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Superdotación adulta: vida laboral y sentimental  Empty Superdotación adulta: vida laboral y sentimental

Vie Mayo 10 2013, 22:36
No se quién escribe este BloG , pero me parece muy interesante ; alguien del foro ??? .

Por cierto , me llamo Roberto y vivo en Madrid ; acepto msj privados . Gracias .


Ah ! , por ahora me gustan las mujeres .




Superdotación adulta: vida laboral y sentimental
Buscando por esos mundos de Dios, me percato de que no hay un solo libro publicado en español sobre la vida de los superdotados adultos. Hay cierta bibliografía sobre los niños con altas capacidades, pero nada, como digo, sobre los que ya han superado la veintena o más. Valgan, quizá, estas líneas para dilucidar algunos extremos que preocupan a este colectivo.
A mi modo de ver, el principal problema con el que se enfrenta el superdotado adulto es el hecho de no haber sido detectado como tal en un sistema educativo atrasado, atroz y absolutamente incompetente como era (y sigue siendo) el español hace veinte o treinta años. Un adulto de cincuenta años puede haber descubierto sólo a los treinta o cuarenta que su capacidad para entender las cosas está muy por encima de la de las personas que lo rodean. Esto plantea multitud de problemas. Un superdotado que, como es corriente en el infame sistema educativo hispano, no haya sacado partido a sus posibilidades, puede con toda seguridad estar desempeñando trabajos que apenas le reporten ningún entretenimiento a su mente y poca o ninguna satisfacción personal a su espíritu. Así, no es raro que haya gente con coeficientes superiores a 130 o a 140 trabajando de ordenanzas, carteros, limpiadores, cajeros en supermercados… mientras reciben órdenes de jefes que ellos, los superdotados, perciben como personas muy inferiores en capacidades intelectuales. Ello produce casi siempre una gran frustración. Ojo. No estoy hablando de ese “ruido de fondo” que la mayor parte de la población sufre: esa sensación de estar perdiendo el tiempo en empleos que no gustan a nadie. El superdotado no sólo está perdiendo el tiempo y sufriendo, sino que además es dolorosamente consciente de que se encuentra a las órdenes de individuos que, en un mundo ideal, deberían trabajar a las órdenes de él. Poco se puede hacer en este aspecto, puesto que la única forma de ascender en los empleos convencionales pasa por una titulación que el superdotado no puede conseguir en nuestro corrupto sistema educativo pensado para mediocres, o por transigir con el peloteo, o recurrir a la manipulación de personas que están por encima de nosotros, algo, la manipulación de otras personas, ante lo que muchos superdotados se muestran totalmente incapaces por no haber desarrollado las preceptivas habilidades sociales desde pequeños. Repito: es este un problema cuyas raíces se encuentran en la infancia y ya tiene difícil solución. Solo podemos recomendar paciencia.
En cuanto a la vida sentimental del superdotado adulto, aquí se plantean tristes apuros, sobre todo si, como se ha dicho, el individuo con alta capacidad no se realiza profesionalmente. Si una persona ha de estar codeándose todo el día con gentes que están a cincuenta o sesenta puntos por debajo de su CI, es muy raro, por no decir imposible, que encuentre una pareja que, digámoslo así, le “entienda”. El cerebro del superdotado va más rápido que el de las personas normales. Comprende, en minutos, cosas que a los demás les llevan horas o días. Por lo tanto, siempre estará en un perpetuo conflicto entre lo que sabe y lo que debe decir que sabe. Mostrarse demasiado “despabilado” es, en la sociedad española, algo que no está bien visto. En este país se puede ser retrasado mental, ladrón, traficante de drogas, corruptor de menores, maltratador, alcohólico, drogadicto, juez mangante o concejal corrupto; también, proxeneta, violador, torturador o asesino; incluso todo ello a un tiempo, pues estas categorías no se excluyen necesariamente entre sí. Si uno muestra, o dice mostrar, propósito de enmienda, será perdonado, ayudado por una cáfila de asistentes sociales, psicólogos y demás funcionarios abonados a lo que podríamos llamar “ayuda al mediocre” (por no decir “auxilio al antisocial”). Lo que no se puede es ser más listo que los demás. Si –en España– a un genio se le ocurre mostrar su genialidad, despídase de ayudas sociales, de subvenciones, programas de readaptación o lo que sea. El genio se las debe arreglar solo. O sea, diciendo casi lo mismo pero de otra forma, lo más probable es que acabe más solo que la una.
Yo aconsejaría a los superdotados que todavía tengan interés en relacionarse con gente normal que hagan lo posible por ocultar su alta capacidad. Por decirlo en un lenguaje llano, han de “hacerse los tontos”. Hacerse los tontos, para parecer igual que la gente que tenga un coeficiente entre 90 y 110, esto es, personas dentro de lo “corriente”. Esto, desde luego, no soluciona el problema de tener una pareja estable. Sí que puede servir para convencer a una mujer o a un hombre de que se vaya un rato con nosotros, pero a la larga (quiero decir, en unas pocas horas o días), la otra persona empezará a notar algo raro, comenzará a poner pegas y a preguntarse si estaremos bien de la cabeza. Este tipo de situaciones son más corrientes de lo que parece (entiéndase: cuando hay un superdotado por medio). En una sociedad atrasada como la nuestra, en la que priman valores primitivos como la habilidad con un balón de fútbol o la belleza externa de las modelos o la capacidad de concitar escándalos por parte de personas de la más baja estofa y poco o ningún valor ético, un hombre o una mujer demasiado inteligentes no son bien vistos, ni siquiera comprendidos; o tal vez ni aceptados. Nadie, que yo sepa y como he dicho al empezar, ha estudiado bien (o siquiera de modo regular) las peculiaridades de los superdotados adultos, y por lo tanto la sociedad no está preparada para aceptar a personas cuyo cerebro va diez o veinte o cien veces más rápido de lo que consideramos normal. El rechazo de la posible pareja está, pues, a la orden del día, y eso mucho antes de que se haya llegado a una convivencia plena. Pueden bastar cuatro o cinco encuentros para que a la otra persona (en la que quizá, si somos demasiado ingenuos, hemos depositado nuestras esperanzas de felicidad o siquiera de estabilidad) decida que no le interesamos lo más mínimo y que lo mejor es apartarnos de su vida. Para siempre.
A mi modo de ver, solo caben dos salidas, ambas poco satisfactorias para la mayoría de los superdotados. La primera de ellas es hacer vida con una persona que nunca estará a nuestra altura, pero con la que, haciendo nosotros un esfuerzo de entrenamiento inmenso, podemos intentar convivir peor que mejor y así no estar solos, eso sí, acompañados siempre de alguien que no nos estimulará lo más mínimo. La otra salida es la de quedarse solo, que, como bien dice el refrán, más vale que mal acompañado. Existe una tercera posibilidad, que es la de conocer a alguien con nuestra misma o superior capacidad intelectual e intentar cohonestar nuestras peculiaridades, que es, en definitiva, lo que hacen las personas, digamos, normales. Pero nosotros, los superdotados, lo tenemos más difícil que ellos, las personas normales. La probabilidad de que demos con alguien que tenga nuestra misma o superior capacidad va disminuyendo tanto más cuanto mayor es la nuestra. Esto es, y por poner un ejemplo concreto: a una persona con un CI de 130 (que ya es decir) le resultará mucho más fácil encontrar una pareja de ese CI (o superior) que a una de un CI de 165, sencillamente porque según se sube en la escala del CI hay cada vez menos personas entre las que escoger.
Llegados a este punto, permítaseme una digresión personal al margen de los datos más o menos objetivos. En la sociedad machista en la que vivimos, el hombre suele consentir peor que la mujer estar al lado de alguien que le sobrepase en inteligencia. Por eso, para un hombre superdotado será más fácil encontrar pareja que para una mujer superdotada. Me atrevo a elucubrar que la mujer superdotada sentirá con mayor frecuencia y más profundamente el rechazo de la posible pareja cuando esta sea un hombre, por la razón suficiente de que el papel que la sociedad ha asignado hasta hace poco al varón es el de superioridad sobre la mujer, y un hombre menos inteligente se sentirá más inseguro que una mujer menos inteligente. Además, y según mi experiencia, las mujeres (superdotadas o no) se muestran más comprensivas que los hombres: escuchan más, tienen mayor empatía, tienden con mayor facilidad a ponerse en el lugar del otro. De esta manera, atenderán mejor los problemas de un superdotado de lo que lo haría un hombre de inteligencia normal con las peculiaridades de una superdotada. En definitiva, las superdotadas, al menos en mi opinión, lo tienen más difícil para dar con alguien que les pueda hacer compañía sin sentirse demasiado incómodo.
De nuevo en mi nada humilde opinión, lo ideal sería que lo superdotados acudieran desde pequeños a centros especiales de estudio sufragados por el Estado, y en los que se les hiciera avanzar a su ritmo. Así, tendríamos doctores en Física con doce años, filósofos con quince y catedráticos de Matemáticas con dieciocho. Y personas con quince carreras y dominio de ocho idiomas a los treinta; en lugar de esto, tenemos algo más de dos centenares de miles de superdotados echados a perder, así como casi dos miríadas de genios frustrados y enloquecidos por una inmerecida condena a una vida de mediocridad y pudrimiento intelectuales. Nada de ello va a cambiar en los próximos millones de años, al menos en España, país donde se entiende la igualdad como que todos hemos de ser igual de tontos. En esos inexistentes centros educativos para genios, los superdotados podrían dar utilidad a su intelecto (y de paso ser útiles a su país); podrían también conocer a personas con iguales o parecidas inquietudes y, en definitiva, ser personas; algo, el ser persona, que en España parece estar vedado para los que hemos nacido con un cerebro por encima de la media. ¡Mala suerte! Y ya que no podemos ser personas, al menos mantengámonos con la mente tranquila y lúcida. Puede que el estado de higiene mental sea lo más cerca que vamos a encontrarnos nunca de esa entelequia que los ingenuos, los soñadores y los poetas llaman felicidad.


Extraido de : http://superdotadomemorias.blogspot.com.es/2011/10/superdotacion-adulta-vida-laboral-y.html
María
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Sáb Mayo 11 2013, 14:50
Sí, el autor de este blog es un forero que hace tiempo se dejaba caer por estos lares, poseedor de un nick pecador de la praderaar... y autor, a su vez, de otro estupendo blog de reseñas literarias.





Pd. (Chicas, qué está "ofrecido"). xD
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solpar
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Superdotación adulta: vida laboral y sentimental  Empty Re: Superdotación adulta: vida laboral y sentimental

Sáb Mayo 11 2013, 15:58
Cifra: es mucho mejor el blog de reseñas literarias. Tiene un tinte reivindicativo pero ligeramente humorístico.
Este otro blog al que haces referencia ("Memorias..."), creo que puede acercarse más o menos a la verdad de cada uno, pero es bastante "destructivo" (sobre todo bastante "autodestructivo"....No creo que ayude mucho ni el contenido ni acaso los comentarios al propio autor ....).
Pero esto es sólo una opinión.
Si te gusta leer, no dejes de acercarte a la alberca.
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Superdotación adulta: vida laboral y sentimental  Empty Re: Superdotación adulta: vida laboral y sentimental

Sáb Mayo 11 2013, 16:33
Gracias por la recomendación solpar , le hecharé un vistazo en cuanto tenga un poco de tiempo .

Yo a veces me siento cómodo con este tipo de casos autodestructivos , la verdad esque yo no le veia ese punto pero ... creo que el sufriemiento a veces es necesario para avanzar .
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