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¿Una sociedad sin normas?

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¿Una sociedad sin normas? - Página 3 Empty Re: ¿Una sociedad sin normas?

Mensaje por Hamlet el Mar Abr 07 2015, 21:53

Lo comparto, Yves.
Esta teoría de los programas mentales, y la sociedad que nos rodea como la "neuro-programadora" (incluyendo, según el hilo principal del post, la definición de qué son las normas sociales), la puedes extender a diversos ámbitos, y te ayudará a entender multitud de cosas. Igual que cuando sintonizas una cadena de radio o televisión hay un proceso de recepción de sólo una diminuta parte del espectro de frecuencias de las ondas EM que recibe la antena, tu cerebro hace un fenómeno similar (a su manera). Cuando me subía al coche de un taxista, y éste sintonizaba la Cope o la SER (según la inclinación ideológica de cada cual), pensaba que realmente ante todo es el cerebro humano, no la antena de radio, quién se está sincronizando con el mensaje que recibe. Un neuro-programa mental que recibe información que "masajea" las neuronas al compás de la misma vibración natural en que ya existen, produciendo así una especie de resonancia, que físicamente se manifiesta por algo como asentir con la cabeza o exclamar "tiene toda la razón!".
Son cerebros que procesan la realidad mediante los mismos programas (la realidad no es nada sin una interpretación, pero ocurre que a menudo los mismos datos admiten una infinidad de soluciones), y que así buscan un refuerzo, que ya les da "mascada" la información según el sistema operativo mental particular, para que baste sólo con ser recordada posteriormente. Así, no es necesario pensarla (opinar, indagar, reflexionar) más. El cerebro del usuario ya sabe, en virtud de su procedencia, que vibra a la misma frecuencia que sus programa, por lo que no necesita mayor chequeo: se almacena como los polluelos del pico de sus madres, ya viene masticado, sólo queda deglutir para adentro.
Fijaos: el sistema nervioso opera de manera similar al digestivo. Le llega un input externo, y debe pre-procesarlo (mascando, degustando a qué sabe) antes de incorporarlo, en su estructura molecular, al organismo. Las neuronas son iguales: cuando llega un input de información, necesita ser atentamente examinada, interpretada y comprendida, para así poder ser memorizada (integrada) en nuestro cerebro. Como veis, es un paralelismo evidente: el cerebro hace con la información lo que el aparato digestivo con la materia orgánica. Puesto que el cerebro opera según la ley del mínimo esfuerzo (para así ahorrar energía), le resulta mucho más cómodo recibir la información de una canal de información que ya esté sujeto al mismo sistema operativo mental que el sujeto: de manera que la parte de preprocesado mental es minimizada (todas las opiniones en cuanto a la información en sí, ya nos las dan externamente; basta sólo asentir, pues sabemos que nosotros llegaríamos al mismo punto -si lo intentáramos), y por tanto, como os decía, es como el polluelo, la parte difícil está hecha por dientes análogos a los nuestros, sólo queda pues tragar (a la memoria, "hechos" -que en sí no son nada, la realidad externa es imparcial- con su interpretación según el neuro-programa de elección).
Pero imaginaos que ponemos la cadena de TV o radio equivocada: el cerebro se pondría a tope de trabajo, primero para refutar, segundo porque en realidad, no quiere ser remodelado aunque deba admitir que ciertas cosas ajenas suenan, a veces, razonables (cambiar de sistema operativo requiere un drástico cambio neurológico; no se muda de piel así como así). Aunque desde el punto de vista de la plasticidad, lo ideal sería conocer múltiples sistemas operativos para tener una visión lo más completa posible (y además, es muy bueno para estimular el cerebro debatir con alguien que no comparta neuro-programación); sin embargo, por las razones antes aducidas (ahorro energético para el cerebro), en la práctica a muchos parece que lo del "metaprograma" depurativo no les compensa en absoluto (se cuenta que Galileo le ofreció a un sacerdote del Vaticano examinar los cráteres de la Luna, a lo que éste contestó: "no, eso podría contradecir la interpretación aristótelica del universo"... qué cómodos son los programas mentales, incluso aunque reconozcamos que nos ponen una camisa de fuerza!).
Mi consejo es: salgamos de nuestra zona de comfort neuromental, incursionemos en sistemas operativos mentales nuevos, que rompan los esquemas que familiares que conocemos: ni siquiera por aceptarlos -yo elijo como programa la metaprogramación, el análisis de todos los programas-, sino fundamentalmente por el favor que nos hacemos a nosotros mismos al descubrir que nuestro sistema mental no es el Sistema de funcionamiento universo (sólo las gafas mentales con que observamos, teñida y distorsionada a nuestra conveniencia, la "realidad"). En la mayoría de los casos, apenas unos códigos mentales (útiles con mayor o menor acierto) surgidos en un parpadeo de la historia humana y para un contexto geopolítico y social extremadamente restringido ("todo por el Führer y Alemania!", "nuestro faraón es el decimotercer dios", "la esclavitud es necesaria" -Aristóteles-, "el régimen de la transición ha llegado a su fin"... ).

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Mensaje por Odiseo el Mar Abr 07 2015, 22:38

Hay un programa más allá del metaprograma. Si necesitamos o queremos analizar todos los programas que conocemos o lleguemos a conocer para un cierto fin, debe fabricarse un programa para eso: un metaprograma. Pero ¿qué lo fabrica y cómo lo hace? ¿Ese que está más allá del metaprograma será ese mismo al que se refiere Yves cuando dice que hay que dejarse caer y envolverse por otros programas? ¿O será que ese meta-metaprograma está en constante reciprocidad con el metaprograma o que surge del mismo metaprograma? El cerebro es la gran fábrica, pero hablamos de programas que surgen desde apenas una parte del cerebro con elementos exógenos involucrados.

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Mensaje por Odiseo el Mar Abr 07 2015, 22:53

Estamos hablando desde lo cognoscitivo, ¿verdad? Lo exógeno es lo que no viene dado al intelecto (sujeto) a priori; y lo que es propio es su aparato cognoscente, lo dado a priori, la forma de entendimiento, lo cual no tendría sentido/finalidad si no se aplicara en lo objetivo. Es como si fuese el espejo donde refleja y se refleja lo exógeno; lo endógeno sería el espejo mismo. ¿Recuerdas la frase de Aristóteles que variaste?: Nada hay en el intelecto que antes no haya pasado por los sentidos, excepto...

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Mensaje por Odiseo el Mar Abr 07 2015, 23:16

Pues el ejemplo que puse es porque de ahí se desprende lo que conocemos como reflexión, que es una metáfora de esta acción. De ahí que estemos reflexionando sobre las normas.


excepto...
excepto el mismo intelecto?

No sé si lo dices o lo preguntas por tu buena memoria, o porque lo has deducido sin apelar a tu historia. :D

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Mensaje por Hamlet el Vie Jun 26 2015, 22:04

Los sesgos cognitivos, en lo que se refiere a su estructura, no son programas mentales que el entorno socio-cultural instale, sino que por así decir, ya vienen preconfigurados "por defecto" en el cerebro humano (como resultado de nuestra evolución como especie, que engloba también la psique, no sólo la anatomía exterior). Empero, la tarea que la sociedad realiza, particularmente dentro de aquellas autoritarias o totalitarias, es aprovechar y alimentar la existencia de estos sesgos cognitivos para darles un contenido o una dirección de acuerdo a la doctrina socio-política dominante. Por ejemplo, la psicología social ha demostrado que poseemos una tendencia psicológica natural para la segregación e incluso deshumanización de los "outsiders" de nuestro grupo (cualquiera que éste sea), y al mismo tiempo, para favorecer y estrechar lazos con aquellos miembros que sí pertenecen a nuestro grupo. Dicha tendencia psicológica se puede utilizar con fines políticos desde los gobiernos (o estamentos del poder en general), y la historia demuestra que funciona con extrema eficiencia (a pesar de ser realmente una herencia de nuestros antepasados prehumanos, donde aquellos comportamientos suponían manifiestamente unas ventajas para la supervivencia). Es de suponer que mientras seamos humanos, estos sesgos psicológicos seguirán surtiendo efecto en nosotros (esto es, las masas seguirán siendo igual de manipulables que hasta ahora), pese al drástico cambio del ambiente de la sabana africana respecto a la sociedad tecnológica moderna. A pesar de nuestras maravillas tecnológicas, seguimos cayendo una y otra vez en estos sesgos, que quienes nos tienden (desde el poder institucional, incluyendo también los medios de comunicación y todo lo relacionado al marketing) conocen perfectamente.
Por ejemplo, la "Santa" Inquisición usaba el capirote del sambenito contra los herejes para su escarnio público en las calles y plazas, antes de ser encarcelados o directamente prendidos en la hoguera (por ej., Giordano Bruno lo colgó en el camino hacia su pira), a fin de que el vulgo descargase su ira y mofas contra los outsiders según aquél paradigma social; los nazis decretaron que los judíos llevasen una tela en el brazo con la estrella de David, de ésta manera los "buenos" (según el régimen) alemanes sabían con quién estaban tratando; otros casos donde se observa deshumanización no necesitan de una etiqueta simbólica adherida porque se basan en algo tan simple como el color de la piel (el racismo) o hablar una lengua que resulta ininteligible (xenofobia). Es obvio que la forma en que se manifiestan y expresan estos fenómenos es muy similar, no importa la cultura, época histórica, o identidad de los grupos enfrentados; aunque el contenido del sesgo -en este caso, "in-group versus out-group"- pueda variar, la forma es, en esencia, idéntica. La cultura dominante, con su sistema operativo social, simplemente dota de contenido a los sesgos: "odia a los... negros, comunistas, judíos, yanquis, etc. y mantente fiel a los principios socio-culturales de tu grupo". Esta maniobra le permite al poder conservar y afianzar sus estructuras socio-políticas, pues  tener a un enemigo enfrente (o mejor aún, dentro de tu nación) conlleva un efecto de mayor cohesión social interna, de "todos a una contra el enemigo", que aumenta la fuerza del grupo a expensas de disminuir considerablemente la capacidad crítica interna (el que piense diferente o se pare a reflexionar con dudas sobre el rumbo que está tomando su grupo, en ese preciso momento, comenzará a ser visto como mínimo con recelo). Por mencionar un ejemplo, la administración Bush aprobó varias leyes de espionaje a su propia ciudadanía, y de una posibilidad legal real de ser detenido y enviado a Guantánamo sin necesidad de dar explicaciones; cómo pudo suceder esto? Porque la situación de hacer la guerra contra un enemigo implica que todo el que no esté de tu parte, está contra ti, y por tanto, cuestionar las decisiones del poder en esas circunstancias precarias, es en sí mismo un acto potencial de traición y hasta de "terrorismo": el líder representa la supervivencia del grupo, por tanto, cuestionar al poder (la base misma de la democracia) supone entrar en una situación legal muy obscura.
En fin, la cultura del poder aprovecha nuestros sesgos en su beneficio, pero no tiene por qué crearlos (ya pre-existen, evolutivamente), tan sólo debe ser lo suficientemente hábil para darles una forma acorde a sus objetivos.
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Mensaje por Hamlet el Sáb Jun 27 2015, 17:58

Los neuroprogramas que las diversas culturas transfieren a sus miembros integrantes no deben ser meramente concebidos como "tareas ejecutivas", es decir, de comportarse de determinado modo según ciertas reglas (aunque también comprendan ese aspecto), sino que principalmente se constituyen como formas de percepción e interpretación de la realidad. Hasta cierto punto, incluso llegan a moldear el carácter o personalidad de sus miembros, y por ello la clase de personalidad que mejor encaja con el neuroprograma "oficial" es activamente promovida dentro de la cultura. Con el tiempo, la personalidad inculcada según las directrices del neuroprograma cultural dominante llega incluso a ser identificados como otro elemento más constituyente del sentido de identidad del grupo (una de las bases de los nacionalismos).
Los miembros pertenecientes a sus respectivas cultura formativas, sin importar cuál sea ésta, comparten pues tres aspectos clave: el neuroprograma "ejecutivo" (las normativas sociales y el comportamiento aceptado o reprobado), el neuroprograma "perceptivo" (cómo interpretar la realidad, tanto al grupo propio como a los ajenos -particularmente a los enemigos-, y qué postura u opinión adoptar respecto a cualquier tema de trascendencia social) y el neuroprograma "temperamantal" o de personalidad (qué elección de personalidad lleva a ser más admirado desde el punto de vista del neuroprograma perceptivo). Aunque establezco la división para facilitar el análisis, es obvio que en la vida real estos tres aspectos se funden sin necesidad de pensar en ellos como neuroprogramas separados, pues mantienen una interrelación que a sus miembros transmite perfecta coherencia y un sentido esencialmente unitario. Evidentemente, si se adopta una de las tres divisiones del neuroprograma cultural oficial, las demás partes han de ser también seguidas en consecuencia, o bien se experimenta la disonancia cognitiva derivada de la ambigüedad en cuanto a si se adopta o rechaza el neuroprograma pertinente, por no hablar de la presión proveniente de los otros miembros (los plenamente adeptos), que aumenta las probabilidades de plegarse por conformidad (incluso aunque existan reparos a algunas partes). Cuando algún miembro manifiesta unos tibios signos de disidencia (pues si se trata de oposición abierta, entonces, evidentemente, se procederá de forma muy distinta), basta con recordar al individuo su identidad como miembro del grupo, y por lo general, es un truco psicológico que funciona (la fidelidad se basa ante todo en que el neuroprograma del grupo se vuelve una parte integrante del sentido de propia identidad individual de la persona, y en segundo lugar, por el miedo a ser excluido, o peor, de ser tachado de traidor). Por ejemplo: "yo no estoy de acuerdo con que el presidente haya dicho X", a lo que se contesta "pero eres votante suyo, no? y además sabes que todos le secundan". "Sí,... bueno, lo tendré que reconsiderar..." (en este momento, la disonancia cognitiva tiene una alta posibilidad de, en efecto, hacer que la persona se auto-convenza para amoldar su criterio personal original al mayoritario de su grupo). Lo mismo se observa en las religiones ("como cristiano/musulmán/judío, debes hacer esto", dice el sacerdote, es decir, primero se recuerda el sentido de identidad, y después se da la orden o criterio a seguir, en ese orden -de lo cual, he sido testigo-), y en general, es un fenómeno psicológico que aparece en cualquier grupo. Los neuroprogramas culturales diversos que tenemos en nuestras mentes guían nuestras vidas de forma muy poderosa a la vez sutil, y sin embargo, para la mayoría de la gente ocurre prácticamente de forma inconsciente, como en piloto automático.
Citaré algunos casos históricos a modo de ejemplo, en cuanto a neuroprogramas de personalidad ligados a sus demás partes culturales: los nobles y aristócratas europeos de la época del absolutismo ilustrado, particularmente en Francia, la mayoría de los cuales poseía una personalidad muy parecida, con un sentido muy elevado del decoro y la etiqueta (o eso se daba a entender), cierta cultura (principalmente en materia de humanidades, algunos incluso se rodeaban de intelectuales) e interés por el arte y la música; esta "personalidad oficial" que les distinguía como clase social (esto es, como un tipo de grupo), iba ligada, invariablemente, de ideas políticas afines al régimen cultural (en este caso, del "despotismo ilustrado"), esto es, conservadoras y de apoyo a la corona y demás poderes que sostenían toda aquella estructura social piramidal. Otro ejemplo de neuroprograma cultural unido a su correspondiente tipo de personalidad sería los espartanos de la antigua Grecia, una polis fuertemente militarizada en que las tradiciones sociales educaban a sus hombres, desde niños, sobre la base de cierto modelo ideal de ciudadano: valiente en el combate, físicamente perfecto (practicaban una estricta eugenesia con los niños, dado que todos debían participar en la lucha, no podían permitirse otra cosa), ser enemigo de los los engreídos atenienses y los crueles invasores persas, y exaltado en todo lo referente a los valores castrenses; en cuanto a la mujer, básicamente sólo valía para parir, pues la educación militar (finalidad máxima de aquella sociedad) empezaba aproximadamente a los seis años.
Obviamente, no pretendo reducir al ser humano, en toda su prolija expresión conductual, a sus neuroprogramas culturales varios (política, religión, nacionalidad, etc.); es más, rechazo ese reduccionismo, como también lo hago con el de los puramente genetistas (todo lo que somos se debe a nuestros genes -los cuales, si se me permite la metáfora, son también "programas" biológicos-). Pienso que la verdad está en un punto intermedio entre los dos polos (el viejo debate "nature versus nurture"), y que sin duda los dos cuentan y son parte imprescindible de la explicación. Con esta teoría de los neuroprogramas intento sacarle toda la punta que puedo a la parte ambiental, y mostraros lo fecunda que puede ser como forma de interpretación del comportamiento humano; la cantidad de información que nos brinda pensar en los humanos en términos de cerebros portadores de todos estos neuroprogramas (para colectivos culturales, "en promedio"), incluso prescindiendo totalmente de los elementos genéticos.
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