamo mí mismo (myself) siempre tropiezo con alguna percepción particular de calor o frío, luz o sombra, amor u odio, dolor o placer. En ningún momento puedo nunca cogerme a mí mismo sin una percepción, y nunca puedo observar nada excepto la percepción. Cuando desaparecen mis percepciones por algún tiempo, como cuando estoy profundamente dormido, durante tal tiempo estoy insensible a mí mismo y puede en verdad decirse que no existo”.

Como vemos, para Hume el yo no es más que un haz de percepciones. Veinticuatro siglos antes Gauthama Buda había llegado a la misma conclusión.

Naturalmente existe la hipótesis de un ente inmaterial, al que se le ha llamado alma, que controlaría todas las funciones cerebrales. El problema es que con ella no resolvemos nada.

Primero, porque el dualismo cartesiano siempre tuvo problemas para explicar cómo un ente inmaterial es capaz de mover la materia cerebral sin tener energía, lo que violaría las leyes de la termodinámica. En segundo lugar, porque la hipótesis del alma nos da una explicación, pero invalida cualquier investigación ulterior ya que la creencia en ella hace superfluo cualquier esfuerzo por conocer cuáles son las razones y los mecanismos de lo que hemos llamado la ilusión del yo.

Además, la hipótesis del alma no es una hipótesis científica porque no es ni confirmable ni falsable, siguiendo los criterios del filósofo austriaco Karl Popper.

No tenemos ninguna prueba de la existencia de algo permanente en nosotros mismos. Todo lo que nos rodea y todo lo que somos, biológicamente hablando, es efímero y perecedero.

Si el yo es la suma de nuestros pensamientos y acciones, entonces ese yo es fruto de la actividad cerebral. Lesiones cerebrales graves pueden producir un cambio de personalidad, y el mismo efecto puede tener lugar con la ingesta de drogas.

A pesar de que el yo sea un producto cerebral no existe ningún lugar en el cerebro en el que pueda localizarse. Muy probablemente, nuestro cerebro crea la experiencia del yo a partir de una multitud de experiencias, tanto las que llegan a través de nuestros sentidos como las que hemos almacenado en nuestra memoria.

Sabemos que el cerebro construye un modelo del mundo exterior y que teje las experiencias para formar una historia coherente que le permita interpretar y predecir futuras acciones.

Generamos una simulación del mundo exterior para anticipar lo que vamos a hacer en él en el futuro y, de esa manera, asegurar la supervivencia. Esa sería la razón por la que preferimos un modelo de la realidad antes que la realidad misma.

No tenemos una conexión directa con la realidad, como ya dijo el filósofo alemán Immanuel Kant (Diapositiva 5). Kant afirmaba que incluso antes de que haya un pensamiento, antes de que podamos conocer algo sobre el mundo o sobre nosotros mismos tiene que haber un yo unificado como sujeto de la experiencia. Colocó ese yo unificado y primordial en el centro de su propia filosofía y argumentaba que ese yo interno creaba coherencia y prestaba ayuda a nuestra experiencia y nuestra percepción.

Hoy sabemos que todo lo que experimentamos se procesa en patrones de actividad neural que conforman nuestra vida mental. Y no tenemos ninguna conexión directa con la realidad exterior. Vivimos, pues, en una realidad virtual.

La filosofía hindú también considera la realidad exterior como maya, ilusión. Ya en el pasado se conocía que las llamadas cualidades secundarias dependían del sujeto que las experimentaba, como afirmaba Descartes. Y el filósofo napolitano Giambattista Vico (Diapositiva 6) lo expresa claramente en su libro La antiquísima sabiduría de los italianos de la manera siguiente: “si los sentidos son facultades, viendo hacemos los colores de las cosas, degustándolas, sus sabores, oyéndolas sus sonidos, y tocándolas, hacemos lo frío y lo caliente”.

Solo conocemos lo que percibimos

El filósofo empirista irlandés, el obispo George Berkeley (Diapositiva 7), decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido. Por lo que hoy sabemos no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra. Los colores, los sonidos, los gustos y los olores no existen ahí afuera, sino que son atribuciones de nuestra mente. Ahí afuera no existen más que radiaciones electromagnéticas de distintas longitudes de onda que incidiendo sobre nuestros receptores producen potenciales eléctricos, los potenciales de acción, que son todos iguales provengan del ojo, del oído, del gusto, del olfato o del tacto. Es en las distintas regiones de la corteza donde se atribuyen las cualidades secundarias. De ahí que la lesión de la región cortical donde se procesa la visión cromática tenga como resultado que el paciente se vuelva acromático y no sólo no vea colores sino que ni siquiera sueñe con ellos.

En la construcción de ese mundo interior, si falta alguna información, el cerebro la suple para generar una historia plausible aunque no sea completamente exacta.

De la misma manera, el cerebro crea el yo consciente, aunque aún no sepamos cómo, y a partir de la actividad neuronal se pasa a un concepto tan abstracto como ese. El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real. Tanto lo que llamamos yo como consciencia son construcciones cerebrales que encierran el gran problema de la neurociencia, a saber, cómo se pasa de la actividad neuronal a las impresiones subjetivas. Es lo que el filósofo australiano David Chalmers (Diapositiva 8)ha llamado el “problema difícil” de la consciencia. El paso de lo objetivo a lo subjetivo.

¿Qué sentido tendría esa ilusión del yo? Se ha argumentado que la razón es simplemente la función de predecir la conducta de los otros. Si creo que dentro de mí existe una persona que se comporta como cualquier otra, puedo predecir el comportamiento de los demás observando esa persona dentro de mí. La autoconsciencia sería, pues, el invento del yo para saber qué harán los otros.

El neurólogo indio afincado en Estados Unidos Vilayanur Ramachandran (Diapositiva 9) cree que el yo no es una propiedad holística de todo el cerebro, sino que surge de la actividad de series de circuitos que están distribuidos por todo el cerebro e interconectados entre sí.

El pionero de la inteligencia artificial, Marvin Minsky (Diapositiva 10), dice que la auto-consciencia es un segundo mecanismo paralelo desarrollado para generar representaciones de otras representaciones más antiguas.

Y el psicólogo inglés, Nicholas Humphrey (Diapositiva 11), supone que nuestra capacidad de introspección puede haberse desarrollado específicamente para construir modelos de la mente de otras personas para poder predecir su conducta.

Esta última afirmación nos llevaría a relacionar la auto-consciencia con las neuronas espejo, de las que informé hace dos años en este mismo lugar, que nos permiten “reflejar” en el cerebro actos motores, pero también emociones e intenciones de los demás. En esto también está Ramachandran de acuerdo.

Habría que preguntarse si existe sólo un yo. No hace tanto tiempo se buscaba afanosamente la memoria, asumiendo que era una sola entidad. Hoy sabemos que hay distintos tipos de memoria con distintas localizaciones en el cerebro.

Varios tipos de inteligencia

Lo mismo ha ocurrido con la inteligencia, y hoy se definen varios tipos de inteligencia. Por ello hay que preguntarse si no ocurrirá lo mismo con el yo. Ramachandran habla, por ejemplo, de diversos yos, o al menos de distintos aspectos del yo, como por ejemplo el sentido de unidad, la multitud de sensaciones y creencias, el sentido de la continuidad en el tiempo, el control de las propias acciones (esto último relacionado con el tema de la libertad o libre albedrío), el sentido de estar anclado en el cuerpo, el sentido de la propia valía, dignidad y mortalidad o inmortalidad. Cada uno de estos aspectos puede estar mediado por centros diferentes en distintas partes del cerebro y que, por conveniencia, los agrupamos a todos en una sola palabra: yo. Precisamente el aspecto más extraño de todos: el ser consciente de uno mismo es lo que Ramachandran supone que depende de las neuronas espejo.

Hay casos clínicos que muestran que existen muchas regiones cerebrales que juegan un papel en la creación y mantenimiento del yo, pero no existe ningún centro en donde se reúna todo físicamente.

Aparte del lóbulo frontal, donde se descubrieron estas neuronas por vez primera, existen numerosas neuronas espejo en el lóbulo parietal inferior, una estructura que ha experimentado una gran expansión en los grandes simios y en el hombre. Esta región se dividió en dos giros: el giro supramarginal (Diapositiva 12) que nos permite “reflejar” nuestras acciones anticipadamente, y el giro angular, que nos permite “reflejar” nuestro cuerpo, en el hemisferio derecho, y otros aspectos sociales y lingüísticos del yo en el hemisferio izquierdo.

La hipótesis de la relación de estas neuronas con la auto-consciencia supondría que utilizamos las neuronas espejo para mirarnos a nosotros mismos como si alguien lo estuviera haciendo. Y el mismo mecanismo que se desarrolló para adoptar el punto de vista de otro se volvió hacia adentro para mirar el propio yo. De manera que “auto-consciente” sería ser consciente de otros siendo consciente de mí mismo.

Que el yo unificado puede ser una construcción cerebral lo muestran los experimentos realizados por Roger Sperry (Nobel 1981) y Michael Gazzaniga (Diapositiva 13) en sujetos con cerebro escindido o dividido. En pacientes que sufrían de epilepsia, con un foco en un hemisferio, y para evitar que se crease un “foco especular” en el otro hemisferio, cirujanos norteamericanos hace unas décadas seccionaban el cuerpo calloso e incluso en algunos pacientes también la comisura anterior.

Los experimentos mostraron que al hacerlo los cirujanos partieron literalmente en dos el yo, ya que aparecieron dos personas distintas con gustos y aficiones diversas y a veces contradictorias. En estos pacientes podía ocurrir que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo.

Preguntado el hemisferio no parlante de uno de estos sujetos, generalmente el derecho, que qué profesión quería ejercer en el futuro, respondió, mediante la utilización de letras del juego Scrabble, que quería ser corredor de fórmula uno, cuando el hemisferio parlante había siempre afirmado querer ser diseñador gráfico (Diapositiva 14, 15). Y el neurólogo Ramachandran tuvo un paciente que respondía con el hemisferio izquierdo creer en Dios y con el hemisferio derecho ser ateo.

La división de las conexiones entre los dos hemisferios había creado un segundo yo hasta ahora desconocido porque el yo del hemisferio dominante o parlante se había considerado el único.

Uno de los resultados más sorprendentes de estos experimentos fue la capacidad de interpretación del hemisferio izquierdo de la conducta iniciada por el hemisferio derecho. Si se le enviaba una señal al hemisferio derecho que decía “andar”, el sujeto se ponía en marcha. Y preguntado el sujeto verbalmente que por qué lo hacía, el hemisferio izquierdo parlante respondía que iba a buscar una coca-cola, cualquier otra excusa o simplemente que tenía ganas de hacerlo.

Este fenómeno es algo parecido a lo que ocurre cuando se hipnotiza a una persona y se le ordena, ya hipnotizado que ande a cuatro gatas por la alfombra. Si en ese momento el hipnotizador lo despierta y le pregunta qué hace andando a cuatro gatas, el sujeto puede responder que porque se le había caído una moneda.

El hemisferio izquierdo, cuando no conoce las razones de la conducta del organismo se inventa una historia plausible para interpretarla. En otras palabras: para ese yo del hemisferio izquierdo una historia plausible, pero falsa, es mejor que ninguna.

Esta capacidad que llevó a su descubridor Michael Gazzaniga a llamar al cerebro dominante “el intérprete” se ve aún más claro en el siguiente experimento (Diapositiva 16).

Si se le proyecta a uno de estos pacientes un paisaje nevado al hemisferio derecho y la cabeza de una gallina al hemisferio izquierdo y luego se le pide que elija con cada mano entre varias imágenes que se les proyecta la que estuviese más relacionada con lo que habían visto, la mano derecha, controlada por el hemisferio izquierdo elegía una gallina y la mano izquierda, controlada por el hemisferio derecho, una pala.

Pero si se le preguntaba al paciente que por qué había elegido con la mano izquierda una pala respondía que para limpiar la porquería del gallinero.

Para el yo izquierdo, repito, es mejor tener una historia plausible, aunque sea falsa, que no tener ninguna. La capacidad de suplir información que falta por parte del cerebro es lo que constituye los engaños tanto ópticos como de otro tipo a los que estamos acostumbrados. Pensemos, por ejemplo, cómo el cerebro cubre la información que falta en aquella parte de la retina que no tiene receptores visuales por la salida del nervio óptico, es decir, la mancha ciega que no se traduce en un escotoma en el campo visual.

Antes hablamos de casos clínicos en los que se produce una fragmentación del yo o la pérdida de uno de sus aspectos.

Uno de estos casos es la asomatognosia, o la falta de reconocimiento de una parte del cuerpo, que suele ocurrir tras una apoplejía con extensas lesiones de la corteza cerebral. La asomatognosia es una fragmentación del yo.

Otro ejemplo es el síndrome de negligencia hemiespacial, que ocurre por lesiones del lóbulo parietal derecho, en el que el paciente ignora, o más bien no atiende, a la mitad izquierda de su campo visual.

Otro síntoma que afecta al yo personal es la anosognosia, o negación de la enfermedad. Un caso especial de anosognosia es el síndrome de Anton, o inconsciencia de la ceguera. Gabriel Anton (Diapositiva 17) describió uno de los primeros ejemplos de falta de consciencia de la ceguera en 1899.

Generalmente, las tres condiciones: asomatognosia, negligencia hemiespacial y anosognosia suelen ocurrir juntas por lesiones del hemisferio derecho.
Los límites del yo personal son más dinámicos que rígidos Hay cosas ego-cercanas, como el propio cuerpo, la mujer o el marido, los miembros de la familia. Por otra parte, los objetos que no tienen un significado especial para nosotros son considerados ego-distantes.

Ejemplos de alteraciones de las relaciones del yo son los fenómenos conocidos como déjà vu y jamais vu, o sea ya visto y jamás visto, en los que el paciente tiene la impresión de haber visto ya algo que no ha podido ver antes, o lo contrario, la impresión de no haber visto nunca algo que sí conoce. Esto está en relación con el sentido de familiaridad, sentido emocional que depende del sistema límbico, concretamente de la amígdala.

El individuo sano tiene una relación integrada y normal con el mundo. Nuestras relaciones con el mundo y con otras personas están en un equilibrio delicado y ese equilibrio se mantiene de manera automática e inconsciente. No somos conscientes de él hasta que no es violentado.

El síndrome de la ilusión

En 1923, el psiquiatra francés Jean-Marie Joseph Capgras (Diapositiva 18) describió un caso, el de Madame M., una mujer de 53 años que se quejaba que impostores habían sustituido a su marido, a sus hijos e incluso a ella misma. Su marido había sido asesinado y los impostores lo habían sustituido por otra persona. A este fenómeno lo llamó “l’illusion de sosies’. Sosia es en español una persona que se parece tanto a otra que es confundida con ella. El nombre proviene de la mitología griega en la que se cuenta la historia de Zeus que se transformó físicamente en la persona de Anfitrion para seducir a su mujer Alcmena. Temeroso de que la criada de Alcmena, Sosia, la alertase del engaño, hizo que Hermes se convirtiese en Sosia. El engaño tuvo éxito y Alcmena dio a luz a dos mellizos: uno, hijo de Zeus: Hércules; el otro, hijo de Anfitrion: Iphicles. De ahí que el nombre sosie signifique en francés doble.

El síndrome de Capgras está probablemente generado por la pérdida de la conexión entre el reconocimiento de caras, localizado en el giro fusiforme (Diapositiva 19), y el sistema límbico, especialmente la amígdala que le da significación emocional a los estímulos sensoriales. El paciente reconoce las caras, pero no son familiares para él, por lo que supone que son impostores o dobles.

Cuatro años tras la publicación del síndrome de Capgras, dos médicos franceses, Courbon y Fail, publicaron un artículo titulado: “El síndrome de la ilusión de Frégoli y la esquizofrenia”. Courbon y Fail le dieron este nombre por Leopoldo Frégoli, famoso actor italiano en Francia por su extraordinaria capacidad de imitación. Estos pacientes encontraban a personas a su alrededor conocidas, aunque nunca las habían visto antes, es decir, lo contrario que los pacientes con síndrome de Capgras. El síndrome de Frégoli puede interpretarse como una super-relación con otras personas y en ese sentido se parece al fenómeno del déjà vu.

Los límites del yo son maleables, no son rígidos. Al yo se le ha comparado con una ameba que cambia su forma y sus márgenes. Un ejemplo de ello es lo que ocurre con los experimentos que utilizan una mano de goma (Diapositiva 20). Si se oculta la mano izquierda de un sujeto y se acarician simultáneamente la mano izquierda y la mano de goma con un punzón o pincel, al cabo de unos minutos el sujeto siente que la mano de goma forma parte de su cuerpo. La fusión de la información táctil y visual en el cerebro crea esa ilusión.

Las memorias de todas las experiencias de la vida son muy importantes para la creación y mantenimiento del yo. Nuestra identidad es la suma de nuestros recuerdos, pero esos recuerdos se modifican por el contexto en el que se producen y, a veces, simplemente son confabulaciones. Con otras palabras: no podemos fiarnos completamente de ellos, de manera que el propio yo queda en entredicho. Por otra parte, sin un sentido del yo los recuerdos no tienen ningún sentido y, sin embargo, ese yo es un producto de nuestros recuerdos.

Personalmente pienso que existen al menos dos tipos de yo o de consciencia: una a la que llamo “consciencia egoica”, que es la consciencia normal que solemos tener en la vigilia, aunque haya también diversos niveles, y que se caracteriza por un pensamiento dualista característico de nuestra capacidad lógico-analítica. Y una segunda consciencia que llamo “consciencia límbica” que es la que nos permite acceder a una especie de “segunda realidad”, que es a la que llega el chamán, o el místico, mediante ciertas técnicas y que genera la sensación de trascendencia. La llamo consciencia límbica porque se debe a la hiperactividad de determinadas estructuras límbicas que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal. Su estimulación eléctrica o magnética es capaz de producir experiencias llamadas espirituales, religiosas, numinosas o de trascendencia. Ambas consciencias son antagónicas y una condición para que se produzca esta última es la anulación de la consciencia egoica, algo que conoce hace siglos la filosofía oriental.

Es de suponer que la consciencia egoica es dependiente de estructuras cerebrales filogenéticamnete más modernas, como la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior, mientras que la consciencia límbica supone la dependencia de estructuras más antiguas pertenecientes al cerebro emocional o sistema límbico.

En resumen: el yo, como construcción cerebral, no tiene una localización exacta en el cerebro y es posible que existan distintos tipos de yo o de consciencia. Sus límites no son fijos y tanto ciertos experimentos como la patología nos muestra su fragilidad. Llama la atención el hecho de que atribuyamos al yo la mayoría de la actividad cerebral, cuando en realidad el yo racional es una instancia tardía en comparación con el inconsciente que gobierna la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral al servicio de la supervivencia.

Falta conocer por qué es generado ese yo unificado por el cerebro, y cuál es su función.

Gracias por su atención (Diapositiva 21)


Bibliografía

Dennett, D.
Consciousness explained
Little Brown and Co.
Boston, 1991

Feinberg, T. E.
Altered Egos. How the Brain Creates the Self
Oxford University Press
Oxford, 2001

Hood, B.
The Self Illusion: Why There es no “You” Inside Your Head
Constable & Robinson Ltd.
London, 2012

Metzinger, T.
The Science of the Mind and the Myth of the Self
Basic Books
New York, 2009


Para el que le interese, se trata de un fabuloso blog divulgativo sobre neurociencia. Enlace completo en:

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Muy buen texto, muy clara explicación de cómo y por qué el mundo gira.
Pero joder, ¡que GIRA TÍO! ¡QUE GIRA!

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el Lun Mar 03 2014, 00:04
Una pregunta abierta para todos los que opinais sobre este tema.
¿Pueden esos animales que he citado antes quizás estar dotados de metacognición? ¿Qué creeis vosotros, y en qué os basais para afirmarlo?
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el Lun Mar 03 2014, 00:27
Otro artículo interesante del mismo autor que cortopegó Stendhal

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el Lun Mar 03 2014, 00:31
Según el enfoque del físico del MIT cuyo artículo pegué por aquí ¿Erasmo, te merece alguna opinión?, la consciencia podría ser un estado de la materia, y creo que hablaba de "grados" con lo que encajarían todos los animales.

Creo que la lista de animales más conscientes -grandes simios, delfines, elefantes- coincide con los que se reconocen en un espejo (la mayoría piensan que la imagen es otro animal).
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el Lun Mar 03 2014, 10:16
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"Matematería": Cómo produce el cerebro experiencias matemáticas.

Galileo Galilei dijo alguna vez: "Las matemáticas son el lenguaje en el que Dios escribió el universo", una afirmación que (aparte del implícito "teísmo") es consistente con las bases matemáticas de toda la física moderna.

El matemático húngaro Paul Erdös, aun siendo ateo, habló de un libro imaginario, en el que Dios había escrito las demostraciones matemáticas más bellas. Cuando Erdos quería expresar una particular apreciación a una demostración, solía exclamar: "¡Ésta es del libro!". Este punto de vista expresa la idea de que las matemáticas, como las verdaderas leyes en las que se basa la construcción de nuestro universo, son el candidato en el que se personifica Dios en diferentes religiones místicas.

Alain Badiou, filósofo del siglo veinte, dice que la ontología es matemáticas. Badiou cree también en profundas conexiones entre las matemáticas, la poesía y la filosofía.

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el Lun Mar 03 2014, 10:18
Cientifería: Cómo produce el cerebro experiencias científicas.

Literaturía: Cómo produce el cerebro experiencias literarias.
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el Lun Mar 03 2014, 10:28
Además, mola bastante confundir o reducir una experiencia con/a sus contenidos, de modo que si cuestionamos éstos de facto negamos aquella.

Esto es tan ridículo como tener una experiencia sexual y que el científico de turno, al evaluar la imaginería asociada nos dijera que si lo que tenemos es una fantasía sexual en realidad no nos estamos excitando. Ojo, no es que nos diga que lo que imaginamos no es real, sino que no es real la experiencia de excitarse.

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el Lun Mar 03 2014, 10:31
Siguiendo el mismo razonamiento, como el "yo" es un contenido de conciencia, tanto la ciencia objetiva como la ciencia subjetiva (genuina espiritualidad, no espiritería barata) afirman que es ilusorio. Pero la ciencia objetiva va más allá y tira el barreño con el niño dentro: convierte la conciencia en otro contenido más y la niega.
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el Lun Mar 03 2014, 11:19
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Añado alguna crítica más al fundamento de este texto. La más directa se dirige al nulo respeto que el autor tiene por el objeto de estudio. Tira del DRAE para definir "espiritual" y se queda con esta ridiculez: "Hay otra definición también del mismo Diccionario respecto a la palabra espiritual que dice: “tener una mente o emociones de una alta y delicadamente refinada calidad”. Esta última definición se acerca más a lo que vamos a tratar en esta conferencia y entendemos por espiritualidad"

¿Qué coño es tener una mente o emociones de una alta y delicadamente refinada calidad? ¿A qué carajo alude ese esperpento?

Es muy evidente que es fácil ridiculizar a un ser si lo vestimos de bufón, como si el ropaje lo definiera.

También resulta curioso observar cómo se critica que cada religión 'genera' imágenes (contenidos de conciencia) de su cultura propia y, sin embargo, no se realiza una similar autocrítica por la generación de imágenes propias de la cultura científica occidental. ¿Qué tendrá el autor en mente cuando nos define espiritual como una mente de alta y delicadamente refinada calidad? ¿Qué se estará imaginando que es esa cosa llamada "el espíritu"? ¿Qué proyectará en otros de su propia ignorancia del objeto estudiado?
José Luis
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Fisicalismo 2.0 - Página 6 Empty Re: Fisicalismo 2.0

el Lun Mar 03 2014, 11:41
Si alguien quiere acudir a algún científico que respete ese objeto de estudio, y que tenga un vasto conocimiento del mismo, que busque a Francisco Varela. A ver si su mirada y la ausencia de sospecha de "magufismo" o "pseudocientifismo" os ayuda un pelín. Porque lo que está claro es que si se os envía a una fuente que se apellide "krish..." directamente os dará un soponcio o un ataque de risa.

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izurdesorkunde
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Fisicalismo 2.0 - Página 6 Empty Re: Fisicalismo 2.0

el Lun Mar 03 2014, 16:11
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:OYE FISICOS, MIRAROS EL ÁRBOL DE LA VIDA EGIPCIO, EL CUBO CUÁNTICO Y SI TENEÍS ALGUNA DUDA, EL I-CHING. A VER SI DE UNA PUÑETERA VEZ OS DAÍS CUENTA DE QUE LA COSA ESTÁ TOTALMENTE SOLUCIONADA, Y QUE NO HAY "O EL HUEVO O LA GALLINA", QUE HAY HUEVO, HAY GALLINA, ET ALL, A VER SI OS ENTERAIS DE UNA PUÑETERA VEZ DE LO QUE ES QUE ALGO SEA CAUSA SUFICIENTE.

JODER.

Que más obvio no puede ser. Por dios, casi que falta meteroslo en la boca a cucharadas.

¿Qué es todo esto? A ver, no todos somos SD, ni tan capaces de ver con tanta profundidad. Bien, piensa que estas tratando con alumnos de preescolar, adecua tu discurso a todo el auditorio, y explícate. ¿Que te dice a ti el árbol de la vida egipcio, el cubo cuántico y el i-ching. Para los incultos, que también tenemos derecho a existir.
Si la cosa está totalmente solucionada, ¿Porqué no has puesto la respuesta, clarita, desde el principio y nos hubieramos ahorrado este debate? ¿Cual es causa suficiente?
Anda, métemelo en la boca, pero a cucharaditas, no me metas el cazo de golpe.
Fíjate: una profesora que se siente una eterna aprendiz. Haz de maestra, muestra tu pericia.


Última edición por izurdesorkunde el Lun Mar 03 2014, 16:37, editado 1 vez (Razón : explicarme, para mejorar la comunicación)
izurdesorkunde
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Fisicalismo 2.0 - Página 6 Empty Re: Fisicalismo 2.0

el Lun Mar 03 2014, 16:46
Por cierto, ¿dice Varela algo sobre las cuestiones que he planteado antes sobre elefantes, primates y delfínidos?
Es que tengo especial curiosidad sobre ese punto. Curiosidad intelectual. Ansia de saber. ¿Porqué nadie me responde o me dan respuestas que me dejan con la impresión de que no se tiene ni idea?
José Luis
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Fisicalismo 2.0 - Página 6 Empty Re: Fisicalismo 2.0

el Lun Mar 03 2014, 16:56
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Considero innecesario el enfrentamiento Ciencia y Humanismo, debiendo de saber integrar ambos espíritus para poder avanzar en el Conocimiento.Uno va junto al otro, NO enfrente de el otro.

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Fisicalismo 2.0 - Página 6 Empty Re: Fisicalismo 2.0

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