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El terrible, terrible efecto pinza de las redes sociales.

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El terrible, terrible efecto pinza de las redes sociales. Empty El terrible, terrible efecto pinza de las redes sociales.

Mensaje por Jorge M. L. el Miér Abr 25 2018, 20:45

Buenas tardes...

Revisando hoy las redes sociales, cosa que no hago casi nunca, he perdido parte de la esperanza que me quedaba en la humanidad. Si de mí dependiera el botón de "quemarnos a todos vivos", me vais a perdonar pero le daba, sin contemplaciones. Será el calentón. Nos lo merecemos por tarugos descabezados. 

¿Por qué nadie abre los ojos a lo que está pasando? ¿Por qué estamos tratando de luchar contra temas como la homofobia y la violencia de género si hay una fuerza aparentemente invisible para el internauta medio que está borrando de forma incesante todo lo logrado? Como un puñal que ya está clavado, y que se desliza desgarrando cada vez más y más la herida, hasta que quede seca y todos nos convirtamos en cadáveres impasibles, sin empatía ni respeto por las ideas ajenas.

Hablo de la toxicidad, que tiene una de sus cunas en las redes sociales (otra en el pensamiento irracional intrínseco al ser humano), un motor inmóvil, que se alimenta del odio, la envidia y la frustración del día a día de todos nosotros. Como un demonio que gana poder con las desgracias ajenas y cuyos abogados se llaman influencers (algunos).

Desde meterse con gente por ser fea, poco inteligente o tener gustos diferentes a los considerados normales, hasta cosas tan graves como apalear públicamente a personas por enseñar su punto de vista o simplemente porque salió a luz parte de su vida privada y esta se considera contraria a las influencias.

El combustible de este motor es el tráfico de influencias. Un bis a bis entre influencers que a veces camuflan como críticas de uno a otro, pero que en realidad son polémicas preestablecidas que mantienen el morbo del espectador menos atento, que es la fracción mayoritaria por desgracia.

Desinformación y prejuicios surgen de las entrañas de esta abominación, de este cáncer que se está comiendo el alma de nuestra sociedad. Acabaremos siendo malditas marionetas de convencionalismos sociales, si es que no lo somos ya.

Tenemos que abrir nuestra mente, tratar de evitar ser influidos por estos brujos, agentes de este diablo que describí antes. 

Lo peor del movimiento de esta serpiente venenosa no es simplemente ella, sino el efecto pinza que genera. Una presión social que se expande de forma informe como una mancha de acuarela, que se extiende por el tejido de nuestra comunidad hasta dejarlo totalmente teñido.

Os parecerá que estoy exagerando. Dadle tiempo al trampero para que coloque sus artefactos. En unos años me darán la razón. Parte de la generación que vendrá tras la nuestra estará constituida por entes insensibles. Espero que siempre quede alguna llama que evite que esos años que vienen sean totalmente inútiles para el ser humano. 

Estamos anclados, podíamos caminar a dos patas y andamos por el suelo a cuatro. No involucionamos porque siempre hay un porcentaje de la población que tira del resto, porque si no ahora mismo este mensaje lo estaría escribiendo en las paredes de una cueva.

La ultraviolencia existe, no física, pero sí a nivel cognitivo. Todos la ocultamos y la sacamos de vez en cuando con descalificativos o menosprecio hacia los demás. Seguimos siendo incapaces de controlar nuestros instintos más primitivos. Será un defecto genético, no sé. Quizás la pérdida de ese carácter impulsivo sea el gran salto evolutivo del hombre y la mujer.

Todo por mantener nuestra autoestima de forma neutra. En vez de lograrlo respetándonos unos a otros, lo hacemos odiando a unos y queriendo a otros, recibiendo del mismo modo odio y amor de forma proporcional. Nos lo merecemos por hedonistas.

Si igual que yo no habéis entendido una mierda de lo que he dicho es normal, el tema este es tan difuso y difícil de abarcar que no sabría cómo ir punto por punto describiendo este problema. Quedaros con la idea general que seguramente os habéis hecho en la cabeza. Al fin y al cabo, me da la impresión de que realmente todos somos conscientes de esto en algún momento, y aún así seguimos actuando de forma incoherente a veces. 

Nos queda mucho por mejorar.

Voy a ser un poco más práctico ahora. La consecuencia de todo lo que estoy enumerando es una fobia, con todas las letras. Una fobia a ser rechazados por los demás, a fracasar, a ser feos, tontos, raros o especiales.

La cantidad de gente preocupada en el día a día por satisfacer a sus seguidores en Instagram, Facebook, Twitter etc. es exagerada, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Hasta el punto que alguno (los casos más notables) dejan los estudios para tratar de hacerse famoso a costa de la violencia. Violencia en forma de odio hacia grupos de gente. Los seguidores de A odian a los seguidores de B y este al mismo tiempo hace colaboraciones con C, que fue pareja de A en su día. Todos se lo tragan y crean una coraza de sentimientos artificiales y pensamiento basado en algoritmos que podría gestionar un papel y un boli.

Me estoy explicando horriblemente mal, así que lo dejo aquí tras un breve resumen/conclusión:

Las redes sociales y, en consecuencia la sociedad, están generando pensamientos maniqueos y tóxicos. Esto desembocará en la existencia futura de una fracción de la sociedad con una tendencia a la corrupción sorprendente. 

Una frase típica que se escucha por ahí a menudo resume las consecuencias de todo esto muy bien:
"No vayas de justiciero, mira por ti". Triste.

Si todos miramos nuestros ombligos, quién nos mirará a nosotros. Las redes sociales generan conductas insociales (sí, "in-" porque contribuyen negativamente a la sociedad, no sólo son ajenas a la socialización). 

Es muy irónico.
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Mensaje por izurdesorkunde el Miér Abr 25 2018, 23:13

Bienvenido al club de la consciencia.
Conozco esa difusa sensación de náusea ante comportamientos humanos que resultan absurdos a nuestros ojos y pueden producirnos vértigo ante el futuro.

Te contaré una anécdota real. Hace pocos días unas personas con las que estaba compartiendo unas horas de convivencia bromeaban sobre robar en un establecimiento. Ante mi cara de desaprobación otros me comentaron que "no pasaba nada". Ante semejantes palabras replicaba que el robar un paquete de chuches me parecía tan grave como robar mil millones en una gestión infame por parte de un directivo de un banco. Argumentaba que quien no duda en robar 10 céntimos no dudará en robar mil millones si se siente seguro y confía en no ser pillado.

Me preguntaron, incrédulos, si yo no había robado nunca. Se asombraron ante mi respuesta. ¿Porqué? porque para todos ellos es algo admisible. No eran mas que una muestra de la sociedad general. Ejemplo: Cifuentes diciendo que se ha saltado semáforos en rojo "como cualquier otro". Les resulta increíble que existan personas que funcionan de manera diferente a la suya. Porque es raro, raro. Pero existe. Somos seres reales, no imaginarios.

¿Somos totalmente congruentes y consecuentes? No. Pero algunos somos dolorosamente conscientes de ello, y tenemos que trabajar el dolor de admitir nuestras incongruencias y seguir funcionando. Porque buscamos mejorar, ser más coherentes, más justos, nos deconstruimos (desintegramos nuestra percepción) cada vez que pasamos por una fase como la que pasabas mientras escribías ese texto
Spoiler:
maldito perfeccionismo
. Te comprendo porque estoy pasando por una fase de decepción y falta de esperanza en la humanidad como la que citas. Pero es algo recurrente en mi vida (soy más vieja que tú). Hay momentos mejores y otros ... que mejor si pasaran más rápido.

Es una desgracia ser demasiado consciente. Tener una visión a largo plazo, pensar en global en vez de limitarse a mirar el propio ombligo y ser empático es una carga demasiado pesada para llevarla sin sufrimiento. Los que ven en ello un "mira, se cree guay y mejor que los demás" es que son ciegos y dudo que hayan catado nunca su vivencia. Lo demás no sentirían envidia ninguna para esta condición.
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Mensaje por Jorge M. L. el Jue Abr 26 2018, 18:44

Tienes razón. Lo peor de todo es que he llegado a pensar: ¿y será realmente más inteligente esa gente por pasar de todo? No, me niego a afirmar esa proposición. Comportarse como animales no es ser inteligente si concibimos ésta como el uso de la capacidad de razonamiento y de la ética que tenemos los seres humanos

No es más inteligente el que gana dinero estafando que el que es modesto y no aprovecha la oportunidad de dicho robo en igualdad de condiciones, porque parte de la inteligencia es la empatía, la visión de futuro, el respeto a la ética.

La buena gente es inteligente. La mala gente no. No lo es por el mero hecho de desvirtuarse de la honradez.

No todo es tan dicotómico como bueno/malo, sino que como tú dijiste, es malo aquel que es capaz de hacer el mal sin arrepentirse ni tratar de cambiar. Yo hago cosas malas, yo me he metido, me meto y me meteré con gente por cosas que no son éticas, igual lo hago por ganar una rifa, un debate o vete a saber qué, pero luego me siento mal. Ser virtuosos es ser inteligentes, y en el buen hacer está la virtud.
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Mensaje por izurdesorkunde el Dom Abr 29 2018, 11:02

Creo que la cortedad de miras y el mirarse al ombligo no es muy inteligente, la verdad. Pensar y actuar en global y a largo plazo me parece que tiene más futuro.

Cuando la tectónica de placas provocó en el este de África el surgimiento de una cordillera que cerró el camino al aire cargado de humedad que venía del océano, provocando que la selva tropical fuera progresivamente sustituida por sabanas en algunas zonas, aquellos hominidos con una predisposición natural a permanecer erguidos tenían una clara ventaja evolutiva, ya que la bipedestación les permitía detectar desde más lejos a los posibles depredadores por encima de las altas hierbas.

Además somos una especie social, de modo que si un miembro del grupo detectaba un peligro avisaba al resto y se ponían todos a salvo. Un homínido aislado era mucho más vulnerable. Pensar en el bienestar global parece más inteligente que ponerse uno a salvo y a resto "que le den"

Ver más lejos, mayor campo de visión (sabana frente a bosque tropical) en un nuevo ambiente en una especie social llevó a un mayor desarrollo cerebral --> mayor inteligencia (capacidad de "leer entre lineas"). Si a eso unimos cambios morfológicos en la laringe que posibilitaron un lenguaje más complejo... pues capacidad de transmitir conceptos cada vez más complejos y abstractos.

Aquí estamos: Homo sapiens.

El problema que puedo ver es la de los comportamientos parasitarios dentro de nuestra propia especie. Personas que medran a costa de los demás. Trepas, psicópatas, ególatras...
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Mensaje por CB100 el Vie Mayo 04 2018, 14:59

Cada uno de los puntos negativos que se ven en otro son los que hay que pensar y repensar.
Estudiar y mucho, acerca de cómo, siendo los seres sociales que somos, hemos producido, gente que no quiere a otra gente por diversas razones.
Esta construcción que no se hace de forma mágica, ni que viene con los genes nos puede tener ocupados por mucho tiempo, pero no desesperanzados.
En ese camino hay que encontrar la forma de modificar, en nosotros y en otros aquellos comportamientos que nos alejan de estar bien.
Claro que, para estar bien, tendríamos que definir ¿Qué es estar bien? o que es el bien, o ¿Cómo queremos estar?
En cualquier caso, nadie está en desacuerdo con vivir sin violencia, y aunque cada uno considere violencia a distintos actos, soy de buscar siempre el punto en común que existe aún con el más disímil.
Durante mucho tiempo he tomado como un Atlas, el peso del mundo en mis manos, pensando que al menos, podría pensar en un mundo donde todos pudiéramos ser felices.
Como esa idea surgió en mi infancia, evidentemente está cargada de cierta ingenuidad.
Pero la esencia es vital, y en ese comienzo pensé en ponerme límites alcanzables.
Les cuento un caso: en mi casa, luego de mucha negociación hay un reparto de tareas domésticas que nadie quiere hacer (perdón por la empleada que ya no contratamos) pero quería probar si era posible.
Fue un trabajo inmenso de negociaciones porque de fondo, yo no quería imponerme (cosa que hubiera hecho mucho más fácil todo), y al no ser autoritaria en ningún aspecto tuve que ver cuáles eran las razones de fondo para no querer determinadas tareas.
Hubo que hablar de educaciones dispares (con mi pareja) de momentos distintos en lo vital (cada uno de mis hijos) y con todo eso, cuando el objeto es hacer pensar al otro y no invadirlo se complica. Y más, si los otros también son pensantes, analíticos y muy retóricos.
Con esa experiencia y todas sus posibles variables, me fui a tratar de hablar con una amiga que tenía una idea o dos, de las cuales siempre preferimos no hablar porque diferimos. En ese caso, también prima el afecto.
Me di cuenta de que, sin afecto, cariño o amor, no se puede pensar en el otro sin querer domesticarlo, invadirlo, o manipularlo en pos de un fin, que creemos mejor.
Si no podés resolver un pequeño problema, no te metas a resolver uno grande.
En ese camino estoy ahora, queriendo ver el ámbito de estudio como un espacio posible para estudiar esto de escuchar, respetar y pensar en un mundo posible para todos aun con nuestras diferencias.
¿Qué hacemos con los malos? Y con esto mi reduccionismo es casi ficción.
Con los malos hacemos lo que queremos para nosotros, cuando nos ven como amenaza.
Los comprendemos y tratamos de situar su dolor allí donde ha elegido no pensar, o parasitar o matar.
Habrá excepciones, pero la gran masa de gente que criticamos suele ser, en otras cosas, un poco como nosotros.
Un día alguien pudo despertarse con ganas de quemar el mundo, pero en lugar de reflexionarlo con sus pares, salió a buscar gasolina...
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