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Juan Gnav
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SOBRE LA CERTEZA DE WITTGENSTEIN Empty SOBRE LA CERTEZA DE WITTGENSTEIN

el Dom Mayo 12 2013, 03:29
"Sobre la certeza" de Wittgenstein: fundacionalismo, conocimiento y certeza:
Según Descartes, en la geometría:
“Estas largas cadenas de razones completamente simples y fáciles que los geómetras suelen emplear para llegar a sus demostraciones más difíciles, habían dado ocasión de imaginar que todas las cosas que pueden caer bajo el conocimiento de los hombres se siguen unas de otras de igual manera y que, tan sólo con abstenerse de recibir como verdadera lo que no lo sea y que se conserve siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna tan alejada a la que por fin no lleguemos, ni tan oculta que no la descubramos.”
Señala expresamente en las Regulae: “toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente” y sólo ha de admitirse lo que es “perfectamente conocido”. En consecuencia, una vez ubicado un elemento en la “cadena de razones” es, salvo error lógico, inamovible; se trata, por lo tanto, de una estructura que sólo crece y se expande, pero no vuelve sobre sus pasos, porque es innecesario. Tan convencido estaba Descartes de ello, y con él muchos hasta prácticamente nuestros días, al menos como un ideal por alcanzar, que en una carta a la princesa Elizabeth donde explica la relación que existe entre las diferentes facultades mentales y los objetos específicos a los que se abocan, señala que una de las normas que sigue y que le ha resultado muy provechosa para la búsqueda de conocimientos, es emplear “muy pocas horas por año a los objetos de los que se ocupa el entendimiento puro” –se refiere a los aspectos metafísicos que constituyen la raíz del árbol de la ciencia, y probablemente a principios de las matemáticas y la geometría–, y dedicar el resto del tiempo a investigar acerca de lo que todavía no se ha logrado consolidar o descubrir. Y esto no, claro está, porque Descartes creyó que los aspectos metafísicos –el cogito, la existencia de Dios, o la distinción entre el alma y el cuerpo, para mencionar algunos– eran cuestiones de poca monta, sino porque una vez establecidas, ya no quedaba mucho que hacer, a no ser recordarlas, seguramente en esas “pocas horas”, y así confirmar la absoluta certeza a su respecto. Insistir en ello, como en todo lo que estaba firmemente establecido y consolidado, sería como tratar de probar lo ya probado satisfactoriamente. El tiempo empleado en ello simplemente no se justificaba ante la seguridad de que ya se posee toda la verdad a su respecto. En lo que habría que esforzarse era en adquirir nuevas verdades y hacer que el número de certezas se incremente hasta donde fuese posible, o hasta que se agoten.
En este orden de cosas, puede decirse que A conoce p cuando:
1 p es verdad
2. es imposible que A esté equivocado respecto a la verdad de p, y
3. A posee el tipo de razones adecuadas para justificar p
Hemos de plantearnos entonces si cabe hablar, como lo hace el fundacionalismo clásico, de certezas incorregibles. O, alternativamente, ¿puede suscribirse una tesis como la que formula Descartes en la segunda de las Reglas para la dirección del espíritu?: “Toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente… Y así,… rechazamos todos los conocimientos sólo probables y establecemos que no se debe creer sino en los perfectamente conocidos y respecto de los cuales no se puede dudar.”
Admitirlo involucra que el fundamento y lo que de él se derive ha de estar constituido por conocimientos absolutos. Pienso que esto es inadmisible
Asumir un fundacionalismo como el clásico –una estructura de conocimiento, repitámoslo, constituida por elementos absolutamente verdaderos– involucraría simplemente contradecir la noción misma de conocimiento humano así como negar la legitimidad de los procedimientos mediante los que podemos procurarlo. Esto ya lo enseñaba Platón.
Cuando Sócrates le pide a Menón que defina lo que es la virtud, éste protesta diciendo:
¿Y de qué manera, Sócrates, buscarás aquello de que en modo alguno sabes ‘qué es’? Dentro de lo que no sabes, ¿qué de concreto puedes proponerte a buscar? O aun si en el mejor de los casos lo hallares, ¿cómo sabrías que es precisamente lo que no sabías?”
A lo que su interlocutor comenta:
“Comprendo lo que quieres decir, Menón. ¿Caes en cuenta de que traes este razonamiento capcioso: ‘que no hay cómo un hombre busque ni lo que sabe ni lo que no sabe’? Porque no buscaría lo que ya sabe, pues lo sabe, y a nadie hace falta tal búsqueda; ni lo que no sabe, porque no sabe lo que busca.”


Última edición por Juan Gnav el Lun Mayo 13 2013, 08:47, editado 2 veces
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Juan Gnav
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el Dom Mayo 12 2013, 03:32

Es así que el dogmático insistirá en y buscará proporcionar razones para hacer bueno a . El escéptico, por su parte, negará y con ello, claro está, la posibilidad de , haciendo ver que su justificación requerirá a su vez de otra y así sucesivamente en un proceso de nunca acabar. Sexto Empírico cuando dice que a todo argumento se puede oponer otro de igual credibilidad. Pero si Sexto pensó en el siglo III que a final de cuentas todos los argumentos son igualmente malos, en nuestros días, Benson Mates sostiene algo todavía más drástico: que todos los argumentos son igualmente buenos.Y llego a Sócrates y Menon si Sócrates no se muestra conforme con lo señalado por Menón es porque piensa que la inmortalidad del alma conjuntamente con la teoría de la anamnesis apuntan a un pre-saber que impide una situación como la planteada por Menón:Por ser, pues, el alma inmortal, y muchas veces renacida, y haber visto todas las cosas: las de acá y las del Hades, no hay cosa que no haya aprendido; de modo que nada es de sorprendente el que sea capaz de recordarse ella sobre la virtud y lo demás, ya que anteriormente lo supo. Por ser la naturaleza íntegra homogénea, y haber el alma aprendido todo, nada impide el que, rememorándose de una sola cosa –que es lo que los hombres llaman ‘aprendizaje’– reencuentre él, por sí mismo, todo lo demás, si uno es valiente y no se cansa de buscar. Porque buscar y aprender son, en total, reminiscencia. Así que no se ha de creer a ese capcioso razonamiento que, por cierto nos haría perezosos; y para los indolentes, delicioso de oír; mas esto otro nos hace activos e investigadores más que objetar el razonamiento de Menón, Sócrates busca hacerle ver lo inadmisible de las premisas sobre las que se apoya –la absoluta ignorancia, o el conocimiento pleno–. A esto opone la idea de que tenemos el recurso a una versión pálida y borrosa de la verdad gracias al recuerdo del conocimiento absoluto que tuvimos en otra vida y lugar. Eliminemos lo mítico, y lo que señala Sócrates es muy cierto: siempre partimos de algo que ya sabemos, y siempre nos encontramos en la búsqueda de lo que todavía no sabemos. Y si Sócrates tiene razón, como creo que la tiene, el fundacionalismo clásico y su apetencia por saberes absolutos son imposibles,el mismo Platón quien advierte que la situación del conocimiento absoluto o la de la total ignorancia no pueden considerarse situaciones humanas:
Ningún Dios filosofa ni desea hacerse sabio, puesto que la sabiduría es ajena a la naturaleza divina… Igual sucede con los ignorantes, ninguno de ellos filosofa, ni desea hacerse sabio, porque la ignorancia… persuade a los que no son bellos, ni buenos, ni sabios de que poseen esas cualidades; porque ninguno desea las cosas de las que se cree provisto.
Los dioses no quieren ni buscan ser sabios, porque ya lo saben todo –y en tal sentido el fundacionalismo moderno pretende elevarnos a la condición divina-.estos extremos que niegan el conocimiento humano pretendieron hacerse –como teoría– realidad en las postrimerías de la modernidad: es cuando Hegel, y a su manera también Marx, formulan un estadio, llámeselo “espíritu absoluto” o “sociedad comunista”, que anuncia el fin del transitar dialéctico por la historia del hombre para convertirse, junto a los dioses, en un inquilino de la eternidad. Por inaudito que parezca, esto lo sostuvo hace pocos años con gran aceptación Francis Fukuyama en un libro cuyo título plasma a lo que me refiero: "El final de la historia y el último hombre".
De momento me para aquí heblando del fundacionalismo, leyendo textos de nuestros precedentes pensadores y rompiendo cien lanzas por la Filosofía, científicos de Adulto superdotado han negado la valía y la aplicación de la Filosofía, en un post más será aplicada a la situación que en la actualidad vivimos.
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Juan Gnav
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SOBRE LA CERTEZA DE WITTGENSTEIN Empty Re: SOBRE LA CERTEZA DE WITTGENSTEIN

el Dom Mayo 12 2013, 17:59
SOBRE LA CERTEZA
La crítica de Wittgenstein a Moore abarca otro aspecto que es decisivo para los fines de estos post. Se trata del señalamiento de que confunde certeza con conocimiento, toda vez que aquello de lo que no puede dudarse –de lo que tenemos certeza plena– no puede llamarse “conocimiento”. Por esto no le parece admisible que Moore afirme respecto a lo que llama verdades del sentido común –“en el momento presente hay un cuerpo que es el mío”; “soy un ser humano y he tenido en diversas ocasiones después del nacimiento de mi cuerpo diversas experiencias de muchos tipos…”; “muchísimos seres humanos que ahora viven, o han vivido en la tierra conocen con certeza proposiciones como las anteriores”; etc.– que las conoce como verdaderas pero que no podría justificarlas como tales, o no sabría decir en qué consiste su evidencia. Sucede más bien que Moore no puede probarlas, no porque no sabe cómo hacerlo, sino porque nada hay que probar en relación a las certezas, ellas simplemente se admiten:
“¿Qué significa esto: la verdad de una oración es cierta? Con la palabra ‘cierto’ expresamos completa convicción, la total ausencia de duda…”. “Evidencia segura es la que aceptamos absolutamente como segura, es la evidencia según la cual actuamos con seguridad, sin dudas.”
Esta es la razón por la que Wittgenstein comparta con Malcolm la opinión de que Moore usa mal la expresión “yo sé”. Es este mal uso lo que hace que parezca extravagante afirmar “yo sé que soy un ser humano” o detenerse a una corta distancia de un árbol y decir “yo sé que esto que ahora veo es un árbol”, como si uno mismo, o cualquier otro, tuviera alguna duda al respecto o requiera que se pruebe o justifique lo afirmado: que efectivamente soy un ser humano o que lo que está enfrente es un árbol. Afirmar con sentido “yo sé” involucra que: Ha de probarse primero que él sabe.”
“Debe mostrarse que no era posible equivocación alguna. No es suficiente la seguridad proporcionada por ‘yo lo sé’. Pues es sólo una convicción de que no cometo (aquí) un error, y el que no estoy cometiendo un error al respecto ha de establecerse objetivamente.”
‘Yo sé’ a menudo significa: tengo los fundamentos correctos para mi aseveración. Así, si la otra persona conoce el juego de lenguaje admitirá que yo sé. El otro, si conoce el juego de lenguaje, debe ser capaz de imaginar cómo se puede saber algo por el estilo.”
“La aseveración ‘Yo sé que aquí hay una mano’ puede, entonces, continuar así: ‘pues es mí mano a la que estoy mirando’. Un hombre razonable no dudará de que yo lo sé. –Ni lo hará el idealista; más bien, éste dirá que no se estaba manejando con la duda práctica que se descartó, pero que hay otra duda detrás de ésta. –Que esto es una ilusión que ha de mostrarse de otra manera.”
Y si alguien, por ejemplo, insistiera en la duda acerca del árbol o de la existencia de las manos, “La pregunta del idealista sería algo así como ‘¿Qué derecho tengo a no dudar de la existencia de mis manos?’ (Y para esto la respuesta no puede ser: sé que existen). Pero el que hace esta pregunta está descuidando el hecho de que una duda acerca de la existencia sólo opera en un juego de lenguaje [en el ámbito estricto del conocimiento].”
Lo que reclama el juego del conocimiento y, por ende, el uso correcto de “yo sé”, que es diferente al uso de “yo creo que” o “tengo certeza”, es lo que Moore no hace, o pretende no saber cómo hacerlo: responder a “¿cómo lo sabes?” mediante una justificación pertinente y suficiente. Pero si no se puede dar tal respuesta, no puede usarse “yo sé”:
Si alguien cree algo, no es necesario que siempre seamos capaces de responder a la pregunta ‘¿por qué lo cree?’; pero si conoce algo, entonces la pregunta ‘¿cómo lo sabe?’ ha de ser posible de ser respondida.”
En consecuencia, a la pregunta “¿cómo sabes que p?” debe responderse, y la respuesta, a diferencia con lo que sucede con la mera creencia, no puede limitarse a enunciar algunos motivos particulares, personales o subjetivos. Se requiere aducir aspectos y elementos que han de corroborarse pública y objetivamente:
“No sería suficiente asegurarle a alguien que sé lo que sucede en tal o cual lugar sin proporcionarle (al OTRO) bases que lo convenzan de que me encuentro en situación de saber.”
Así, cuando Moore afirma que sabe pero no sabe cómo lo sabe o por qué lo sabe, deja en la penumbra si a loque se refiere es a una creencia o efectivamente a un saber. Confunde en definitivas cuentas la gramática del conocer con la del dolor:
“El falso uso que hace Moore de la oración ‘yo s酒 radica en que la considera como una expresión tan poco sujeta a la duda como ‘Tengo dolores’. Y puesto que de ‘Yo sé que esto es así’ [tal como lo usa Moore] se sigue ‘Es así’, entonces tampoco esto puede ser puesto en duda.”y al hacerlo, queda adherido al modelo cartesiano de ciencia y conocimiento. Pero ¿por qué no aludir o atenerse a los estados interiores para establecer si se cree, o se conoce, o se duda? Principalmente debido a la carencia de elementos o criterios para determinar el estado mental en que nos encontramos. Supóngase que se procede a una cuidadosa introspección para distinguir si el estado en que uno se encuentra es el de una creencia o el de conocimiento. Sea cual fuese la conclusión a la que se llegue, un mínimo de rigor exigiría preguntarse si es posible confundir dichos estados. Si la respuesta es positiva, entonces se abre la duda respecto al estado mental en cuestión, lo que llevaría a recurrir a otro estado mental que permita solventarla, en cuyo caso se estará de nuevo en el preciso lugar donde se comenzó. Si la respuesta es negativa y se concluye que puede establecerse la distinción, entonces la justificación de “yo sé” no sería muy diferente a “me duele” por ejemplo, es decir, no tendría otra justificación que la afirmación que se hace al respecto. Pero, entonces, ¿en qué se diferenciaría la creencia del saber? Hay que admitir, por lo tanto, que conocimiento no es algo que tenga que ver con las vivencias que se tienen. Se establece mediante una serie de actividades o conductas públicas.
[Gracias Yves, por el estimulo que me has brindado, te lo he dicho: 35 años son muchos, y hay en el cajón de sastre(modismo castellano) mucha tela que cortar, y en el otro cajón desastre muchos ardides que buscar].Hay que admitir, por lo tanto, que conocimiento no es algo que tenga que ver con las vivencias que se tienen. Se establece mediante una serie de actividades o conductas públicas cuando surgen preguntas –dudas– y continúa hasta su resolución satisfactoria –un saber–, que los involucrados admiten, al menos temporalmente. En fin que duda y conocimiento se requieren mutuamente; no hay una sin el otro, y viceversa:
La conducta de la duda y de la no duda. Existe la primera sólo si existe la segunda.”
“La duda en sí misma descansa en lo que está más allá de la duda.
Pero puesto que un juego de lenguaje consiste en los procedimientos periódicos del juego en el tiempo, parece decir en cualquier caso individual que tal o cual cosa debe estar más allá de la duda si ha de ser un juego de lenguaje, aunque es suficientemente correcto decir que, como regla, algún juicio empírico debe estar más allá de la duda.”
ESTO ES UN HILO DEL TEMA PRINCIPAL: ¿CÓMO ENTIENDO QUE ENTIENDO?
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Juan Gnav
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el Lun Mayo 13 2013, 08:34
"Un esquema fundacionalista tradicional puesto que éste requiere de certezas respecto a las cuales no cabe duda alguna". Esto lo han señalado muchos a lo largo del siglo XX –Peirce, Dewey, Hanson, Quine, Heidegger, Popper, Kuhn, Lakatos,y Wittgenstein En Sobre la certeza Wittgenstein distingue entre conocimiento verdadero y certeza. He aquí algunos pasajes que lo atestiguan: “Sabemos, con la misma certeza con que creemos cualquier proposición matemática, cómo se pronuncian las letras ‘A’ y ‘B’, cómo se llama el color de la sangre humana, que los otros seres humanos tienen sangre y la llaman ‘sangre’.”
“Es decir, las preguntas que planteamos y nuestras dudas dependen del hecho de que algunas oraciones están exentas de duda, son como los goznes sobre los cuales aquéllas giran.”
Y de manera todavía más explícita:
‘"Conocimiento’ y ‘certeza’ pertenecen a diferentes categorías. No son dos ‘estados mentales’,… Lo que nos interesa ahora no es el estar seguros [ sino el conocimiento. Es decir, estamos interesados en el hecho de que respecto a ciertas oraciones empíricas no puede existir duda alguna, si es que de alguna manera pueden formularse juicios [es decir, proposiciones capaces de ser verdaderas o falsas]. O, también: se inclina a creer que no todo lo que tiene la forma de una proposición empírica lo sea".”Subyace a lo que se califica como “perspectiva sinóptica” que permite “ver conexiones” y determina los “modos en que vemos las cosas” que prefiguran una “visión de mundo”. O las numerosas alusiones que hace a “lo dado” en tanto que “lo que hay que aceptar”, en lo que se coincide y que concreta “formas de vida” , o una imagen de mundo como se insiste en varias partes de Sobre la certeza. En general acepta como verdadero aquello que se encuentra en los libros de texto, de geografía, por ejemplo. ¿Por qué? Dice: "todos estos hechos han sido confirmados cientos de veces. Pero, ¿cómo lo sé? ¿cuál es mi evidencia de ello? Poseo una imagen de mundo . ¿Es verdadera o falsa? Es sobre todo el sustrato de todo mi preguntar y aseverar". Las oraciones que lo describen no están todas por igual sujetas a prueba.” Pero no tiene su imagen de mundo porque se haya cerciorado de su corrección; ni la asume porque esté convencido de su corrección. No: es el telón de fondo heredado contra el cual distingue entre lo verdadero y lo falso. Wittgenstein no deja de reconocer los cambios y, por ende, la temporalidad del sistema de certezas. La razón principal que le lleva a sostenerlo es que si el fundamento fuese pensado incambiable históricamente, lo ganado con el nuevo planteamiento no iría más allá de la distinción entre la certeza y el conocimiento sin afectar las deficiencias ya señaladas del fundacionalismo tradicional. ”se refiere al sistema de certezas como a una especie de “instinto” que heredamos, o como a algo “animal” en nosotros:
Quiere considerar aquí al hombre como a un animal; como a un ser primitivo a quien se le concede instinto pero no raciocinio. Como a una criatura en estado primitivo… El lenguaje no emergió de algún raciocinio.” “Pero esto significa que quiere concebirla como algo que está más allá de la justificación o de la no justificación; de alguna manera como algo animal.”
En otros se dice que son el resultado de un “entrenamiento” que nos lleva a hacer o admitir ciertas cosas, puesto que el entrenamiento proporciona “los fundamentos de la explicación”. Lo que a la luz de Sobre la certeza podría interpretarse que se nos “entrena” para admitir y permanecer en un sistema de certezas: “Desde niño aprendió a juzgar. Esto es juzgar.”
“El niño aprende a creer en muchas cosas. Esto es, aprende a actuar de acuerdo con estas creencias. Poco a poco se constituye un sistema de lo que es creído, y en ese sistema algunas cosas inamovibles son firmes, y algunas son más o menos movibles. Lo que se mantiene firme lo es no porque sea intrínsecamente obvio o convincente, sino más bien está sostenido por lo yace a su alrededor.” Se señala, además, que los elementos del sistema de certezas que constituyen el fundamento no están sujetos a la verdad o a la falsedad, es decir, no se expresan en proposiciones, como sí es el caso de los elementos del juego de lenguaje–:
“Pero el no tiene su imagen del mundo porque se cerciorara de su corrección; ni lo asume porque esté convencido de su corrección. No: es el telón de fondo a partir del cual distingue entre lo verdadero y lo falso.” Las oraciones que describen esta imagen de mundo podrían ser parte de una especie de mitología. Y su papel es como el de las reglas de un juego; y el juego puede ser aprendido en la mera práctica, sin tener que aprender explícitamente regla alguna establece la relación entre fundamento y fundado y describe los diferentes grados de movilidad y permanencia –“fluidez” y “firmeza”– de los elementos de ambos planos. Es así como el sistema de certezas –las “proposiciones firmes”– se reconoce como lo que permite el “tránsito” o el “funcionamiento” de las proposiciones del juego de lenguaje o las “proposiciones empíricas no firmes”:
“Podría imaginarse que algunas oraciones de la forma de las proposiciones empíricas se solidifican y funcionan como un ducto para aquellas proposiciones empíricas no firmes, fluidas; y que esta relación cambiara con el tiempo , en el sentido de que las proposiciones fluidas se hacen firmes y que las firmes se vuelven fluidas.” gran logro de Wittgenstein y de Gadamer, si en la lectura de ellos es admisible, consiste en hacernos comprender que el conocimiento verdadero no se caracteriza por la posesión de la certeza absoluta a su respecto. Y, no obstante, hacernos igualmente comprender que sin certezas no puede haber conocimiento –como tampoco valoración y actividad alguna con sentido, que es precisamente lo que el fundacionalismo sostiene–. Esto exige admitir que no podemos escaparnos de nuestra ubicación lingüística e histórica, lo que lleva a la búsqueda de otras formas de fundacionalismo que las conocidas hasta ahora; es decir que son el lenguaje y la historia –sin los cuales no seríamos– lo que nos descubre en todo momento como seres en proceso de ser y, por ende, como seres finitos que empujamos sin cesar y sin fin los límites de nuestra propia finitud. Y que sea así no es un peligro ni para el ser, ni para el conocer, ni para el sentir humanos, como pretenden hacer ver por igual el escéptico y el dogmático. ¡Nada más lejos de ello! Es más bien, y de nuevo se viene a la mente el diálogo del Menón, la condición de posibilidad del ser, del conocer, del valorar y del sentir.

Basado en estudios de Dinu Garber, comprobado en Historia de los filósofos, Descartes, Platón, Wittgenstein, Pierce, Moore
y Fukuyama. Lectura de textos de Historia de los filósofos de Denis Huisman y André Vergez, pido disculpas en el ensamble de textos e ideas, que como es obvio he procurado no cometer, tambien se ha estudiado "Apología de Sócrates" y "Critón o el deber del ciudadano" de Platón, de la que no se ha tomado más referencia que Sócrates como asistente de parto de ideas

Discurso del método y obras de Descartes; "El banquete" y "Menón" en Obras completas de Platón; "Defensa del sentido común y otros ensayos" y "Papeles filosóficos" de Moore; "El final de la Historia y el último hombre" de Fukiyama Lecturas sueltas de colección de filosofía "Grandes Ideas" de Edición Folio y Editorial Labor 1992 y 2007 POST A AÑADIR AL HILO DE "¿CÓMO ENTIENDO QUE ENTIENDO?"
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