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Lobo_solitario
Lobo_solitario
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Relato libre Empty Relato libre

el Jue Mar 21 2013, 06:09
Hace muchísimo que no escribo algo. He visto que aquí se hacen concursos de relatos y me he animado a escribir uno. No es para ningún concurso, sólo es por escribirlo, por probar. Soy consciente de que tiene que tener muchos fallos técnicos, por eso acepto críticas constructivas.

Ahí va:

"El péndulo"

Isamu había pasado su infancia y adolescencia leyendo literatura occidental. En un Japón en plena Segunda Guerra Mundial, el odio hacia todo lo procedente de Occidente casi se respiraba en el aire. El sabía que debía andarse con cuidado si se metía en esas “cosas de “ketoh” “, que es como llamaban despreciativamente a los occidentales, “bárbaros con mucho pelo en el cuerpo”; pero la fascinación por descubrir otros mundos ajenos al suyo le llevó a buscar incansablemente “libros prohibidos” y a leerlos a altas horas de la noche, escondido en el desván a la luz de una vela.

La corriente humanista le fascinó, porque contrastaba directamente con lo que predicaban los propagandistas de la ideología vigente, el culto a la guerra, la división obsesiva del mundo en “débiles y fuertes”, la obediencia ciega al emperador, las jerarquías... No, a Isamu nunca le encajó todo eso. Por eso buscó respuestas fuera de su entorno, en otra cultura lejana.

Pero un día, su pequeña libertad se truncó. Unos hombres uniformados pasaban por las casas reclutando jóvenes para la guerra, y se lo llevaron a un campo de adiestramiento militar.

Allí, pronto descubrió que nadie parecía conocer el mundo que el había visto en sus lecturas, hasta parecía como si se burlasen de ellas aún sin conocerlas. Les enseñaban a matar, a odiar, a ser agresivos pasase lo que pasase, a no tener compasión por nadie, ni siquiera por los compañeros, ya que eran frecuentes las novatadas y el acoso a los que llegaban.

Isamu pasó los peores meses de su vida en aquel infierno. Pero resistió. Había llevado sus libros ocultos en el equipaje y los tenía escondidos bajo el colchón de la litera. Así que en las noches en las que el cielo estaba claro y las estrellas y la luna reflejaban generosamente algo de luz, el releía las frases que tenía subrayadas, para que le dieran fuerza.

Una tarde calurosa de Agosto, de esas en que las cigarras nos ensordecen con su particular concierto, los llevaron a hacer una dura prueba. Consistía en correr por el campo con el uniforme entero, botas, mochila, fusil... El sargento les había dicho que deberían aguantar sin parar durante 50 Kilómetros, y que si uno sólo de ellos se paraba, todos lo pagarían en forma de castigo.

Cuando ya estaban todos prácticamente agotados, hubo un chico que empezó a marearse. Isamu se dio cuenta en seguida, pero los demás estaban tan concentrados en lo que hacían que ni miraron. Entonces trató de darle ánimos, cuando vio que esto no era suficiente le ofreció cargar con su mochila, luego cogió su fusil con la mano que tenía libre, ya quedaba poco... Un superior esperaba a unos 100 metros con una bandera que señalaba el final. El chico se estaba desfalleciendo, ríos de sudor le corrían por la frente como si tuviera fiebre, le dijo a Isamu que lo dejara, que el no podía más, que no tenía sentido todo aquello, que lo sentía mucho pero que había llegado a sus límites. El tira y afloja continuó a frases jadeantes y casi ininteligibles de ambos durante momentos que se hicieron eternos...

Finalmente, y como era de esperar, el chico se desmayó y calló al suelo. El sargento tocó un estridente silbato que parecía diseñado para crispar los nervios de cualquiera y les ordenó que se detuvieran. Fue entonces cuando los demás se giraron y vieron lo que había ocurrido. El chico tendido en el suelo casi insconsciente e Isamu a su lado atónito con los dos equipajes a sus espaldas y los dos fusiles en la mano. - Este chico necesita ayuda mi sargento. - Este, sin mediar palabra, le soltó un puñetazo en el estómago que lo dejó doblado. El cansancio multiplicó el dolor.

- ¡¿ Qué demonios haces tu con su equipaje y su fusil!?

- No podía más mi sargento. Tenía que ayudarle.

El sargento hizo como si no hubiera oído nada y se giró al resto.

- Por culpa de este maricón que se ha desmayado, todos váis a quedaros sin permiso. ¡Además vais a hacer 100 flexiones ahora mismo!

Isamu sintió rabia hacia el sargento por su insensibilidad, los demás también sintieron rabia, pero no hacia su superior, sino hacia el chico “débil” que estaba en el suelo recuperándose poco a poco y mirandolo todo atónito. Odiaban a ese “gallina” que con su “debilidad” les había traído la desgracia.

Los días siguientes, Isamu comprobó como le hacían la vida imposible al chico que no había podido con la prueba. Le robaban las sábanas y se las escondían, le rompían el uniforme, hacían todo tipo de comentarios irónicos hacia el constantemente, le echaban tierra en la comida... Isamu no comprendía porqué le culpaban a el, si la culpa era de aquella locura, de aquel infierno en que les habían obligado a meterse. Pero cuando se enfrentaba con los compañeros que hacían las bromas, ellos siempre le contestaban las mismas cosas. “Es lo que hay y tenemos que adaptarnos” , “La culpa es del que no sabe seguir las normas” , "ha sido un mierda llorica, que espabile y aprenda a ser más fuerte para la próxima"...

Pero lo peor llegó cuando llamaron un día a Isamu al despacho del sargento. Unos miembros del “kenpeitai”, una especie de policía militar, estaban al lado del despacho con sus libros favoritos en la mano. Ver aquellos escritos en unas manos tan frías, contrastando con el seco color de los uniformes le horrorizó sobre manera. Ellos no los leían, solamente los ojeaban pasando las páginas, unos con cara de desprecio, otros con una sonrisa cínica.

- Hemos comprendido porque te cuesta seguir las reglas de este regimiento. Estás leyendo esta basura de “ketoh”. Pero esto va a acabarse. ¡Aquí están prohibidas estas cosas terminantemente!

Isamu comprendió en seguida que defendiendo al chico maltratado por todos, se había ganado la enemistad del grupo, y que alguien había hurgado en su litera y se había chivado de todo. La rabia le invadía y no puedo evitar dejar salir lo que sentía.

- Ese entrenamiento era inhumano. Ustedes quieren deshumanizarnos.

La palabra "humano" pareció crispar algo dentro del sargento.

- ¿Veis? - dijo mirando a los miembros del “kenpeitai” que ya estaban apilando los libros para llevárselos – Habla igual que toda esa mierda de “ketoh”. ¡Es un desertor!

- Usted puede pensar lo que quiera. Pero ese entrenamiento es inhumano. Es normal que alguien se sienta mal y abandone.

- Vamos a ver. -dijo el sargento como tratando de haber recuperado la capacidad de raciocinio - ¿Cuántos había haciendo la prueba? ¡ni más ni menos que 44 reclutas! Sin embargo, sólo uno se ha desmayado. Por tanto, la culpa no es del entrenamiento sino de el, y sólo de el. ¡Aquí no se perdona a los débiles!

La discusión fue inútil y frustrante, porque Isamu sabía muy bien que aquel hombre no llegaba al nivel de profundidad que el había visto. Se sentía como explicándole a una persona que jamás se ha sumergido bajo el mar, como son los animales que allí debajo habitan. Y sabía que el sargento moriría sin bucear en el mar, que siempre seguiría en su pequeña barca flotando tembloroso, aferrado al remo. Porque detrás de su voz gutural y grave salida del estómago, ocultaba una gran debilidad. Era un cobarde que mandaba quemar sus libros porque le daban miedo. Isamu comprendía todo aquello. Por eso se dió media vuelta y se fue.

Días después, Isamu se encontró bajo su litera un extraño libro. No sabía como había llegado allí. Cuando lo abrió, lo primero que vio fue una nota en la que ponía: “Gracias por tu ayuda en aquel momento, y perdón por haberte fallado, quizás si lees mi diario entenderás porque he tomado esta decisión. Te lo dejo a ti porque tu eres el único ser humano aquí y sé que lo entenderás. Cuando lo leas, llévaselo a mis abuelos”. Adjunta estaba la dirección de estos.

Aquello fue un buen sustituto a los libros que le habían arrebatado. Bajo la luz de las estrellas y la luna, noche tras noche, fue comprendiendo el sufrimiento de aquel chico. Su madre había muerto de tuberculosis poco después de nacer el. Una semana después de entrar en el campo de adiestramiento militar, un grupo de ultraderechistas fanáticos habían asesinado a su padre por ser descenciente de coreanos. De hecho, desde pequeño el mismo había tenido que vivir con el desprecio racista de los demás por pertenecer a esa etnia. Isamu descubrió en las páginas de aquel diario que sus intentos de compartir la carga física con aquel muchacho se habían quedado pequeños, pues el llevaba en sus espaldas una mochila mucho más pesada, pero invisible. También comprendió que en realidad, el chico había sido el más fuerte de todos, porque había aguantado casi todo el trayecto, con aquel peso tirando hacia abajo de todo su ser para hundirlo en la tierra. Pero sus fuerzas se habían agotado.

Días más tarde, encontraron al dueño del diario muerto. Se había abierto el vientre con un cuchillo y había dejado una nota en la que ponía: “Yo sólo soy la primera víctima de esta guerra absurda. No sois los más fuertes. Siempre hay alguien más fuerte. Habrá más víctimas, muchas más. Pero ya será tarde”.

Isamu vió una mañana un resplandor cegador en el cielo. Sintió la desgracia, la muerte en el ambiente, y por alguna razón recordó la nota del muchacho. También recordó su frase favorita de los libros que tanto le gustaban, aunque al momento todo fue una intuición, y no supo porqué. Son de esas cosas que sencillamente vienen a la mente desde el corazón, sin que uno haya hecho ningún esfuerzo, como si salieran a flote desde lo más profundo por su propia fuerza.

“La historia del pensamiento humano es similar a las oscilaciones del péndulo. Luego de un largo periodo de sueño ocurre un despertar y entonces se libera de las cadenas con las que los gobernantes, magistrados y clérigos la habían atado. Critica severamente lo impuesto y desnuda la vanidad de los prejuicios religiosos, políticos legales y sociales. Investiga, va por caminos desconocidos, hace ricos descubrimientos imprevistos y crea nuevas ciencias”.

Isamu sobrevivió a todo aquello. No fue más débil ni más fuerte, sencillamente, las circunstancias le ayudaron. Estudió medicina y se dedicó a curar el dolor de sus semejantes sin importar quienes fueran. Sabía que cada vida es única y que salvar una no traería a nadie de vuelta, ni a su compañero de reclutamiento muerto por suicidio, ni a ninguna otra víctima de la guerra, pero el había retomado su camino. El camino que se había truncado por un periodo de oscuridad, por una de esas idas del péndulo, y ahora el péndulo le era más o menos favorable en su venida.

Como le hubiera gustado a Isamu, y a muchos como el, detener ese péndulo para siempre, dejar que se quedara en el lado bueno congelado; pero mientras la gran mayoría de la gente no se atreva a cuestionar lo establecido, a ser valiente y luchar contra la injusticia, ignorancia, crueldad... A no dividir al mundo entre débiles y fuertes, sino entre buenos y malos, y estar siempre en el lado de los buenos, mientras la gente como Isamu sigamos siendo minoría, el péndulo seguirá girando cada vez más deprisa hasta que el reloj termine por romperse.

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Willy
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Relato libre Empty Re: Relato libre

el Lun Mar 25 2013, 13:19
. (para acordarme de leerlo)
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AC3
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Relato libre Empty Re: Relato libre

el Lun Mar 25 2013, 21:57
Ya te dije que me gusto lobo, ojala hagas mas relatos y los postees en el foro, me encantaria leerlos
izurdesorkunde
izurdesorkunde
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Relato libre Empty Re: Relato libre

el Lun Jun 09 2014, 00:31
Tras este relato que hace referencia a la parte oscura de la vida, copio brevemente un relato entresacado de un libro que acabo de terminar. Hace referencia al cuento "El lanzador de estrellas" de Loren Eiseley.

"...un poeta , un día de marea baja, paseaba por la playa. El poeta vio sobre la orilla miles de estrellas de mar secándoes al sol que, si se quedaban en la playa, estaban condenadas a morir. Entonces vio, en la distancia, a un niño rebuscando entre la arena. El niño se agachó, cogió una estrella de mar y la arrojó al agua. Cuando el poeta llegó a donde estaba el pequeño, le preguntó:" ¿Qué estás haciendo? ¡No ves que no puedes salvarlas a todas!". Entonces el niño, que había vuelto a arrodillarse a coger otra estrella, la lanzó al mar diciendo: "Al menos he salvado a ésta". Y, repitiendo la misma escena dijo:"Y a esta otra". De ese modo, el poeta se unió al chico y juntos salvaron muchas estrellas de mar.

ASí es como actúan las personas cuya manera de pensar o de vivir marca al diferencia.
HelennaVerget
HelennaVerget
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Edad : 47

Relato libre Empty Re: Relato libre

el Jue Ene 22 2015, 23:55
Me ha encantado este relato. Me he visto reflejada, como si estuviera en un antiguo empleo que tuve, donde eran todos una bacanal de hienas que satisfacían sus instintos más depredatorios despellejando a víctimas a las que elegían por su especial diferencia y creo que muchas veces hasta por envidia o por ver reflejadas en ellas lo que eran ellos mismos.

En este relato aprecio también algo de documentación, aunque sea brevemente de cultura japonesa y es un canto a la bondad y a la universalidad del ser humano.

Lo dicho, me ha gustado mucho.
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