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José Luis
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Para caminantes del Ser - Página 2 Empty Re: Para caminantes del Ser

el Miér Dic 18 2013, 11:33
ALMA Y ESPÍRITU



En esta entrada

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podemos ver cómo la tradición judeo-cristiana se hizo la picha un lío y metió con calzador en la palabra "psyque" nada menos que tres nociones diferentes: mente, alma y espíritu. Tres en uno, demasié ;D


También podéis ver en esta otra entrada


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un interesante recorrido etimológico del controvertido término, que seguramente aclarará muchas cosas.


"La palabra alma es una aliteración de arma, a la andaluza manera, la cual es una disimilación de anma, contracción a su vez de la voz latina anima (mediante un proceso semejante a hominem “ homne “ homre “ hombre). El origen de esta última se encuentra en la raíz indoeuropea an- o ane-, que significa “soplar, aire”, nacida probablemente como onomatopeya de la respiración fuerte y dificultosa, como es el caso de los asmáticos o moribundos. En aquellos tiempos remotos, cuando aún no existía el electroencefalograma, y se desconocía el funcionamiento y propósito del corazón, la prueba más evidente que separaba a los vivos de los muertos era que aquéllos se pasaban el rato suspirando por una nueva bocanada de aire. El hombre o animal con el cuerpo atravesado por una estaca, por mucho que se desangrara o perdiera la consciencia, aún seguía con vida en tanto respirase, y era al dejar de hacerlo cuando podía darse por muerto. La respiración se vio por tanto como el principio básico e indispensable para la vida, la fuerza elemental que sustenta, es decir, alimenta los cuerpos, y por ello debe retroalimentarse sin cesar en una sucesión ininterrumpida de jadeos. Pero en el acto de respirar, la inspiración ha sido siempre menos perceptible que la espiración, y de ahí que anima, el alma, significase originariamente “soplo”. Jehová sopla en la boca fangosa de Adán, y de este modo le insufla la vida, el aliento vital que recorre todo su cuerpo y lo mantiene en movimiento, hasta que un aciago día lo abandona sin más despedida que un último suspiro.




Si el anima es el soplo que permite la vida, es obvio que todos los seres que soplan, que respiran, poseen alma, incluido cualquier animal, como su propio nombre indica: animalis, el que respira, el que tiene anima; el que está vivo, en suma. Anima es una función fisiológica más, como producir plaquetas o segregar jugos gástricos, y por eso el hombre es un simple animal, por muy superior que se crea. A despecho de saber que comparte su misma naturaleza, o quizás por eso mismo, siempre ha querido distanciarse de ellos, considerándolos no sólo inferiores, sino dañinos o peligrosos, con los cuales sólo se puede tratar a palos o incluso a hachazos. Llamar a alguien ¡animal! es un insulto con el que expresamos el mayor de los desprecios hacia su comportamiento. Tal es el rechazo que profesamos a los animales, que su propio nombre nos pareció repugnante por cuanto revelaba que podían compartir nuestra misma anima, y siempre hemos buscado sinónimos para no pronunciarlo, o sin más lo hemos manoseado con guantes de hierro. Así, el conjunto de animalis era animalia, y con ese nombre pasó a las lenguas romances; pero en el Medievo se olvidó que era un plural, cambió a auimalia “ alimalia, y de ahí al francés almaille, portugués alimária, y castellano alimania “ alimaña, lengua en la que adquirió el sentido de bicho infecto y nocivo del cual no basta con defenderse, sino que hay que matar y erradicar de la faz de la tierra. A los animales se les ha negado el alma y a las alimañas la vida, y tanto unos como otros siguen suspirando porque les den un respiro. Quizá exhalen su último aliento en forma de dibujos animados, los cuales no respiran pero están vivos, o al menos se mueven como si lo estuvieran. Porque al ser lo más esencial para la vida, anima se convierte en sinónimo de ésta, y de ahí que animar sea dar, crear vida, como hace Frankenstein con su criatura; y que reanimar sea devolver la vida a los muertos, como el protagonista de Re-animator, y por extensión a los que están a punto de serlo, como los infartados, apopléjicos y comatosos. Los animales que aún respiran, salvo los que sirven de carne o juguete de compañía, puede que llegue un día en que caigan al suelo exánimes, de ex-animus “fuera del alma”, es decir, que han perdido el aliento y con él la vida, o se hallan tan debilitados que dan la apariencia de haberla perdido. Y sólo podrán habitar en museos bajo la piel de figuras inánimes “ in-animus, “sin alma”, que llevan tanto tiempo privados de aliento y vida que nos producen la impresión de seres inanimados que nunca la han tenido."


"Trasladados estos conceptos a los textos latinos, la psique se traduce por anima, a la cual corresponde de manera literal, mientras que para timo se escoge el término animus, el ánimo. No está claro si ambas palabras son hermanas, o si una nació de la otra; o quizá anima llegó al latín directamente desde el indoeuropeo, mientras que animus vino como calco del griego anemos, el viento que sopla del mar o las montañas (y por extensión de una garganta animal o humana), y del cual procede anemómetro, “instrumento para medir la velocidad del viento”. Sea como sea, podemos observar que animus, el principio superior, la parte más noble del ser humano, es masculino, mientras que anima, el principio inferior, que iguala al hombre con los animales, es femenino. Es una dualidad semejante a la que existe en todos los cuerpos animados, porque tanto animus como anima se consideran partes indisolubles de un mismo principio y comparten la misma naturaleza, aunque tengan una jerarquía: el masculino controla al femenino, lo que responde a la mentalidad de la sociedad romana, donde toda mujer se hallaba siempre bajo la autoridad de un tutor varón, fuera éste su marido, padre o hermanos.




El ánimo, a semejanza del timo, es originariamente el asiento de las pasiones y los apetitos, sean positivos o negativos. De ahí vienen expresiones como refrenar los ánimos, que es lo mismo que “refrenar los arrebatos, la ira, las pasiones”; o a causa del ánimo, en latín animi causa, que no significa propiamente “por causa del ánimo” sino “por placer, por diversión”. Asímismo, derivan una serie de expresiones y vocablos que mezclan las acepciones de “coraje, valor”, “esfuerzo, energía”, como dar ánimos “infundir valor, infundir energía”, o su contrario perder el ánimo. Estas expresiones equivalen al verbo animar, el cual ya vimos como derivado de anima con el significado de “crear vida”, y a su opuesto desanimar, de los cuales procede a su vez el reflexivo animarse “tener valor, tener energía”. El que posee ánimo es un animoso “ animosus, es decir, “valeroso, ardiente, enérgico”. Pero el valor y el ardor llevados al paroxismo pueden desembocar en la soberbia y la ira, que cuando se dirige contra alguien conduce a la hostilidad y la beligerancia; de ahí que la cualidad de animoso, animosidad, adquiera en el latín eclesiástico el sentido de “aversión, ojeriza”, de donde pasa al francés y de éste al castellano en el siglo XIX. Pero al igual que el timo, el ánimo también templa los ánimos, refrena sus instintos y se vuelve cauce de la voluntad y los deseos; de ahí expresiones como tener ánimos, “tener deseo o voluntad”; con ánimo de “con deseo o intención de hacer algo”; o tener en ánimo “estar decidido, estar resuelto, tener la intención de hacer algo”. Y de igual modo, llega un punto en que el ánimo absorbe las funciones del nous, la mente, y se confunde con la inteligencia. No sólo es el refugio de las pasiones, los sentimientos y la voluntad, sino también del pensamiento, la razón, el juicio y la memoria. Se convierte en el principio pensante, el alma racional, opuesto al anima, el principio vital, el alma irracional. Es todo aquello que permite al ser humano superar su condición animal y hacerse persona, de forma que no se limita a reaccionar de manera instintiva ante las pulsiones inmediatas, sino que puede analizar su comportamiento y su entorno, y fijarse un proyecto de vida a largo plazo. Este sentido global es el que encontramos en la palabra animadversión “ animum adversio, “volver el ánimo, la voluntad, la mente hacia algo”, de donde “observar, fijarse, advertir”; pero no tardo en adquirir un matiz de censura y reprobación, y pasó a significar “castigar con severidad”, hasta que en el siglo XVII tomó el sentido de “ojeriza” por influencia de aversión y de la animosidad hostil; y también porque todos saben que si un profesor me censura y castiga, no es porque yo me porte mal, sino simple y llanamente porque me tiene manía.


Esta dicotomia entre animus y anima, razón y sinrazón, se difumina cuando se traducen los textos de nuevos filósofos griegos. En su afán por encontrar el término que mejor se adapte a sus propias ideas, empiezan a arrinconar al timo (que había pasado a significar “calor, ardor”) y buscan otro término que refleje la idea original de aire y respiración. El elegido es pneuma, que como todas los demás que estamos tratando aquí significa “soplo, viento, suspiro, aliento”, y cuya traducción literal al latín es spiritus “ espíritu. El espíritu sopla donde quiere y tiende a sustituir a animus como alma que regula la sensibilidad y la inteligencia del hombre. Como si quisiera rellenar ese vacío, el anima, el alma vegetativa e irracional, amplía su significado y se utiliza muchas veces con el sentido de animus. Es el caso de una serie de derivados indistinguibles de uno u otro, como aequanimus “ ecuánime, “de alma o ánimo igual, constante, inalterable, imparcial”; magnanimus “ magnánimo, “de alma o ánimo grande, elevado”; unanimus “ unánime, “que actúa con una única mente, voluntad, sentimiento”; o longanimus “ longánime, “que posee largueza de alma o ánimo, generosidad, clemencia”.




Con el latín eclesiástico y la Escolástica medieval, la confusión entre anima y animus, alma y espíritu, es completa y definitiva. El motivo es de índole teológica. Ya hemos dicho que los griegos y latinos, como reflejo de una concepción común a todos los pueblos primitivos, consideraban ambos conceptos como contrapuestos y de diferente jerarquía, pero a la vez indisolubles y que compartían la misma naturaleza. En el momento de la muerte, el ánimo, el timo, el alma racional y sensitiva que proporcionaba la fuerza vital al cuerpo, desaparecía para siempre a la muerte de éste. Privado de él, el ánima, la psique, el alma irracional, salía del cuerpo en el último suspiro y pasaba a vegetar en el infierno como un fantasma sin conciencia ni sensaciones, sombra difusa de la persona que había habitado en la tierra. El Cristianismo suprimió esta diferencia: ya no existen dos almas, una irracional e inmortal, y la otra racional pero mortal; por el contrario, ambas se funden en una sola, inmortal y de la misma naturaleza que Dios, quien la infunde en el cuerpo de los hombres en el momento de su concepción, y al que regresa tras la muerte de éstos hasta la resurrección final. El alma sólo mantiene con la respiración un vínculo metafórico: es un préstamo que Dios concede en usufructo a los hombres, y por lo tanto éstos deben devolverla intacta, y no pueden disponer de ella como ni cuando les apetezca. No sólo el homicidio, sino el suicido está también prohibido, al igual que la eutanasia: como dice San Isidoro, “la vida puede seguir existiendo aunque falte el “ánimo”; y el “alma” subsiste aun careciendo de inteligencia”.




Anima pasará como “alma” al castellano, si bien mantendrá una diferencia por obra del latín eclesiástico: conservará la forma romance entre los vivos, y regresará al latín cuando se trate de difuntos, como las ánimas del purgatorio. Espíritu se convierte en mero sinónimo de alma, aunque mantendrá ciertas diferencias como eco de que en su origen era un concepto más elevado que ésta: esa es la razón de que digamos “pobre de espíritu”, pero no “pobre de alma”, o desalmado “sin conciencia, sin corazón”, en vez de desespiritualizado. En cuanto a animus, sepultado por el alma y el espíritu, no sobrevivirá en las lenguas romances. Algunas, como el español e italiano, lo recuperarán como cultismo, razón por la cual se dice ánimo y no almo. Y en el siglo XX resucitará por obra del psicoanálisis, que lo convierte en la parte racional y lógica del alma femenina, como oposición al anima, ahora reducida al lado afectivo, pasional e irracional del alma masculina. Dos mil años después, los animales aún no han recuperado su alma, pero hombres y mujeres siguen empeñados en separar la suya."


Y este interesante enlace, para finalizar


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con un pasaje significativo:


"La distinción que hacemos en nuestras lenguas entre alma y espíritu, nos viene de la diferenciación en latín entre ánima y ánimus, y la del griego entre yuch (psyjé) y pneuma (pnéuma). Lo que nosotros llamamos expirar (emíttere spíritum), los griegos lo describen como apopnein yucaV (apopnéin psyjás) o ekpnein yuchn (ekpnéin psyjén): exhalar, soplar para afuera el alma. Nos movemos, por tanto, en dos planos muy afines, pero distintos: el yucikoV (psyjikós), que se correspondería más fielmente con nuestro "anímico" (derivado común de ánima y ánimus) y el pneumatikoV (pneumatikós), que traducimos como "espiritual", teniendo un valor más genérico el término "espíritu", y más específico la palabra "alma". Es decir, en el concepto espíritu cabe íntegramente el concepto alma, pero no a la inversa (todas las almas son espíritus, pero no todos los espíritus son almas). Dicho de otra manera: el alma es el espíritu en cuanto animador y principio de vida de un cuerpo concreto (no puede haber alma sin cuerpo, aunque luego la religión y la filosofía le concedan vida independiente). El espíritu, en cambio, no necesita de ningún cuerpo para subsistir (de aquí el concepto de los espíritus puros). Y de ahí se deduce también como una obviedad, que las almas individuales puedan concebirse como el aliento de un único y universal Espíritu en cada cuerpo, que al salir de él vuelve a integrarse en la unidad de espíritu sin el aprisionamiento individualizador del cuerpo."


Otro pasaje, esta vez dedicado al animismo:


"Partiendo de estos principios podríamos decir que el animismo es la religión natural, la que brota casi por generación espontánea de la misma relación del hombre con el mundo del que forma parte. Es la convicción de que las fuerzas que ni comprende ni es capaz de dominar, están regidas por "espíritus" semejantes al suyo, dotados de pasiones y de voluntad. Que los vientos son emanaciones de esos espíritus, del mismo modo que emana de su cuerpo su propio espíritu. Que desde el fondo de la tierra hasta lo más alto del firmamento, todo tiene alma (la astrología es una reminiscencia de esa concepción animista del universo). Y que de la misma manera que su propio espíritu y el de sus semejantes, si está alterado se puede apaciguar mediante sacrificios propiciatorios o expiatorios, también los espíritus de la naturaleza se los puede hacer propicios si los cultiva (si les rinde culto) y si ajusta su conducta a lo que es capaz de interpretar que son sus leyes. Y así fue mientras fueron las fuerzas de la naturaleza las que sintió el hombre sobre sí. Pero cuando, dominada la naturaleza, lo que realmente pesó sobre el hombre fue el propio hombre, sus dioses tenían que ser antropomórficos, porque en ellos tenía que condensarse el espíritu de las nuevas fuerzas que dominaban al hombre."


Y este de Ortega, en el que apunta a la noción de "yo" como una personalización de la noción de "espíritu".

"“Mis” impulsos, inclinaciones, amores, odios, deseos, son míos, repito, pero no son “yo”. El “yo” asiste a ellos como espectador, interviene en ellos como jefe de policía, sentencia sobre ellos como juez, los disciplina como capitán. Es curioso investigar el repertorio de eficientes acciones que posee el espíritu sobre el alma, y, por otra parte, notar sus límites. El espíritu o “yo” no puede, por ejemplo, crear un sentimiento, ni directamente aniquilarlo. En cambio, puede, una vez que ha surgido un deseo o una emoción en cierto punto del alma, cerrar el resto de ella e impedir que se derrame hasta ocupar todo su volumen. A veces nos dan una noticia sumamente penosa; por ejemplo: nos comunican la muerte de una persona amada. Coincide la ocasión con un momento en que los deberes sociales exigen de nosotros todos los arrestos. Entonces nosotros dejamos la impresión producida en aquel lugar de la periferia anímica, como acordonada y en lazareto; no la permitimos pasar de allí, seguros, no obstante, de que, transcurrido algún tiempo, podremos abrir a la emoción nuestra alma, como quien levanta la esclusa de una presa, y sentirnos inundados de angustia y de amargor. Cabe, pues, bajo el imperio de la voluntad contraer el alma, cerrando sus poros y haciéndola hermética o, por el contrario, esponjarla, dilatar sus poros, aprestándola a absorber grandes cantidades de amor o de odio, de apetitos o de entusiasmo."


También hay que recordar que el término "nous" se traduce bien como "conocimiento", bien como "espíritu", liándose todavía más el cotarro. Del "nous" deriva el término noúmeno: la cosa en sí kantiana.


A ver si esta imagen aclara algo los términos o lo termina de liar:


El Espíritu, que posee conocimiento (conciencia, no consciencia), tiene también la capacidad para dotar de alma (alegría) a los seres (las cosas vivas); esa es la función del Espíritu-en-acción. El alma (alegría) en combinación con el cuerpo produce el ánimo (animus, timo), lo que garantiza el mantenimiento adecuado de la maquinaria viviente hasta que expira (el soplo del alma se va). Se apaga el ánimo (la caldera) y se libera el alma (el humo) hacia el vasto campo del Espíritu (se mezcla con la atmósfera). Y comienza de nuevo el ciclo vital. El Espíritu, por tanto, es inmortal; lo que se disipan son las almas individuales tras el apagado definitivo del ánimo.


Y el Espíritu es omnipotente (es el principio generador -inmanente- sin confundirse con lo generado -trascendente-), omnisciente (nous como "conocimiento último" o conciencia) y omniabarcante. Es también Testigo (conSciencia) universal y particular (yo) de todo lo que ocurre, que no es otra cosa que el producto de su acción natural.


Por eso cuando los creyentes preguntan ¿por qué Dios, siendo omnipotente permite el mal en el mundo?, las respuesta normal es decir que la pregunta está mal formulada porque privilegia una parte de la creación respecto a otras, algo que un testigo desimplicado no puede atender. El flujo genera todo, pero no tiene voluntad ni entendimiento al modo humano como para influir en las contradicciones o desarreglos 'locales'. Un tsunami no se preocupa de si su acción es justa o injusta con los humanos, pero éstos tienden a pensar que el mundo es un instrumento a su servicio, tal es su ignorancia. El todo es armónico, fluyente, pero eso no implica necesariamente que sus partes (autocontradictorias todas) también lo sean, aunque éstas 'anhelen' alcanzar de nuevo el todo del que surgieron como 'abstracciones' y sus movimientos evolutivos (reflujo) tiendan a regresar a ese estado armónico inicial. Como una goma que al estirarla tiende a volver a su estado de reposo (activo). El samsara de la circunferencia surge del nirvana o centro adimensional para luego regresar a él.
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Willy
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el Jue Dic 19 2013, 10:54
'Yo soy eso', Nisargadatta Maharaj escribió:
Interlocutor: Los occidentales que ocasionalmente vienen a verle se enfrentan con una dificultad peculiar. La noción misma de un ser humano liberado, de un ser humano realizado, de un conocedor de sí-mismo, de un conocedor de Dios, de un ser humano más allá del mundo, es desconocida para ellos. Todo lo que tienen en su cultura cristiana es la idea de un santo: un ser humano piadoso, respetuoso de la ley, temeroso de Dios, amante de su prójimo, dado a la oración, inclinado a veces a los éxtasis y confirmado por unos pocos milagros. La idea misma de un jnani es ajena a la cultura occidental, algo exótica y más bien increíble. Incluso cuando se acepta su existencia, se le considera con sospecha, como un caso de euforia autoinducida causada por posturas físicas y actitudes mentales extrañas. La idea misma de una nueva dimensión en la consciencia a ellos les parece implausible e improbable.
Lo que les ayudaría es la oportunidad de escuchar a un jnani contar su propia experiencia de realización, sus causas y sus comienzos, sus progresos y sus logros y su práctica efectiva en la vida diaria.
Mucho de lo que dice el jnani puede permanecer extraño, incluso carente de sentido; no obstante, quedará una sensación de realidad, una atmósfera de experiencia efectiva, inefable; y sin embargo, real, un centro desde el que puede vivirse una vida ejemplar.

Maharaj: La experiencia puede ser incomunicable. ¿Puede uno comunicar una experiencia?

Int: Sí, si uno es un artista. La esencia del arte es la comunicación del sentimiento, de la experiencia.

Mah: Para recibir comunicación, usted debe ser receptivo.

Int: Por supuesto. Debe haber un receptor. Pero si el transmisor no transmite, ¿de qué utilidad es el receptor?

Mah: El jnani pertenece a todos. Se da incansable y completamente a todo el que viene a él. Si no es un dador, no es un jnani. Todo lo que tiene, lo comparte.

Int: ¿Pero puede compartir lo que él es?

Mah: ¿Quiere decir usted que si puede hacer a otros, jnanis? Sí y no. No, puesto que los jnanis
no se hacen, se realizan a sí-mismos como tales, cuando retornan a su fuente, a su naturaleza real. Yo no puedo hacer de usted lo que usted ya es. Todo lo que puedo decirle a usted es la vía que yo recorrí e invitarle a usted a que la tome.

Int: Esto no responde a mi pregunta. Tengo en mi mente al occidental crítico y escéptico que niega la posibilidad misma de estados de consciencia más elevados. Recientemente las drogas han abierto una brecha en su incredulidad, sin afectar a sus expectativas materialistas. Drogas o no drogas, el cuerpo sigue siendo el hecho primario y la mente es secundaria. Más allá de la mente, no ven nada. Desde el Buddha en adelante el estado de realización de sí-mismo se ha descrito en términos negativos, como «ni esto, ni eso». ¿Es inevitable? ¿No es posible ilustrarlo, si no describirlo? Lo admito, ninguna descripción verbal funcionará, cuando el estado descrito está más allá de las palabras. Sin embargo, está también en las palabras, la poesía es el arte de poner en palabras lo inexpresable.

Mah: No hay escasez de poetas religiosos. Vuélvase a ellos para lo que usted quiere. En lo que a mí concierne, mi enseñanza es simple: confíe en mí por un tiempo y haga usted lo que le digo. Si usted persevera, encontrará que su confianza estaba justificada.

Int: ¿Y qué hacer con la gente que están interesadas, pero que no pueden confiar?

Mah: Si pudieran estar conmigo, llegarían a confiar en mí. Una vez que confían en mí, seguirán
mi consejo y descubrirán por sí-mismos.

(...)

Mah: Usted parece querer una visión instantánea, olvidando que el instante es precedido siempre por
una larga preparación. El fruto cae repentinamente pero la maduración lleva tiempo.
Después de todo, cuando hablo de confiar en mí, es sólo por un tiempo breve, justo el tiempo suficiente
para que usted comience a moverse. Cuanto más serio sea usted, tanta menos creencia necesita,
pues pronto encontrará justificada su fe en mí. ¡Usted quiere de mí que yo le pruebe que soy
digno de confianza! ¿Cómo puedo hacerlo y por qué debería hacerlo? Después de todo, lo que le
estoy ofreciendo a usted es el acceso operacional, tan corriente en la ciencia occidental. Cuando un
científico describe un experimento y sus resultados, usualmente usted acepta sus afirmaciones en
base a la confianza y repite su experimento como él lo describe. Una vez que usted logra los mismos
resultados o resultados similares, usted ya no necesita confiar más en él; usted confía en su propia
experiencia. Animado por ello, usted continúa y llega finalmente a resultados sustancialmente idénticos.

José Luis
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el Jue Dic 19 2013, 11:40
Una vez que usted logra los mismos resultados o resultados similares, usted ya no necesita confiar más en él; usted confía en su propia experiencia. Animado por ello, usted continúa y llega finalmente a resultados sustancialmente idénticos.
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Willy
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el Jue Dic 19 2013, 13:12
Eso es así.
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el Jue Dic 19 2013, 13:51
Tú lo sabes bien Smile
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Willy
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el Jue Dic 19 2013, 15:44
Todavía vuelvo al gurú de vez en cuando. Hasta los webos debe estar de mí el gurú :D :D
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Willy
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el Jue Dic 19 2013, 23:01
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Hola. Perdón por el retraso en contestar, Willy.

No, no hay teorías que expliquen todo.  Y la imagen materialista nacida del positivismo está muerta y enterrada. Las teorías han pasado de ser "esto está demostrado, es la verdad" a "esto es lo mejor que tenemos que sea congruente con los hechos observados". Ni siquiera en la más pura y "verdadera" de las ciencias, las matemáticas, se ha conseguido algo así. Gödel destozó los intentos de lógicos como Russell en encontrar los principios incontrovertibles de las matemáticas. Lo más que se puede decir de un sistema es que es congruente, no que es verdadero. La última puntilla la da la mecánica cuántica, en donde buena parte de nuestra lógica macroscópica fracasa estrepitosamente. Estamos más lejos que nunca de la certeza, pero en cambio nunca como ahora hemos sido capaces de analizar el mundo con esta intensidad ni de dominarlo de esta manera. Una paradoja.

En cuanto a tu pregunta de qué somos o qué es nuestra mente, te puedo dar la respuesta estándar. Existen ventajas evolutivas de poder tener representaciones para nosotros, igual que nos son válidos los mapas para ir por donde queremos. Nuestros mapas del mundo son nuestras ideas. Si asociamos la idea tigre con la idea peligro anticipamos nuestra destrucción y nos permite sobrevivir adaptándonos al medio. Pero esos "mapas" se han ido complicando. Tenemos mapas de mapas, en forma de ideas abstractas de complejidad creciente. Y el mapa autoreferencial que tenemos de nosotros mismos es lo que denominamos yo. Es una ilusión: yo no soy el mismo yo en situaciones o tiempos distintos, igual que cada tigre es diferente, pero la idea funciona. Proporciona también una formidable ventaja evolutiva.

Poca cosa, lo sé. Pero es lo que hay.

¿A ti no te descuadra eso de que se haya conseguido dividir la materia en trozos tan pequeños que no se pueden dividir más porque desaparecen?
Bien, puede ser una cuestión de tiempo que se consiga, peroooooo....¿hasta cuando?
Es obvio que todos esos avances aportan un progreso tecnológico al mundo, pero el entendimiento de la realidad no está sólo ahí. Los avances tecnológicos serán infinitos, nunca habrá un paso que no pueda preceder a otro, y a otro. Y todo eso avanza mediante el método científico, que está muy bien, a los resultados me remito, pero, como decía, el entendimiento de la realidad no está sólo ahí, existen otros avances no tecnológicos que nos permite hacer la evolución y que también hay que explorar, aunque no sean refutables Wink Wink
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el Dom Dic 29 2013, 13:28
'Yo soy eso', Nisargadatta Maharaj escribió:

Int: ¿Es tan importante la realización de sí-mismo?

Mah: Sin ella, usted será consumido por los deseos y los miedos, que se repiten a sí-mismos insensatamente en un sufrimiento sin fin. La mayoría de la gente no sabe que puede haber un final del sufrimiento. Pero una vez que han oído la buena noticia, obviamente, ir más allá de toda pugna y de toda lucha es la tarea más urgente que pueda haber. Usted sabe que usted puede ser libre y ahora ello es incumbencia suya. O bien usted se queda ahí, por siempre hambriento, sediento, anhelante, posesivo, retenido, siempre perdiendo y siempre lamentando, o bien sale de todo corazón en busca del estado de perfección atemporal al que nada puede ser agregado — del que nada puede ser sustraído. En él todos los deseos y temores están ausentes, no debido a que se abandonen, sino debido a que han perdido su significado.
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Willy
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el Mar Ene 14 2014, 14:50
Este igual le gusta a matorral:

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el Mar Ene 14 2014, 19:40
¿De verdad le vas a hacer ese feo a Willy, que lo ha compartido con todo su cariño?
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Willy
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el Mar Ene 14 2014, 19:42
Empieza en la página 24. Yo me he saltado la introducción.

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Willy
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el Mar Ene 14 2014, 20:02
New age? Es un escrito del siglo XIV...
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el Miér Ene 15 2014, 11:53
Llevamos en la nueva era 2.500 años, man.
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el Miér Ene 15 2014, 12:42
Y yo por qué me enteraré siempre el último de estas cosas? Crazy Crazy

Matorral, yo me he saltado la introducción precisamente para tener una opinión de primera mano del libro. Me gusta observar por mí mismo los paralelismos entre las visiones de las diferentes filosofías y religiones.
Es curioso el paralelismo entre oración y meditación.
También es curioso el paralelismo entre oraciones (padrenuestros y demás), y mantras.
Y, por último, también es curioso que ambas hayan sufrido tal transformación que, tal y como lo observo en nuestros días, han perdido todo el sentido.
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el Miér Ene 15 2014, 12:51
Las religiones interpretativas (exotéricas) han ido extrayendo/secando el fruto de la experiencia espiritual que fomentan las religiones transformativas (esotéricas).

La Philosofia Perenne interpenetra todos los trajes culturales. Solo cambian los nombres y las formas. El fondo los vincula íntimamente.
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Willy
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el Miér Ene 15 2014, 13:08
Entre eso y la alteración del significado debido a las traducciones sucesivas (lógica, por otra parte, teniendo en cuenta la gran ambigüedad de muchas lenguas como el hebreo antiguo), la religión se ha convertido en un sindiós  Laughing Laughing 
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Willy
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el Miér Ene 15 2014, 13:17
Por ejemplo, según la Wiki, la palabra Yahvé (יהוה) "se trataría de una combinación de las formas de pasado (היה), presente (הוה) y futuro (יהיה) de la raíz del verbo ser."

Luego ya, cada uno, que interprete lo que quiera...
José Luis
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el Miér Ene 15 2014, 13:38
Yahvé tú
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el Lun Feb 03 2014, 15:37
Buenas tardes (el que las tenga). Me ha llamado la atención este tema: he tratado de leer todas las aportaciones aunque los vídeos, por su duración, no los he mirado.

Como sé que tengo tendencia a enrollarme escribiendo, intentaré que mi primer aporte sea escueto sin escatimar en el mensaje.

En primer lugar, me gustaría sugerir que la "filosofía oriental" no es propiamente Filosofía. La Filosofía, como tal, nace en Grecia. La Filosofía no gira sólo en torno a la cuestión del ser: ésa es una rama de la Filosofía que le corresponde a la ontología y la onto-teología, dentro de la Metafísica. Por ello podemos decir que el pensamiento oriental es un pensamiento metafísico, pero no filosófico. La Lógica, la Epistemología, el Lenguaje, etc. no son objetos de estudio para la "filosofía oriental": no, desde luego, tal y como se entiende la Filosofía (amor por el saber).

De ahí sugiero que los "grandes filósofos occidentales", al menos una parte, ha estudiado la "filosofía oriental" y ha incorporado nociones a "su" metafísica, ontología u onto-teología. Desde Aristóteles a Heidegger, por decir. Si bien es cierto que la cuestión del ser se sobreentiende como uno de los pilares en la Filosofía, mi opinión es contraria. La pregunta por el ser es un "lastre" de nuestra conciencia, no existe un lenguaje o una lógica que sostenga el "sentido" o "el ser" del ser. De ahí que para una cuestión relativamente liviana, a saber, el estudio de la conciencia (podría decir que se sale de la Filosofía y se entra en las neurociencias), acarree horas y horas de charla, miles y miles de páginas en gruesos tratados sobre el ser.

También sugiero, al hilo de lo que he leído aquí, reivindicar lo que parece una invitación al sarcasmo: "Muerte al Principio Antrópico". Por supuesto. Muerte a ello. La versión débil y la fuerte. Este Principio o pseudoprincipio es una máscara nueva para una vieja cara. Existe una realidad y nosotros accedemos a ella; pero, ni eso significa que esa realidad esté hecha a nuestra medida y nosotros a la medida de la realidad, ni tampoco significa lo opuesto, es decir, la distancia "insalvable" entre la cosa y el fenómeno.

La filosofía oriental, para un occidental, es un esnobismo metafísico. Es más "chic" estudiar y practicar el zen que aplicar la negación de Schopenhauer, aunque sean similares en ciertos aspectos. Porque Schopenhauer era un "filósofo de segunda fila" (la sombra de Hegel) y lo oriental, pues, oye, es exótico. Y como un universo holográfico es más exótico que el modelo convencional (tema aparte), pues me quedo con el primero. Lo exótico llama la atención aunque sea una birria.

Ergo, recapitulo. Si queremos preguntar por el ser estrictamente desde la Filosofía, tenemos que atenernos a la metafísica occidental. Yo, y lo lamento en cierto modo pero me tengo que pronunciar según lo que pienso, opino que toda metafísica, ora occidental, ora oriental, es un cúmulo de charlatanería (y amo la Filosofía). No puedo concebir que el diálogo interno del ser humano sea una rama del saber. Es una experiencia individual. Extrapolada, es misticismo. Y eso es lo que "es" el Principio Antrópico: puro misticismo.

Cuando se trata de metafísica, ningún filósofo es coherente. Hasta el ilustre Mario Bunge, filósofo al que admiro seriamente, al entrar en cuestiones metafísicas metió la pata. Puedo entender la cuestión del ser como algo similar a lo que algunos llaman "espiritual", es decir, una búsqueda o una conexión con ese diálogo interno, con el "yo", con la "nada".

A mí me gustó bastante, dicho de paso, "El ser y la nada", de Sartre, habiendo leído previamente "El ser y el tiempo", de Heidegger. Un rato ameno. Un lapso que "invita" a la introspección. Pero nada más.
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Willy
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el Lun Feb 03 2014, 18:22
Antes de nada, bienvenido sjah8!!

Verás, este hilo, a pesar de su ubicación, no trata sólo de filosofía sino también de espiritualidad, y su objetivo no es tanto filosofar sobre el Ser como presentar contenidos para aquellos que se planteen una búsqueda del mismo.

En cuanto a lo de "Muerte al principio antrópico", no me refería a ese principio en concreto sino a cualquier principio. Se podría decir que este hilo tiene un requisito no escrito: deje todo lo que sabe ahí fuera, una taza que ya está llena no se puede llenar.

Finalmente dices: "No puedo concebir que el diálogo interno del ser humano sea una rama del saber".
Pues, de hecho, yo no puedo concebir lo contrario. Y este hilo intenta, precisamente, promover eso Smile
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