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Génesis de las revoluciones

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Mensaje por Hamlet el Sáb Mayo 23 2015, 13:30

Os planteo el siguiente tema: Cuáles son los mecanismos que ponen en marcha una revolución social, y cómo han cambiado a lo largo de la historia? Cómo son en la actualidad? Qué favorece o se opone al éxito de una revolución -al margen de la fuerza-?
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Mensaje por Miltriades Eupator el Sáb Mayo 23 2015, 15:09

Yo creo que a lo largo de las historia las revoluciones han surgido en base al descontento, pero colectivo. Sin embargo debe notarse que aunque sean la revolución auspiciado por las masas, en general son las masas las que terminan perdiendo. si se observa las grandes revoluciones a través del tiempo como la bolchevique se observará que el pueblo trabajo para uno no para el mismo colectivo, lo mismo sucede con la revolución francesa en donde erróneamente se cree que el tercer estado impulso dicha reforma. Parece ser que el génesis de la revolución es el descontento de muchos en favor de algunos pocos que tienen los medios de capital y trabajo para impulsarlos como menciona Tolstoi.


Yo creo que no ha existido una revolución social del todo justa, si se observa desde la perspectiva social, si me hablas desde la perspectiva del fomento de los recursos creo que todas pueden ganar en ese aspecto. En la actualidad no hay reformas sociales a mi parecer, por una sencilla razón, el ser humano se olvido en muchos de los casos del otro en primer lugar, y en segundo el contexto global ha cambiado por completo en los últimos cien años, se necesitan reformas pero la sociedad se ha encargado de enmascarar el profundo abismo en que se encuentra a nivel humano, económico y natural.
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Mensaje por YoDigo el Sáb Mayo 23 2015, 16:12

La revolucion de la mujer, por ejemplo, cómo empezo? Es un tema interesante.

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Mensaje por Disperso el Dom Mayo 24 2015, 01:11

Yo creo que son como desbordamientos. Cuando la situación no puede soportarse la cosa se desborda. Por eso los primeros interesados en hacer la situación sostenible deberían ser los más privilegiados. Warren Buffet que seguramente es un tipo inteligente, lo sabe y escribió una carta sugiriendo que debían subir la presión fiscal a tipos como él.
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Mensaje por izurdesorkunde el Dom Mayo 24 2015, 02:20

¿Es más predecible las reacciones de un colectivo, como el de una nación o una población humana que el de cada individuo ? (cuando habeis hablado de "desbordamiento" me he acordado del tiempo de semidesintegración de un isótopo o elemento radiactivo y la imposibilidad de determinar cuando un átomo inestable concreto fisione). Cosas absurdas que piensa una al recordar propuestas de Universo fractal. Idas de olla, posiblemente.
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Mensaje por Disperso el Dom Mayo 24 2015, 22:28

Aunque quizá el desbordamiento lo que explica es la rebelión. Pero una rebelión sin una idea clara de qué hay que cambiar no es revolución, no es un cambio, no lleva a nada. No basta con identificar lo que está mal, hay que tener una visión más o menos compartida de hacia dónde se quiere ir.
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Mensaje por Hamlet el Lun Mayo 25 2015, 16:00

Puesto que nuestra sociedad está organizada según una forma piramidal, donde encontramos diversas clases con diferente poder adquisitivo y prerrogativas sociales, la misma estructura del sistema social cuenta en su diseño con la posibilidad inherente de ver (en determinadas circunstancias) un estallido revolucionario.
La lucha de clases que lleva existiendo milenios no está aún superada, simplemente han aparecido otros nuevos actores que han reemplazado a los anteriores, o los viejos han cambiado sus nombres pero conservando sus formas. Hoy resulta muy sencillo ver, por ejemplo, cómo en la Francia pre-revolucionaria existía una sociedad clasista: el clero, la aristocracia, la monarquía, el ejército y del otro lado el grueso del vulgo. Realmente es esta situación una reliquia histórica que hemos superado? Los poderes del Antiguo Régimen se han hecho un lavado de imagen, pero todavía los podemos reconocer: hoy son la Banca, las élites financieras, las grandes corporaciones, la clase política y (todavía) la Iglesia con sus privilegios. A futuras generaciones les parecerá tan claro que vivimos en una sociedad donde se da la lucha de clases como a nosotros reflexionando sobre la Francia de Luis XVI. La misma palabra ahora tan en boga, "casta", ha calado precisamente porque una parte significativa de la ciudadanía ha sentido que era un término cuya acuñación era necesaria para describir la percepción que teníamos entre el pueblo llano y los poderes públicos a servicio de... ¿la ciudadanía?. Sin embargo, casta no es ni mucho menos una palabra recién inventada; podría haber sido empleada en 1789 por los franceses, en 1934 por los revolucionarios asturianos, en 1918 por los rusos, y todos compartirían la misma acepción, habría un entendimiento muto, a pesar de tratar de distintos contextos históricos, en torno al significado preciso que se confiere al término. Así pues, realmente hemos superado la lucha de clases?

Yo lo entiendo por analogía con un sistema hidráulico en que se ejerce una presión eventualmente insostenible sobre la base desde todas las capas superiores.
Sus características principales son, a mi entender, estas tres: primero, la presión se forma, como en un líquido, acumulativamente, es decir, cada capa social sostiene a las superiores a ella: por ello, cuanto más abajo en la escalera social, mayor tensión y precariedad, siendo por contra las superiores quienes viven de forma más distendida. Segundo, se forma en la mentalidad colectiva una idea (lo que yo llamo "sistema operativo mental", pero para todo un conjunto social) de que el orden o modelo social imperante es el orden natural establecido por siglos de tradición y/o la gracia divina (mediante poderes como la Iglesia y el adoctrinamiento del Estado), y que la supervivencia de la nación depende de su mantenimiento y observancia (por ej., haciendo del sacrificio por la "patria" un ideal exaltado, fundiéndose o diluyéndose el "yo" entre la masa). Esta medida de implantación ideológica conlleva la garantía de privilegios para las clases superiores, cuyo poder y privilegios no serán nunca disputados ni cuestionados (y si acaso lo fueran en un momento de emergencia, éstas cuentan con el ejército a su favor), pero la resignación para las clases desfavorecidas ("en la próxima vida serás recompensado"). Si bien dicha estrategia se hace precisamente para evitar un desbordamiento revolucionario y preservar la vigencia del modelo social, tiene asociado un riesgo capital: puesto que a las clases inferiores se les niega de facto -mediante el adoctrinamiento- cualquier pretensión de aspirar al mismo nivel de bienestar que las superiores, ocurre como la enfermedad a la que se trata únicamente mediante placebo, i.e., sólo a veces se cura y posteriormente el enfermo que adolece (las clases trabajadores inferiores) puede sentirse estafado y ultrajado hacia el médico (el Estado, las oligarquías). De este modo, surge fácilmente el caldo de cultivo precisamente para un brote revolucionario, ya que al verse identificado para la clase inferior el orden social con un inmovilismo en la práctica (en lo que a ellos les atañe), éstas toman conciencia de que, con respecto a sus peticiones reivindicativas, no queda más opción que propugnar "si el Estado no nos concede nuestra dignidad humana y de trabajadores -y no valen ya más intentos de adoctrinamiento, ni ideas heroicas de sacrificio-, tendremos que tomarla por nosotros mismos, violentamente si fuera necesario". Como dije en mi artículo de la pirámide de Maslow, recordemos que estamos juzgando a personas cuyas necesidades de la pirámide de Maslow se encuentran en condiciones paupérrimas respecto a las oligarquías: debemos ponernos en sus zapatos antes de apresurarnos a condenarlos atendiendo puramente a la parte violenta de la revolución, olvidando las motivaciones y la injusticia desde donde se incubaron (y que ellos, desde luego, no eligieron); las revoluciones son, precisamente, son un producto del modelo social, puesto que en su seno se fraguan. El ideal revolucionario será entonces una sociedad donde no existan clases, esto es, la erradicación del elemento social que les negaba sus justas aspiraciones y desatendía sus críticas al sistema... acaso a alguien le extraña la coincidencia? El anterior modelo social es visto como una plaga (llámese capitalismo o de otra forma), y por tanto, el nuevo debe estar libre de las condiciones que, precisamente, fueron causante del pronunciamiento revolucionario.
Tercero, la situación debe verse prolongada en el tiempo sin que ningún agente externo intervenga de forma trascendente en favor de los estratos inferiores (la presión no se alivia, o al menos, no de una forma significativa). Esta tensión finalmente acaba cediendo por el estrés físico-mental y la alienación. Como resultado de todo el peso que la clase inferior sostiene para que la super-estructura social no colapse, finalmente se ve incapaz de continuar ante tamaña opresión, para ser liberada en el proceso revolucionario: el desmoronamiento social es activamente perseguido, dado que en opinión de los de abajo, el modelo los usa a la manera de hormigas-esclavos, usa su trabajo para que la maquinaria social siga produciendo, y después los deja a su suerte (con todas las penurias que conlleve su condición social). Pero, para quién, se preguntan, va el producto final de la maquinaria social que ponemos en marcha desde la base? Para la oligarquía, esto es, los que no movieron un dedo en producirla, y no obstante son quienes la disfrutan. De ahí que una reivindicación repetida de las revoluciones sea la socialización de los medios productivos: el razonamiento que hacen reza así "si nosotros lo trabajamos, los frutos que de ahí se deriven, también nosotros nos los quedamos". Una pretensión sobre la que se puede discutir sobre sus implicaciones pero que es razonable y legítima, ahora bien, es obvio que las oligarquías siempre intentarán el mantenimiento del status quo y el aplastamiento de los incipientes movimientos revolucionarios, pues al fin y al cabo, hacer de parásito (el político que roba de las arcas públicos, que os recuerdo, es riqueza producida por los obreros, las clases bajas) es más fácil que ser productor. En mi opinión, creo que tienen miedo, mucho antes que a la violencia, al cambio de modelo en sí mismo, como comprobamos cuando un partido nuevo pretende reivindicaciones de este tipo por la vía pacífica y democrática, y no obstante encuentra, igualmente, todo tipo de zancadillas y malos modos por parte del poder, destinados en todo lo posible a quitarlos de escena.
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Mensaje por izurdesorkunde el Jue Mayo 28 2015, 15:53

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Puesto que nuestra sociedad está organizada según una forma piramidal, donde encontramos diversas clases con diferente poder adquisitivo y prerrogativas sociales, la misma estructura del sistema social cuenta en su diseño con la posibilidad inherente de ver (en determinadas circunstancias) un estallido revolucionario.
La lucha de clases que lleva existiendo milenios no está aún superada, simplemente han aparecido otros nuevos actores que han reemplazado a los anteriores, o los viejos han cambiado sus nombres pero conservando sus formas. Hoy resulta muy sencillo ver, por ejemplo, cómo en la Francia pre-revolucionaria existía una sociedad clasista: el clero, la aristocracia, la monarquía, el ejército y del otro lado el grueso del vulgo. Realmente es esta situación una reliquia histórica que hemos superado? Los poderes del Antiguo Régimen se han hecho un lavado de imagen, pero todavía los podemos reconocer: hoy son la Banca, las élites financieras, las grandes corporaciones, la clase política y (todavía) la Iglesia con sus privilegios. A futuras generaciones les parecerá tan claro que vivimos en una sociedad donde se da la lucha de clases como a nosotros reflexionando sobre la Francia de Luis XVI. La misma palabra ahora tan en boga, "casta", ha calado precisamente porque una parte significativa de la ciudadanía ha sentido que era un término cuya acuñación era necesaria para describir la percepción que teníamos entre el pueblo llano y los poderes públicos a servicio de... ¿la ciudadanía?. Sin embargo, casta no es ni mucho menos una palabra recién inventada; podría haber sido empleada en 1789 por los franceses, en 1934 por los revolucionarios asturianos, en 1918 por los rusos, y todos compartirían la misma acepción, habría un entendimiento muto, a pesar de tratar de distintos contextos históricos, en torno al significado preciso que se confiere al término. Así pues, realmente hemos superado la lucha de clases?

Yo lo entiendo por analogía con un sistema hidráulico en que se ejerce una presión eventualmente insostenible sobre la base desde todas las capas superiores.
Sus características principales son, a mi entender, estas tres: primero, la presión se forma, como en un líquido, acumulativamente, es decir, cada capa social sostiene a las superiores a ella: por ello, cuanto más abajo en la escalera social, mayor tensión y precariedad, siendo por contra las superiores quienes viven de forma más distendida. Segundo, se forma en la mentalidad colectiva una idea (lo que yo llamo "sistema operativo mental", pero para todo un conjunto social) de que el orden o modelo social imperante es el orden natural establecido por siglos de tradición y/o la gracia divina (mediante poderes como la Iglesia y el adoctrinamiento del Estado), y que la supervivencia de la nación depende de su mantenimiento y observancia (por ej., haciendo del sacrificio por la "patria" un ideal exaltado, fundiéndose o diluyéndose el "yo" entre la masa). Esta medida de implantación ideológica conlleva la garantía de privilegios para las clases superiores, cuyo poder y privilegios no serán nunca disputados ni cuestionados (y si acaso lo fueran en un momento de emergencia, éstas cuentan con el ejército a su favor), pero la resignación para las clases desfavorecidas ("en la próxima vida serás recompensado"). Si bien dicha estrategia se hace precisamente para evitar un desbordamiento revolucionario y preservar la vigencia del modelo social, tiene asociado un riesgo capital: puesto que a las clases inferiores se les niega de facto -mediante el adoctrinamiento- cualquier pretensión de aspirar al mismo nivel de bienestar que las superiores, ocurre como la enfermedad a la que se trata únicamente mediante placebo, i.e., sólo a veces se cura y posteriormente el enfermo que adolece (las clases trabajadores inferiores) puede sentirse estafado y ultrajado hacia el médico (el Estado, las oligarquías). De este modo, surge fácilmente el caldo de cultivo precisamente para un brote revolucionario, ya que al verse identificado para la clase inferior el orden social con un inmovilismo en la práctica (en lo que a ellos les atañe), éstas toman conciencia de que, con respecto a sus peticiones reivindicativas, no queda más opción que propugnar "si el Estado no nos concede nuestra dignidad humana y de trabajadores -y no valen ya más intentos de adoctrinamiento, ni ideas heroicas de sacrificio-, tendremos que tomarla por nosotros mismos, violentamente si fuera necesario".
Si esas actitudes violentas llegaran a tener éxito en su objetivo se convertirán en héroes para su estamento, de lo contrario se convertirán en terroristas (anarquistas, separatistas, por ej). Todo depende de quién cuente la historia (que suele ser prerrogativa de los "ganadores").
Como dije en mi artículo de la pirámide de Maslow, recordemos que estamos juzgando a personas cuyas necesidades de la pirámide de Maslow se encuentran en condiciones paupérrimas respecto a las oligarquías: debemos ponernos en sus zapatos antes de apresurarnos a condenarlos atendiendo puramente a la parte violenta de la revolución, olvidando las motivaciones y la injusticia desde donde se incubaron (y que ellos, desde luego, no eligieron); las revoluciones son, precisamente, un producto del modelo social, puesto que en su seno se fraguan. El ideal revolucionario será entonces una sociedad donde no existan clases, esto es, la erradicación del elemento social que les negaba sus justas aspiraciones y desatendía sus críticas al sistema... acaso a alguien le extraña la coincidencia? El anterior modelo social es visto como una plaga (llámese capitalismo o de otra forma), y por tanto, el nuevo debe estar libre de las condiciones que, precisamente, fueron causante del pronunciamiento revolucionario.
Tercero, la situación debe verse prolongada en el tiempo sin que ningún agente externo intervenga de forma trascendente en favor de los estratos inferiores (la presión no se alivia, o al menos, no de una forma significativa). Esta tensión finalmente acaba cediendo por el estrés físico-mental y la alienación. Como resultado de todo el peso que la clase inferior sostiene para que la super-estructura social no colapse, finalmente se ve incapaz de continuar ante tamaña opresión, para ser liberada en el proceso revolucionario: el desmoronamiento social es activamente perseguido, dado que en opinión de los de abajo, el modelo los usa a la manera de hormigas-esclavos, usa su trabajo para que la maquinaria social siga produciendo, y después los deja a su suerte (con todas las penurias que conlleve su condición social). Pero, para quién, se preguntan, va el producto final de la maquinaria social que ponemos en marcha desde la base? Para la oligarquía, esto es, los que no movieron un dedo en producirla, y no obstante son quienes la disfrutan. De ahí que una reivindicación repetida de las revoluciones sea la socialización de los medios productivos: el razonamiento que hacen reza así "si nosotros lo trabajamos, los frutos que de ahí se deriven, también nosotros nos los quedamos". Una pretensión sobre la que se puede discutir sobre sus implicaciones pero que es razonable y legítima, ahora bien, es obvio que las oligarquías siempre intentarán el mantenimiento del status quo y el aplastamiento de los incipientes movimientos revolucionarios, pues al fin y al cabo, hacer de parásito (el político que roba de las arcas públicos, que os recuerdo, es riqueza producida por los obreros, las clases bajas) es más fácil que ser productor. En mi opinión, creo que tienen miedo, mucho antes que a la violencia, al cambio de modelo en sí mismo, como comprobamos cuando un partido nuevo pretende reivindicaciones de este tipo por la vía pacífica y democrática, y no obstante encuentra, igualmente, todo tipo de zancadillas y malos modos por parte del poder, destinados en todo lo posible a quitarlos de escena.

Incluso intentarán descalificarlos poniéndoles coletillas ajenas (desde equipararlos a terroristas, como avisar sobre el futuro lleno de violaciones de monjas y quema de iglesias). Seguro que habeis leido noticias recientes en esos términos. Si alguno no lo ha leido, le pongo el enlace.
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Mensaje por GNatalia el Jue Mayo 28 2015, 16:11

Creo que va bastante relacionado con la pirámide Maslow, cuanto más básica es la necesidad, mayor probabilidad de revolución. Los romanos lo tenían muy claro, al pueblo pan y circo. Quienes a lo largo de la historia han podido al menos dar esto al pueblo, han tenido menos problemas en cuanto a revoluciones.

Siempre hay gente que se desmarca de esto, pero no son grandes revoluciones, en volumen grande de gente a la vez. Sino que se van dando poco a poco, dilatadas en el tiempo.

Luego cuenta con dos factores más: - Nada que perder o algo que ganar. Si no tengo nada que perder, no pierdo nada si me uno a la revolución, pero si tengo algo que perder, por poco que sea probablemente no lo haga hasta que vea como le va al vecino. Si tengo algo de ambición y prefiero apostar y veo posibilidades de ganar, entonces también hay posibilidad de participación, aquí entra un poco la estrategia de la propia persona. Probablemente la educación y el ambiente que le rodea.

En las revoluciones suele haber uno o varios líderes, gente que para perseguir su propio interés requiere de la intervención d eotras personas. Saber motivar y crear la necesidad en el resto de las personas para que luchen por tu causa. Tan bien se haga esta tarea, tantos seguidores habrá.

Creo que no ha evolucionado mucho, seguimos pensando lo mismo, nos seguimos quejando de lo mismo, y seguimos sin aprender de los errores del pasado, los repetimos una y otra vez.

Igual me olvido algo, no sé.
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Mensaje por Hamlet el Sáb Mayo 30 2015, 13:30

Otra cuestión que podemos plantearnos en el estudio de la dinámica social en el contexto post-revolucionario. Es obvio que la interpretación histórica que se elabore de los sucesos quedará condicionada por la suerte (o destino) que finalmente tuvo el proceso revolucionario. Supongamos, por un instante, que la guerra de independencia en EE.UU. hubiera fracasado, y que George Washington hubiera capitulado en alguna batalla o bien, directamente, todo su movimiento hubiera sido aplastado por una táctica militar brillante por parte de los generales ingleses. Si la revolución hubiera fracasado, qué se escribiría hoy sobre sus motivaciones, y particularmente, cómo se enseñaría a los niños en los colegios americanos (que serían aún colonia inglesa)? Obviamente, la versión oficial alternativa de los mismos hechos reinterpretaría las causas como una sedición sin justificación moral de un puñado de rebeldes traidores en contra de la poderosa y magnánima corona británica, y hasta puede que se usara el calificativo moderno de "terrorista" contra Washington. Volviendo a la historia tal y como realmente ocurrió, es muy patente cómo se adoctrina a los jóvenes americanos en defender el movimiento revolucionario de sus antepasados desde la motivación de la defensa del patriotismo del pueblo autóctono americano contra el despótico gobierno colonial del tirano Jorge III, los ideales legítimos de emancipación y libertad, así como la gloriosa fundación de una república democrática. Bajo mi punto de vista, en este ejemplo particular que he escogido, pienso que las verdaderas razones que impulsaron la revolución fue la explotación económica de las colonias mediante una subida generalizada de impuestos, de manera que los británicos aumentaran sus arcas monetarias (al menos, por un tiempo) a expensas de una moderada pérdida de confort en sus colonias de ultramar.
De nuevo, la teoría de la pirámide de Maslow explicaría las verdaderas causas de la revolución (como ya señalé anteriormente), y sólo a posteriori se dan las justificaciones idealistas que se asocian con el proceso revolucionario; en este caso, los americanos siempre afirman que se trataba innegablemente de la causa por la libertad humana. Otro ejemplo moderno lo podríamos tomar del conflicto israelí-palestino; de un lado, la injusta ocupación territorial por la violencia sin miramientos hacia los derechos humanos, del otro, la protección de un pueblo culto y avanzado contra el ataque repetido de unos terroristas incivilizados y fanáticos. Como siempre, la versión oficial de los hechos será la que escriban los vencedores, siendo la otra condenada activamente al olvido.
A este respecto, me parece oportuno señalar, que no solamente los vencedores de una revolución o conflicto bélico manipulan la interpretación de los hechos que se establece desde el bando contrario (con cualquier atisbo de legitimidad completamente desautorizado); no se debe menospreciar o ignorar la manipulación que también se da internamente. Así, yo observo las siguientes tres características: primero, la causa propia queda realzada por la defensa de ciertos valores supremos escogidos y un ligamiento con una especie de deber ético y/o patriótico, al menos por parte de un grupo; este punto también cumple la misión de dejar libre de toda mácula de inmoralidad a la causa propia, porque cualquier exceso cometido es legitimado desde su lógica interna, que le exime de responsabilidad al entenderse que aquello se trataba de los medios precisos para lograr el fin de la victoria. Puesto que el éxito de la victoria equivale a la realización de los ideales seleccionados, y de este modo, la intención final (idealista, incluso moralista) es lo que cuenta.
Segundo, en general se da lo que en psicología se llama "hindsight bias" (prejuicio de retrospectiva), de manera que en la etapa post-revolucionaria o post-bélica se confiere un carácter de "destino" (en el sentido de inevitabilidad) a los sucesos de desencadenaron el movimiento de reacción de la causa propia (por ejemplo, desde el marxismo: el capitalismo es una etapa histórica y económica de la humanidad que está destinada a ser superada porque su propia estructura es deficiente, y por tanto, debe coadyuvarse en su fin); de esta manera, puesto que los hechos previos al estallido estaban "destinados" (o predeterminados) a suceder (en retrospectiva, resulta fácil engañarnos suponiendo que entonces "se veían venir"), el movimiento de la causa propia también queda impregnado de cierto carácter de realización providencial, es decir, "lo que nuestro movimiento realizó es exactamente lo que la Historia determinaba o demandaba que debía hacerse ante determinadas circunstancias", lo cual, además, sirve de justificación adicional al primer punto (nuestra actuación fue una necesidad histórica).
Tercero, el modelo social, económico y político anterior al movimiento revolucionario era una plaga infame con la que había que acabar (para ello se presentarán las evidencias necesarias, que pecan de cierta parcialidad pero no necesariamente están siempre tergiversadas), de manera que el movimiento de insurrección no sólo ha mejorado (o totalmente corregido) los problemas, abusos y desventajas del antiguo sistema, sino que prácticamente ha hecho una tarea "humanitaria" a la que las generaciones futuras (u otros pueblos) deben estar agradecidos, así como ser educados (desde la versión oficial) a fin de seguir su mismo ejemplo e ideal social ("sistema operativo social"). Este último punto no necesariamente implica o desemboca en el consiguiente establecimiento de una dictadura (recordemos el citado ejemplo de la revolución por la independencia en EE.UU.), aunque numerosas ejemplos podrían mencionarse en esa dirección (la China de Mao, la España de Franco, etc.).
Finalmente acabo con que se me antoja que a la Historia le ocurre a menudo, y particularmente en el caso que nos ocupa de las revoluciones y conflictos sociales, como a un viejo lienzo, en que el tiempo ha borrado partes de su superficie o alterado su coloración, y debe así ser "restaurada", de manera que se aprovecha para que la versión oficial que los historiadores del nuevo régimen o época presenten al público sea aquella que coincida precisamente con la educación ("sistema operativo mental") conforme a la vida bajo ese régimen: la Historia nos refleja así a nosotros mismos (como un espejo), o sea a la configuración de nuestras propias mentes, y no tanto a los hechos objetivos (como Stalin, que reescribía los libros sobre la revolución rusa borrando las fotos de Trotsky).
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Mensaje por izurdesorkunde el Sáb Mayo 30 2015, 15:07

Comparto. A menudo la "historia" ha sido un medio de manipulación, y la instrucción en las escuelas al respecto es significativa. Como no se analice con sentido crítico y bebiendo de diferentes, y opuestas, fuentes...
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Mensaje por Hamlet el Dom Mayo 31 2015, 00:56

Como explicaba, la causa más común de las revoluciones debe buscarse en las necesidades insatisfechas de la pirámide de Maslow, al menos para un sector base de la población (tradicionalmente, la clase trabajadora). Las clases más pudientes normalmente son conservadoras pues, naturalmente, les interesa mantener la vigencia del modelo socio-económico imperante, en cual gozan de un gran nivel de confort (el capitalismo es el ejemplo paradigmático de tal modelo clasista, pero evidentemente no es el único; por ejemplo, en el antiguo Egipto no existía la moneda o el libre mercado como hoy se entienden, pero innegablemente se conformaba en una sociedad clasista).
Sin embargo, a riesgo de caer en un análisis demasiado simplista por los estereotipos que acompañan este tema, tampoco olvidemos que existen excepciones a estas afirmaciones generales (pueden darse varios contra-ejemplos históricos). Así, incluso la promesa de colaboración que se presta al Poder en la preservación del orden social desde las clases superiores no es regalada sin más, sino una especie de pacto condicional (más allá del elemento obvio ya señalado del interés egoísta para determinados estamentos): así, puede producirse una pérdida de apoyo al status quo por parte de los "patricios" en caso de que ciertos privilegios sean derogados o que, incluso sin intención real, se sientan de alguna manera traicionados -por ejemplo, sancionadas en lo económico, mediante el pago de impuestos adicionales, o debido a una expropiación patrimonial- por la cúpula oligárquica que gestiona el poder del Estado, i.e., el único estamento social aún superior a éstos (dado que también pueden legislar, si lo requieren, en su contra). Este tipo de situaciones no se observa por lo común (aunque históricamente han existido) porque el pacto roto también se lo cobra la clase superior, siendo aquella con mayor poder económico e influencias (al ser la que mejores contactos posee) para devolver el golpe al gobierno, y de forma más extrema, si es necesario, para derrocarlo por uno nuevo con el que las relaciones se vean más amistosas y los privilegios se mantengan como están (o incluso mejoren, si se negocia que el impulso concedido para la entrada al poder es a cambio de la regalía de unas prerrogativas extra... la Banca podría ser un ejemplo moderno en este sentido en todo el mundo occidental, del mismo modo que en otros tiempos no muy lejanos lo fue la Iglesia Católica, que aún se mantiene como "casta").
Aparte del anterior, puede mencionarse un segundo factor como detonador mayor de una revolución: la lucha contra un poder hegemónico que se percibe como acaparador de los recursos propios y que, con cierta arrogancia, se legitima a sí mismo para llevar a cabo tal explotación. Un ejemplo para ilustrar este caso podría ser el de una invasión por una potencia extranjera mediante la conquista militar; por ej., la conquista de España por la tropas de Napoleón y la consiguiente revolución popular contra el invasor francés. Esa dominación (que no necesariamente se reduce a lo militar, de hecho, ni siquiera lo precisa) en que no existe un consentimiento abierto por parte del pueblo toma rápidamente el carácter de movimiento revolucionario; la clave está en que los actos que realiza esa potencia (que también puede ser nacional, interna al país, no necesariamente extranjera) se interpretan como una especie de robo (quizá debería decir, de saqueo), en que se toman los frutos del trabajo ajeno (y en general, la riqueza y recursos que disfruta un grupo, por limitados que sean) para el beneficio propio sin que se vea un derecho claro para ello como justificante ("ahora esto es mío"). Por simplificar, esta clase de levantamiento revolucionario por oposición no es cualitativamente muy distinto de la reacción de aquél hombre que ve entrar a un ladrón una noche a su casa y saca un bate de béisbol para echarlo a golpes; los españoles haciendo la guerrilla contra napoleón, o los iraquíes contra los americanos, es básicamente lo mismo, una revolución frente a una especie de parásito que viene a sacar lo que pueda, y a no entregar nada a cambio (basta con que se perciba así por el pueblo llano, ni siquiera tiene por qué ser esa la intención del agente "explotador" que enciende la revolución en su contra).
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Mensaje por homo divergenticus el Mar Jun 02 2015, 12:55

Cuidado con no caer en la trampa de las mediciones parametricas de los "niveles socioculturales", lleva a la discriminacion y la exclusión social. Se usan en política, pero en sociología y antropologia seria un error epistemologico y metodologico infantil.
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Mensaje por izurdesorkunde el Mar Jun 02 2015, 16:15

pishhh, Además de la sociología y la antropología hay más ámbitos de conocimiento. Además del rabo y la trompa el elefante tiene patas, cuerpo y cabeza.

Me da que las revoluciones no suelen ser pacíficas, ya que los que ostentan la situación más comoda se resistirán a perderla. Y la paciencia de los que están en la situación más precaria tiene un límite.

Recuerdo que al inicio de la "democracia" en el estado español se hablaba de reforma. Otros requerían una ruptura, que no se dió, por supuesto. De aquellos lodos vienen estos cenagales. Ahí tenemos a una noble señora temiendo por la "democracia" al ver peligrar sus cotas de poder.
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Mensaje por homo divergenticus el Mar Jun 02 2015, 18:37

Cuanta violencia, yo creo que ven los elefantes doble.

Gandhi, Mandela, Martín Luther King, las revoluciones contra la discriminacion sexual y racial, la imprenta,las nuevas tecnologías, los nuevos modos y maneras de hacer familias, los medios de transporte, las rutas migratorias, catástrofes naturales, crisis económicas, la caída del muro de Berlín, las revoluciones culturales, el respeto a los derechos de los indígenas, la alfabetización,etc...son muchas las formas, maneras y factores que intervienen en las revoluciones, en la actualidad y en el pasado.
Es un tema muy interesante que invito a seguir desarrollando sin violencia, discriminacion y exclusion, que por alguna razón, a veces, veo en miembros del foro.
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Mensaje por Hamlet el Dom Jun 07 2015, 16:29

Una revolución no necesariamente implica la consecución de unos determinados fines políticos y sociales mediante la práctica de la violencia, aunque en el imaginario popular (especialmente entre la derecha más conservadora) la asociación es tan fuerte, que prácticamente se vuelven sinónimos. Sin embargo, la historia nos muestra numerosos ejemplos de cambios revolucionarios no violentos (o, si acaso, mínimamente): la victoria de Gandhi sobre el imperio británico (precisamente caracterizada por la doctrina de la no-violencia), la reciente primavera árabe en multitud de países contiguos (con la excepción de Siria; en Líbano fue incluso legitimada por observadores internacionales), el movimiento de la izquierda americana en "Ocupemos Wall Street", la "spanish revolution" (el 15M), la lucha por los derechos de los negros en EE.UU., etc. Por otro lado, en otras revoluciones, como las de 1848 en Europa, las protestas de la plaza de Tiananmén en Pekín en 1989, o el mayo del 68 en París, la revolución (fracasada) se ha caracterizado más por la violencia (a menudo desmedida) perpetrada por las fuerzas de autoridad y represión del Estado antes que lo contrario (esto es, por parte de los revolucionarios); en Tiananmén, particularmente, se cometió una masacre que incluso hoy es silenciada por el gobierno chino. Por tanto, el mito de que la revolución implica sistemáticamente el ejercicio de la violencia (por parte de los revolucionarios), sin excepción, es algo que se puede contraatacar simplemente usando los libros de historia. Después, si se comete la falacia de que nos respondan, "si el movimiento social por el cambio de modelo no fue violento, entonces, no puede tacharse de revolucionario", el debate está trucado para dar la razón a nuestro contrincante simplemente por la definición del término "revolución". Tomemos, por ejemplo, la lucha por la conquista de los derechos civiles para las minorías étnicas en EE.UU. (particularmente, pero no únicamente, los negros) que fue, por lo general, no violenta (la excepción fue los "Panteras Negras", si bien yo considero su actuación más de violencia defensiva que proactiva: los abusos de la policía racista por entonces llegaban a veces a auténticas palizas brutales). Sin estas luchas civiles, sería imposible que hoy hubiese un presidente de ascendencia africana en EE.UU. (aunque la madre de Obama era blanca): entonces, ¿no fue acaso una revolución social?, ¿quién se cree que los sectores conservadores, particularmente en estados como Texas, jamás hubieran permitido un mínimo avance en este sentido? Situémonos en el pasado y en el presente: ha habido una notable revolución en este sentido, se haya llegado a ella por el camino que fuese.
De este modo, la acepción que se entienda pues por movimiento revolucionario condiciona la respuesta que podamos dar a la pregunta de si toda revolución es violenta. Por otra parte, tenemos otros casos históricos en que se ha empleado el término revolución (en mi opinión adecuadamente) y que no acarrearon (al menos directamente) ningún acto violento por sí mismo: las dos revoluciones industriales (actualmente podríamos estar viviendo la tercera), la revolución del neolítico, la revolución de las telecomunicaciones, la revolución copernicana, etc. Cabe pues buscar una definición general para la palabra revolución, en lo cual no es fácil que todos nos pongamos de acuerdo, pero yo daría la siguiente: "todo cambio de un sistema operativo social, económico o político a uno nuevo, normalmente acompañado de un paradigma ideológico concomitante que lo sustente". Desde esta acepción, la transición española sería, en efecto, un proceso revolucionario (en general pacífico), al igual que el fin del modelo del bipartidismo en la política nacional (que parece ya obsoleto de forma irreversible).
La revolución, mucho antes que en las armas, se sustenta en las ideas (que evolucionan, se corrigen, buscan sus propios puntos flancos, etc), es decir, en lo que yo denomino un sistema operativo mental. Es decir, para hacer una revolución, lo fundamental no es irse a las selvas latinoamericanas a pegar tiros para liberar adrenalina (como se puede caricaturizar desde la ignorancia, por ejemplo, a figuras como Che Guevara), sino tener muy claras una serie de ideas de reforma social por las que se quiere trabajar (que a veces pueden ser radicales con respecto al modelo anterior, o suponer una transición social más o menos abrupta). Una cosa son los fines, y otros los medios. El medio revolucionario puede (o no) ser violento, pero la revolución se trata ante todo de llegar a una meta social, que como expliqué anteriormente, nace por una desatención sostenida (a veces, incluso a propósito, para favorecer a las élites sociales) hacia determinados sectores sociales, que históricamente son principalmente del sector primario. Como reacción, y debido a la teoría de la pirámide de Maslow aplicada a un conjunto social (éste punto ya lo expliqué en detalle), se desencadena o reclama el estado revolucionario. Así de bien lo ejemplificaba el líder revolucionario mejicano Emiliano Zapata: "El capitalista, el soldado y el gobernante habían vivido tranquilos, sin ser molestados, ni en sus privilegios ni en sus propiedades, a costa del sacrificio de un pueblo esclavo y analfabeto, sin patrimonio y sin porvenir, que estaba condenado a trabajar sin descanso y a morirse de hambre y agotamiento, puesto que, gastando todas sus energías en producir tesoros incalculables, no le era dado contar ni con lo indispensable siquiera para satisfacer sus necesidades más perentorias". La esencia de la motivación revolucionaria (la pirámide de Maslow, su reajuste hacia un modelo social de corte más justo), perfectamente resumida: cuando el Estado se establece en clases que no se contentan meramente con gobernar y controlar (mediante distintos mecanismos) a la población, sino que además explotan activamente e incluso justifican su opresión para con las inferiores (éste es nuestro sistema operativo social: llámese feudalismo, absolutismo monárquico, capitalismo, maoísmo, etc.). A este respecto, decía Warren Buffett: "Claro que hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la que la estamos ganando".
Lo realmente triste de la Historia está en que, en efecto, la lucha de clases siempre la han ganado los privilegiados (las oligarquías que ostentan el poder, el cual puede asumir muchas formas: financiero, religioso, político, etc.), y cuando se ha hecho un intento por volcar la situación, en realidad ha acabado casi siempre de la misma manera (esto es, creando una nueva oligarquía), o peor aún, ha devenido en un sistema totalitario presidido por un dictador (la China de Mao, la URSS de Stalin, etc.). Doblemente triste entonces, pues así, en cuanto se habla de renovación social, o un partido (democrático) se identifica con la promulgación de las necesarias reformas sociales (el término revolución se suaviza para las masas en favor de "cambio de régimen" o análogos), se le tacha de "comunista" (palabra que, por otro lado, no equivale a una definición real, sino simplemente a dictadura de "izquierdas" como las propias del siglo XX), y sin falta, se trae siempre el ejemplo manido del terror revolucionario, lo cual hace que las oligarquías ("castas" o como prefiráis) se partan de risa y aplaudan motivadas: ya son otros quienes les hacen el trabajo por la defensa del sistema operativo social actual, que por muy malos que sean ellos, como decía Sartre, "el infierno son los otros". El sofisma es: Transición de régimen->revolución->"comunismo"->ruina social (y/o moral), por consiguiente, el mejor aliado histórico propagandístico de los conservadores son precisamente los que ellos declaran sus enemigos (paradójicamente), dado que en ellos se basan para defender el inmovilismo de su modelo.
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Mensaje por Hamlet el Sáb Jun 13 2015, 18:19

La siguiente cuestión que podemos abordar son los diversos factores que coadyuvan en el apoyo al proceso revolucionario, con el objeto de su triunfo. En un principio, toda revolución es obra (al menos intelectual) de una minoría, la que se identifica con los oprimidos, o más generalmente, con las bases productivas de la sociedad, si bien no es necesario (en contra del estereotipo) que sus protagonistas pertenezcan todos a aquellos estratos más desfavorecidos. Por ejemplo, figuras históricas de gran importancia vinculadas a los movimientos revolucionarios, como Lenin, Engels o Kropotkin, en realidad provenían de familias con una posición social más que holgada (en el caso de Kropotkin en particular, tenía parentesco directo con la nobleza rusa). Pero si bien los inicios de todo cambio de régimen son modestos al concentrarse en un grupo minoritario (por ej., en la transición española, o la revolución cubana), eventualmente el fenómeno puede alcanzar unas cotas de popularidad tales que sus principios ideológicos se vuelven virales, y por tanto se constituyen como el nuevo sistema operativo social. Las tornas se invierten, y quien bajo el régimen anterior podía ser acusado como traidor (por otra parte, con toda razón), se puede percibir ahora incluso como referente ético o modelo de conducta a imitar (esto es particularmente aplicable a los dictadores que ganan un golpe de Estado, como Franco, Pinochet o Videla), o viceversa; similarmente, aquellos que antes podían ser tildados de sediciosos, parias, o inconformistas (en el sentido peyorativo, de protestar contra las normas sociales del régimen) pasan, tras el cambio revolucionario, a ser festejados como héroes nacionales, "sangre" de la patria, o columna vertebral esencial del nuevo régimen (por ej., aquellos militares alemanes minoritarios que intentaron atentar contra Hitler; fusilados por rebeldes traidores durante la guerra, denostados por los militares fieles al Führer, pero después de la guerra son "héroes" contra el terror nazi; otro ejemplo serían los cristianos echados a las fieras en el circo romano, y después mártires cuando ocupan la posición de religión oficial del imperio romano). De aquí extraemos una lección muy esclarecedora, que se repite numerosas veces en las revoluciones: la valoración atribuida a una figura perteneciente a un grupo, o a un grupo en general, ante un determinado comportamiento está en función del sistema operativo social desde el que se enmarque nuestro juicio (incluso sin necesidad de distorsionar los hechos). Por ejemplo, Luis XVI es el mismo monarca, pero la opinión políticamente correcta para las autoridades del régimen acerca de este personaje son muy distintas entre 1788 y 1793; no cambió el objeto de percepción, sino el ángulo o perspectiva en que deseaba contemplarse, dando con ello lugar a un discurso completamente nuevo para interpretar al mismo personaje y a sus acciones. Qué mayor evidencia de que una revolución ha tenido lugar.
Por tanto, el primer punto que extraemos de este análisis para consolidar una revolución reside en que ésta ha de ser capaz de crear unas "lentes perceptivas" nuevas para interpretar la realidad, un sistema operativo mental del que se desprenda un discurso con unas conclusiones que son la consecuencia natural de seguir los principios axiomáticos del paradigma que los guía; por ejemplo, "el orden social / la democracia, con sus derechos y libertades civiles / el libre mercado (en un sistema capitalista) / el poder de la Iglesia Católica (en la Europa del medievo)... es el elemento más importante que debemos fomentar y salvaguardar en la sociedad, constituyendo la base misma de la pirámide de Maslow que se desea establecer para el nuevo régimen" (y sucesivamente para los siguientes escalones). Así se va tejiendo una estructura de pensamiento que legitimará automáticamente la revolución, pues los fines revolucionarios son precisamente coincidentes con la nueva pirámide de Maslow del régimen que se pretende instaurar. Con ello, la revolución realmente se implanta como nuevo sistema operativo social, pues entró como nuevo sistema operativo mental mayoritario en primer lugar. Éste primer punto es condición absolutamente indispensable que los revolucionarios deben conseguir, si se quiere un régimen que pueda sobrevivir sin necesidad de que las nuevas autoridades hagan uso reiterado de la fuerza para asegurarlo. Así, qué mejor forma de evitar el derrocamiento de la revolución y mantener el nuevo régimen que el hecho de tener el apoyo del pueblo en tu favor, obvio pero conveniente de recordar; la forma de lograrlo, como digo, consiste en ganar el discurso dialéctico a los grupos de reacción/conservadores, pero para ello, el diseño renovado de la pirámide de Maslow social que se proponga debe resonar con los sentimientos y necesidades de la población (al menos, de los sectores para los que pretendes gobernar); cuánto mayor resonancia en este sentido (un programa político no es sino una pirámide de Maslow disfrazada), mayor grado de apoyo se conseguirá.
El segundo punto que ayuda al triunfo revolucionario son las circunstancias históricas, esto es, el telón de fondo en que se desenvuelve la acción de los actores revolucionarios. Una interpretación adecuada del "zeitgeist" (espíritu de los tiempos, en alemán) concurrente, bajo el marco del sistema operativo mental que se propugna, es un elemento de inmenso valor para la defensa de los valores revolucionarios. Este punto lo entendió claramente Marx, quien además de diseñar un modelo social nuevo (el cual, a fecha de hoy, nunca ha sido realizado tal como él lo explicaba; por mencionar un sólo ejemplo, la mal llamada comunista China es tal vez el campeón mundial del capitalismo), hizo una incisiva y en general muy brillante crítica a la Europa de sus tiempos. La clave consiste en justificar, desde un análisis del panorama histórico que lo respalde, por qué la reorganización de la pirámide de Maslow propuesta desde el nuevo sistema operativo mental/social es la respuesta adecuada a los tiempos concurrentes. Todo régimen debe ser entendido bajo el marco histórico en que se gesta y desarrolla; al igual que observando las aletas de pez podemos deducir que vive en el agua, o por los dientes de un animal que debe ser un carnívoro, también puede hacerse otro tanto con el tema que nos ocupa, y por ello observar las razones por las que la ordenación de la pirámide de Maslow que proponen los revolucionarios tienen sentido (mayor o menor) bajo el contexto histórico en que se da (un ejemplo sencillo: para los historiadores del futuro, por qué se aprueba bajo la administración Bush el Acta Patriótica -independientemente de estar o no en acuerdo-, no puede entenderse si se ignorasen los sucesos terroristas del 9/11). Los artífices de la revolución deben ser conocedores muy agudos de su tiempo, si bien antes bastaba con el panorama nacional, en el mundo globalizado actual la situación acaba por incluir cada vez a mayores regiones del globo. La pirámide de Maslow social propuesta ha de guardar un sentido concordante bajo la interpretación del zeitgeist histórico que se elabora desde el sistema operativo mental de los revolucionarios (por ejemplo, el anticomunismo de la guerra fría que fomentaba EE.UU. tuvo sentido durante la existencia de la URSS como fuerza hegemónica antagónica; la propaganda podría usarlo a su favor como fuerza de "necesidad" para mantener su régimen, y para ello nada mejor que tener un enemigo declarado y amenazante ante las masas, sea éste real o más o menos imaginario). Asimismo, también debe entenderse que si las circunstancias históricas cambian por la evolución natural de los tiempos, la pirámide de Maslow social lo hará en sincronía, y que las fuerzas en el poder deben ser muy conscientes de este hecho para hacer los ajustes oportunos, ya que los regímenes "fósiles" (anacrónicos) mueren, y es entonces tiempo en que la población puede desear o exigir una nueva revolución.
El punto final que deseo resaltar (no pretendo decir con ello que no existan más) son las alianzas, es decir, los grupos de apoyo. Naturalmente, en el caso de un derrocamiento violento, de tipo militar, se trataría de alianzas combativas, sin embargo, uso el término en el sentido más general posible: alianzas financieras, políticas, religiosas, etc. En general, el aliado lo es porque deriva de ello una ventaja o beneficio (incluso aunque sea a largo plazo), dado que recibir ayuda de otro sector en estos contextos nunca se hace por puro altruísmo desinteresado, sino por una motivación que el aliado espera que redunde en su favor. La mejor alianza es la que consigue que para todas las partes los fines revolucionarios (en su acepción más amplia, de cambio de régimen) signifiquen asumir una dirección cuyas consecuencias deriven en que todos satisfagan sus respectivas pirámides de Maslow al unísono (las cuales, obviamente, no tienen por qué las mismas para todos); de esta manera, no hay posibilidad de traición, o de que uno se "baje del carro" antes que los demás (cuando éste ya ha obtenido lo que quería, y el aliado es desechable, lo cual genera rencores posteriores que pueden ser, quizá, rebotados cuando menos se espera). Para buscar un aliado, no es necesario que éste comparta el sistema operativo social defendido punto por punto (obviamente, sí debe haber cierta simpatía), pero al menos, la interpretación del zeitgeist histórico debe ser común para ambos, elemento sin el cual la comunicación se vuelve muy difícil (es decir, las partes deben estar conformes en la interpretación que se da a los sucesos históricos concurrentes, el marco en que transcurre la revolución). El aliado puede serlo sólo durante la revolución, o también después (sobre todo si es un aliado nacional), en cuyo caso, sólo se mantendrá su apoyo (caso que éste sea necesario) mientras sus exigencias (desde su pirámide de Maslow) estén satisfechas, lo cual en la práctica se resume en constituirse en una fuerza de poder sobresaliente (con prerrogativas varias) dentro de la nueva estructura social; el aliado también quiere su parte del pastel.
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Mensaje por eisoaleceia el Dom Jun 14 2015, 01:37

Comparto lo que decís. De hecho, lo que me asusta es que parece que hay una unanimidad escalofriante. No he escuchado o leído a nadie que diga lo contrario. Un profesor de economía de la complutense decía que se aproximaba una inmensa revolución, al no haber potencias oponentes.

Parece que el terreno de batalla toma la forma de una gigantesca guerra de clases y, como se apunta en la pirámide de Maslow, por hechos que son crecientemente más prácticos y visibles y ello acentúa el descontento, que antes se basaba en diferencias teóricas con el poder.

El "enemigo" no es tan concreto como en épocas pasadas, a excepción de las Revoluciones antiseñoriales, la Revolución francesa o la Revolución rusa, en las que una clase social emergente le disputó el gobierno a la que regía con anterioridad. Una clase media fuerte puede ser un buen indicativo de éxito (como lo fue la burguesía en el caso francés, por ejemplo), pero también un fuerte empoderamiento de la clase popular (dictadura del proletariado, sean cuales fueren en Rusia sus consecuencias, como la dictadura estatal en la que resultó, pese a contemplar garantías de necesidades básicas). Actualmente, en España, creo que asistimos a lo segundo. La clase media está hundida.

Este "empoderamiento" bebe de corrientes teóricas y filosóficas (Hessel, Zizek,... muchas), así como de un precedente importante de asamblearismo en el siglo anterior. Pero las clases altas tienen hoy unos mecanismos de control de los que carecía la vieja nobleza del XVIII. Controla incluso nuestras mentes, datos, estilo de vida, medios informativos. Juega al engaño y al secreto a niveles nunca antes existentes. El pueblo desconoce dónde tiene exactamente la tela de araña y la casta capitalista teje y teje para proteger sus intereses. Creo, como Virilio, que la guerra de hoy es de información y lo que me preocupa es que el daño de la misma avanza y no se recupera nunca. Me refiero a la ecología y a la "paz necesaria" que mencionó Gandhi.
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