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Fisicalismo 2.0

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Fisicalismo 2.0 - Página 5 Empty Re: Fisicalismo 2.0

Mensaje por dudainconsistente el Lun Feb 24, 2014 8:52 pm

Considero lamentable que estéis oscilando entorno a disyuntivas como: ateísmo vs teísmo, o pensamiento-científico vs pensamiento-mágico. E intentando ridiculizar, la posición “supuestamente” sostenida por otro contertulio. Aunque, en forma alguna eso sea atípico en un foro. Bueno, dejando ese análisis de lado:

Sobre mi planteo original: ------------------------------------------------------------

Entonces, ¿cualquier similitud de las posturas aquí vertidas con el realismo ingenuo, es a lo mucho: una desafortunada coincidencia {eso sí: de autorreferencial, nada}?

Entonces, ¿cualquier similitud de las posturas aquí vertidas con el realismo científico, es a lo menos: una precisa interpretación de las mismas {eso sí: de autorreferencial, nada}?

PD: ¿existirá cierto grado de circularidad en el modelo neurocientífico de la mente (neurociencia cognitiva), ya que según parece: el cerebro es tanto fuente (sustrato), como producto (interpretación consciente - mental -), de sí mismo?

Sobre una de sus aristas: -------------------------------------------------------------

Entonces, ¿la Tierra, es el centro de expansión del universo observable?
Si aceptamos el principio cosmológico (principio copernicano: no se observa centro de expansión) junto a la expansión métrica del espacio (ley de Hubble), concluimos que: no se observa – análisis de imágenes del WMAP – un centro de expansión en el universo observable – mismo que resulta ser: isotrópico a grandes distancias –; encontrándose actualmente en expansión métrica acelerada de su espacio.
Síntesis: desde cualquier punto del universo observable, observarías que todo se aleja de ti a una velocidad directamente proporcional a su distancia.
Nota: desestimando errores residuales – no detectados – en los instrumentos del WMAP y fuentes contaminantes de microondas no detectadas en la vecindades de nuestro sistema solar.

Obviamente, no tomo en consideración la velocidad peculiar de cada objeto del universo observable. Y si mal no he entendido o recuerdo: el BB, no fue una explosión – una analogía más representativa sería: una expansión métrica del espacio.
Nota: si bien un volumen – figura geométrica – sin un centro geométrico, es algo incomprensible para mí. En nuestro caso, se trata de un centro de expansión (mismo que resulta inexistente, dado que: es el espacio – en sí mismo {más precisamente: su métrica} –, lo que se expande en todas direcciones – sin una dirección privilegiada –). O sea, de ser finito nuestro universo necesariamente debe poseer un centro geométrico, mas no necesariamente debe poseer un centro de expansión (desde el cual todo se aleja – expande –).

PD: si mal no recuerdo, según los análisis de las anisotropías presentes en las imágenes del WMAP, estas, se limitarían a pequeñas distancias {relativamente hablando} – salvo interpretación de remanentes detectables de previos BB {Penrose} o remanentes detectables de colisiones interuniversales –.

Sobre otras de sus aristas: ----------------------------------------------------------
PD: ¿para qué algo sea intersubjetivo, que necesita ser en principio?

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Mensaje por Willy el Mar Feb 25, 2014 6:00 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Entonces, hasta nueva respuesta, lo tomaré como vuestra mejor opción.  Happy Crazy

¿Cómo le demuestra un pez a otro pez que hay un universo más allá del agua?

Ese es el "reto" del transracionalismo.

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Mensaje por José Luis el Mar Feb 25, 2014 6:36 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Tengo la sensación de que algunos defendéis que la música no es el instrumento musical, y otros que sin instrumento musical no hay música.

La música es la consciencia y el instrumento el cerebro.

Estoy de acuerdo en las dos cosas. Dónde está la discusión?

Buena metáfora.

La discusión se centra en el lenguaje usado para dar a entender cosas y en la interpretación de lo dicho desde otra visión diferente.

Por ejemplo:

A afirma que la música no es el instrumento musical.
B interpreta que A está insinuando que la música es una "cosa" X y el instrumento musical es otra "cosa" Y
A disiente de esa interpretación. X no es una "cosa"

El problema de fondo se produce por la intelectualización del "es" (acción de ser), traduciéndolo como "ente" (ser en acto). Con otra metáfora, el problema de fondo acontece cuando confundimos el mapa con el territorio, o la foto del paisaje con el paisaje mismo.

Luego hay otro problema de forma. Y esta se articula en traducir "es" por "identidad". "A afirma que la música no es (idéntica a) el instrumento musical". Las personas no se identifican con su organismo físico, ni con partes del mismo. De hecho, cuando alguien golpea sin querer nuestro organismo nuestra identidad no sufre por ello. Y cuando perdemos un brazo o un bazo, no sentimos que dejamos de ser lo que somos. No hay merma de la identidad personal. Ahora bien, una idea lanzada sí puede interpretarse como amenaza a esa identidad (o a la imagen creada de la misma). Si alguien te envía una invectiva, "bla-bla-bla, en resumen, eres un capullo", puedes asumirla como un ataque a tu autoimagen, reaccionando de cualquiera de las tres maneras habituales: respondiendo a la ofensa, huyendo de ella o paralizándote. O puedes aprender a gestionarla de tal modo que no roce ese algo tan íntimo como es tu identidad. Y todo esto ocurre tanto en el ámbito subjetivo consciente como en el ámbito subjetivo inconsciente (la gran mayoría en éste).

Luego está la gigantesca adaptabilidad semántica del término conciencia/consciencia. Es literalmente imposible comunicarse con ese término porque puede adoptar múltiples sentidos y apuntar a múltiples referentes, a veces diametralmente opuestos. Consciencia como estar consciente (despierto), consciencia como ser consciente (darse cuenta de), consciencia como conocimiento, consciencia como sustancia pensante, consciencia como subjetividad (individual o universal), conciencia como ser, conciencia como apertura, conciencia como profundidad ontológica, etc.
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Mensaje por homo divergenticus el Mar Feb 25, 2014 7:23 am

¿para qué algo sea intersubjetivo, que necesita ser en principio? escribió:



Mi “forma de ver” es en esencia holística, la realidad como partes/todos complementarios. Todos completos que comprenden una diversidad de elementos (partes) relacionados entre sí y con  todos más amplios y complejos que a su vez interaccionan como partes/todos en una constante co-determinación. Entendiendo la complejidad como la integración de la diversidad.

Con esta forma de ver no pretendemos ser absolutistas, sino integradores, por lo que otras “maneras de ver” son igualmente complementarias e integradas como “parte” en interacción dinámica.

La respuesta a la pregunta es: un holón

En el caso de las personas es evidente, la integración de uno o varios espermatozoides (partes/todo) con un óvulo (parte/todo) en un entorno intrauterino (parte/todo), hay otros métodos de reproducción pero no me quiero extender. Esta integración se produce mediante diversos procesos, entre ellos procesos hormonales, interacciones entre todos/partes que en el caso concreto de la testosterona son fundamentales para el andamiaje estructural del desarrollo ontogenético neuronal y glial, que en interacción dinámica con otros factores (totalidades/partes) en diversos niveles: biológico, psicológico, social y cultural van a con-formar las estructuras parcialmente estructuradas y estructurantes del desarrollo cognitivo de las personas.

La subjetividad en mi “forma de ver” es sinónimo de objetividad, y a su vez  son sinónimos de reduccionismo, abstracción y simplificación instrumental para poder inteligir la realidad simbólicamente en un sistema secuencial-lineal, teleológico y determinado. Entendiendo subjetividad y objetividad “fuertes” desde una perspectiva sintética.

Como ejemplos tenemos: el “yo”o el “individuo”, el “dios” de las religiones del libro, el “átomo”, el “gen”, etc.

En definitiva, “mirar” los qualia como todos/partes en interacción dinámica entre los niveles físico, biológico, psicológico, social y cultural.
Un sistema (todo/parte) complejo, dinámico y abierto en interacción dinámica con otros sistemas de iguales y diferentes características.
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Mensaje por José Luis el Mar Feb 25, 2014 7:25 am

¿Un ejemplo de causación up-to-bottom cerebro-a-moléculas?

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Mensaje por Willy el Mar Feb 25, 2014 8:44 am

David Bohm, La totalidad y el orden implicado escribió:
La idea de que la realidad debe ser comprendida como un proceso es antigua, remontándose por lo menos a Heráclito, quien dijo que todo fluye. En tiempos más modernos, Whitehead fue el primero en darle a esta noción un desarrollo sistemático y amplio. En este capítulo discutiré la cuestión de la relación entre la realidad y el conocimiento desde tal punto de vista. No obstante, aunque mi punto de partida explícito sea parecido al de Whitehead, surgirán algunas implicaciones que van a ser significativamente diferentes de las que aparecen en su obra.
Considero que la esencia de la idea de proceso está en el juicio: No sólo está todo cambiando, sino que todo es flujo. Es decir, lo que existe es el proceso mismo de llegar a ser, mientras que todos los objetos, acontecimientos, entidades, condiciones, estructuras, etcétera, son formas que pueden abstraerse de este proceso.
La mejor imagen del proceso es tal vez la de una corriente que fluye, cuya sustancia nunca es la misma. En esta corriente se pueden ver modelos siempre cambiantes de remolinos, rizos, ondas, salpicaduras, etcétera, que no tienen existencia independiente como tales. Más bien son abstracciones del movimiento fluyente, que surgen y se desvanecen en el proceso total del flujo. Una existencia transitoria como la que pueden poseer estas formas abstractas presupone solamente una relativa independencia o autonomía de comportamiento, antes que una existencia absolutamente independiente como sustancias esenciales. (En el capítulo primero planteamos esta idea con mayor amplitud.)
Naturalmente, la física moderna declara que las corrientes reales (por ejemplo, las de agua) están compuestas de átomos que, a su vez, están compuestos de «partículas elementales», como electrones, protones, neutrones, etcétera. Durante mucho tiempo se pensó que estas últimas eran «la sustancia final o esencial» de toda la realidad, y que todos los movimientos fluyentes, como los de las corrientes, podían reducirse a formas abstraídas de los movimientos en el espacio de conjuntos de partículas interactuantes. Sin embargo, se ha descubierto que incluso las «partículas elementales» pueden ser creadas, aniquiladas y transformadas, y esto indica que ni siquiera éstas pueden ser las sustancias finales, sino que son más bien formas relativamente constantes, abstraídas de algún nivel de movimiento más profundo.
Podríamos suponer que este nivel de movimiento más profundo pudiera ser divisible en partículas todavía más finas, que tal vez resultaran ser las sustancias finales de toda la realidad. Sin embargo, la idea de que todo es flujo, que estamos investigando ahora, niega este supuesto. Más bien presupone que cualquier acontecimiento, objeto, entidad, etcétera, que pueda describirse, es la abstracción de una totalidad desconocida e indefinible de movimiento fluyente.
Esto significa que no importa cuánto pueda progresar nuestro conocimiento de las leyes de la física, porque el contenido de estas leyes seguirá refiriéndose a tales abstracciones, que sólo tienen una relativa independencia, tanto en su existencia como en su comportamiento. Así, esto no nos llevará a suponer que todas las propiedades de los conjuntos de objetos, acontecimientos, etcétera, se puedan explicar según cierto conjunto cognoscible de sustancias finales. En cada etapa pueden surgir nuevas propiedades de tales conjuntos, cuyo ámbito último debe considerarse como la desconocida totalidad del flujo universal.

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Mensaje por Stendhal el Vie Feb 28, 2014 2:33 pm

Francisco J. Rubia Vila es Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich escribió:


Estamos tan familiarizados y satisfechos con la experiencia de nuestro yo que preguntarse si realmente ese yo existe parece como si fuese la pregunta de un retrasado mental. Y sin embargo la neurociencia moderna se plantea esa cuestión precisamente, a saber que el yo, como ya decía la filosofía hindú hace más de tres mil años, es maya, palabra del sánscrito que significa engaño, ilusión o lo que no es.

En la filosofía védica se acuñó la palabra Ahamkara, palabra compuesta de Aham, que significa “yo” y kara que designa todo aquello que ha sido creado. El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real.

Como dice la psicóloga británica Susan Blackmore, la palabra ilusión no significa que no exista, existe como fruto de la actividad cerebral que al parecer genera esa ilusión en nuestro propio beneficio.

Cuando nos levantamos por la mañana nuestro yo se despierta unido a la consciencia. Vuelven los recuerdos del día anterior y los planes para el futuro. En una palabra: nos convertimos en esa persona que identificamos con la palabra “yo”. Todos nosotros tenemos la impresión subjetiva de que dentro de nosotros se esconde la persona que llamamos “yo” y que recibe todas las sensaciones, toma todas las decisiones, recapacita, planifica, aprueba o rechaza. Es como una especie de homúnculo (Diapositiva 2) que controla todas las funciones cerebrales.

El filósofo estadounidense Daniel Dennett (Diapositiva 3) llamó a este proceso el Teatro Cartesiano, es decir, una especie de quimera de que en alguna parte del cerebro existe un lugar donde todos los sucesos mentales convergen y son experimentados.

En el siglo XVIII, el filósofo escocés David Hume (Diapositiva 4) ya dijo que no había ninguna prueba de que ese lugar existiese. Además se ha argumentado que la existencia de un homúnculo requeriría otro homúnculo dentro del primero y así sucesivamente.

David Hume decía: “Por mi parte, cuando entro más íntimamente en lo que llamo mí mismo (myself) siempre tropiezo con alguna percepción particular de calor o frío, luz o sombra, amor u odio, dolor o placer. En ningún momento puedo nunca cogerme a mí mismo sin una percepción, y nunca puedo observar nada excepto la percepción. Cuando desaparecen mis percepciones por algún tiempo, como cuando estoy profundamente dormido, durante tal tiempo estoy insensible a mí mismo y puede en verdad decirse que no existo”.

Como vemos, para Hume el yo no es más que un haz de percepciones. Veinticuatro siglos antes Gauthama Buda había llegado a la misma conclusión.

Naturalmente existe la hipótesis de un ente inmaterial, al que se le ha llamado alma, que controlaría todas las funciones cerebrales. El problema es que con ella no resolvemos nada.

Primero, porque el dualismo cartesiano siempre tuvo problemas para explicar cómo un ente inmaterial es capaz de mover la materia cerebral sin tener energía, lo que violaría las leyes de la termodinámica. En segundo lugar, porque la hipótesis del alma nos da una explicación, pero invalida cualquier investigación ulterior ya que la creencia en ella hace superfluo cualquier esfuerzo por conocer cuáles son las razones y los mecanismos de lo que hemos llamado la ilusión del yo.

Además, la hipótesis del alma no es una hipótesis científica porque no es ni confirmable ni falsable, siguiendo los criterios del filósofo austriaco Karl Popper.

No tenemos ninguna prueba de la existencia de algo permanente en nosotros mismos. Todo lo que nos rodea y todo lo que somos, biológicamente hablando, es efímero y perecedero.

Si el yo es la suma de nuestros pensamientos y acciones, entonces ese yo es fruto de la actividad cerebral. Lesiones cerebrales graves pueden producir un cambio de personalidad, y el mismo efecto puede tener lugar con la ingesta de drogas.

A pesar de que el yo sea un producto cerebral no existe ningún lugar en el cerebro en el que pueda localizarse. Muy probablemente, nuestro cerebro crea la experiencia del yo a partir de una multitud de experiencias, tanto las que llegan a través de nuestros sentidos como las que hemos almacenado en nuestra memoria.

Sabemos que el cerebro construye un modelo del mundo exterior y que teje las experiencias para formar una historia coherente que le permita interpretar y predecir futuras acciones.

Generamos una simulación del mundo exterior para anticipar lo que vamos a hacer en él en el futuro y, de esa manera, asegurar la supervivencia. Esa sería la razón por la que preferimos un modelo de la realidad antes que la realidad misma.

No tenemos una conexión directa con la realidad, como ya dijo el filósofo alemán Immanuel Kant (Diapositiva 5). Kant afirmaba que incluso antes de que haya un pensamiento, antes de que podamos conocer algo sobre el mundo o sobre nosotros mismos tiene que haber un yo unificado como sujeto de la experiencia. Colocó ese yo unificado y primordial en el centro de su propia filosofía y argumentaba que ese yo interno creaba coherencia y prestaba ayuda a nuestra experiencia y nuestra percepción.

Hoy sabemos que todo lo que experimentamos se procesa en patrones de actividad neural que conforman nuestra vida mental. Y no tenemos ninguna conexión directa con la realidad exterior. Vivimos, pues, en una realidad virtual.

La filosofía hindú también considera la realidad exterior como maya, ilusión. Ya en el pasado se conocía que las llamadas cualidades secundarias dependían del sujeto que las experimentaba, como afirmaba Descartes. Y el filósofo napolitano Giambattista Vico (Diapositiva 6) lo expresa claramente en su libro La antiquísima sabiduría de los italianos de la manera siguiente: “si los sentidos son facultades, viendo hacemos los colores de las cosas, degustándolas, sus sabores, oyéndolas sus sonidos, y tocándolas, hacemos lo frío y lo caliente”.

Solo conocemos lo que percibimos

El filósofo empirista irlandés, el obispo George Berkeley (Diapositiva 7), decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido. Por lo que hoy sabemos no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra. Los colores, los sonidos, los gustos y los olores no existen ahí afuera, sino que son atribuciones de nuestra mente. Ahí afuera no existen más que radiaciones electromagnéticas de distintas longitudes de onda que incidiendo sobre nuestros receptores producen potenciales eléctricos, los potenciales de acción, que son todos iguales provengan del ojo, del oído, del gusto, del olfato o del tacto. Es en las distintas regiones de la corteza donde se atribuyen las cualidades secundarias. De ahí que la lesión de la región cortical donde se procesa la visión cromática tenga como resultado que el paciente se vuelva acromático y no sólo no vea colores sino que ni siquiera sueñe con ellos.

En la construcción de ese mundo interior, si falta alguna información, el cerebro la suple para generar una historia plausible aunque no sea completamente exacta.

De la misma manera, el cerebro crea el yo consciente, aunque aún no sepamos cómo, y a partir de la actividad neuronal se pasa a un concepto tan abstracto como ese. El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real. Tanto lo que llamamos yo como consciencia son construcciones cerebrales que encierran el gran problema de la neurociencia, a saber, cómo se pasa de la actividad neuronal a las impresiones subjetivas. Es lo que el filósofo australiano David Chalmers (Diapositiva 8)ha llamado el “problema difícil” de la consciencia. El paso de lo objetivo a lo subjetivo.

¿Qué sentido tendría esa ilusión del yo? Se ha argumentado que la razón es simplemente la función de predecir la conducta de los otros. Si creo que dentro de mí existe una persona que se comporta como cualquier otra, puedo predecir el comportamiento de los demás observando esa persona dentro de mí. La autoconsciencia sería, pues, el invento del yo para saber qué harán los otros.

El neurólogo indio afincado en Estados Unidos Vilayanur Ramachandran (Diapositiva 9) cree que el yo no es una propiedad holística de todo el cerebro, sino que surge de la actividad de series de circuitos que están distribuidos por todo el cerebro e interconectados entre sí.

El pionero de la inteligencia artificial, Marvin Minsky (Diapositiva 10), dice que la auto-consciencia es un segundo mecanismo paralelo desarrollado para generar representaciones de otras representaciones más antiguas.

Y el psicólogo inglés, Nicholas Humphrey (Diapositiva 11), supone que nuestra capacidad de introspección puede haberse desarrollado específicamente para construir modelos de la mente de otras personas para poder predecir su conducta.

Esta última afirmación nos llevaría a relacionar la auto-consciencia con las neuronas espejo, de las que informé hace dos años en este mismo lugar, que nos permiten “reflejar” en el cerebro actos motores, pero también emociones e intenciones de los demás. En esto también está Ramachandran de acuerdo.

Habría que preguntarse si existe sólo un yo. No hace tanto tiempo se buscaba afanosamente la memoria, asumiendo que era una sola entidad. Hoy sabemos que hay distintos tipos de memoria con distintas localizaciones en el cerebro.

Varios tipos de inteligencia

Lo mismo ha ocurrido con la inteligencia, y hoy se definen varios tipos de inteligencia. Por ello hay que preguntarse si no ocurrirá lo mismo con el yo. Ramachandran habla, por ejemplo, de diversos yos, o al menos de distintos aspectos del yo, como por ejemplo el sentido de unidad, la multitud de sensaciones y creencias, el sentido de la continuidad en el tiempo, el control de las propias acciones (esto último relacionado con el tema de la libertad o libre albedrío), el sentido de estar anclado en el cuerpo, el sentido de la propia valía, dignidad y mortalidad o inmortalidad. Cada uno de estos aspectos puede estar mediado por centros diferentes en distintas partes del cerebro y que, por conveniencia, los agrupamos a todos en una sola palabra: yo. Precisamente el aspecto más extraño de todos: el ser consciente de uno mismo es lo que Ramachandran supone que depende de las neuronas espejo.

Hay casos clínicos que muestran que existen muchas regiones cerebrales que juegan un papel en la creación y mantenimiento del yo, pero no existe ningún centro en donde se reúna todo físicamente.

Aparte del lóbulo frontal, donde se descubrieron estas neuronas por vez primera, existen numerosas neuronas espejo en el lóbulo parietal inferior, una estructura que ha experimentado una gran expansión en los grandes simios y en el hombre. Esta región se dividió en dos giros: el giro supramarginal (Diapositiva 12) que nos permite “reflejar” nuestras acciones anticipadamente, y el giro angular, que nos permite “reflejar” nuestro cuerpo, en el hemisferio derecho, y otros aspectos sociales y lingüísticos del yo en el hemisferio izquierdo.

La hipótesis de la relación de estas neuronas con la auto-consciencia supondría que utilizamos las neuronas espejo para mirarnos a nosotros mismos como si alguien lo estuviera haciendo. Y el mismo mecanismo que se desarrolló para adoptar el punto de vista de otro se volvió hacia adentro para mirar el propio yo. De manera que “auto-consciente” sería ser consciente de otros siendo consciente de mí mismo.

Que el yo unificado puede ser una construcción cerebral lo muestran los experimentos realizados por Roger Sperry (Nobel 1981) y Michael Gazzaniga (Diapositiva 13) en sujetos con cerebro escindido o dividido. En pacientes que sufrían de epilepsia, con un foco en un hemisferio, y para evitar que se crease un “foco especular” en el otro hemisferio, cirujanos norteamericanos hace unas décadas seccionaban el cuerpo calloso e incluso en algunos pacientes también la comisura anterior.

Los experimentos mostraron que al hacerlo los cirujanos partieron literalmente en dos el yo, ya que aparecieron dos personas distintas con gustos y aficiones diversas y a veces contradictorias. En estos pacientes podía ocurrir que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo.

Preguntado el hemisferio no parlante de uno de estos sujetos, generalmente el derecho, que qué profesión quería ejercer en el futuro, respondió, mediante la utilización de letras del juego Scrabble, que quería ser corredor de fórmula uno, cuando el hemisferio parlante había siempre afirmado querer ser diseñador gráfico (Diapositiva 14, 15). Y el neurólogo Ramachandran tuvo un paciente que respondía con el hemisferio izquierdo creer en Dios y con el hemisferio derecho ser ateo.

La división de las conexiones entre los dos hemisferios había creado un segundo yo hasta ahora desconocido porque el yo del hemisferio dominante o parlante se había considerado el único.

Uno de los resultados más sorprendentes de estos experimentos fue la capacidad de interpretación del hemisferio izquierdo de la conducta iniciada por el hemisferio derecho. Si se le enviaba una señal al hemisferio derecho que decía “andar”, el sujeto se ponía en marcha. Y preguntado el sujeto verbalmente que por qué lo hacía, el hemisferio izquierdo parlante respondía que iba a buscar una coca-cola, cualquier otra excusa o simplemente que tenía ganas de hacerlo.

Este fenómeno es algo parecido a lo que ocurre cuando se hipnotiza a una persona y se le ordena, ya hipnotizado que ande a cuatro gatas por la alfombra. Si en ese momento el hipnotizador lo despierta y le pregunta qué hace andando a cuatro gatas, el sujeto puede responder que porque se le había caído una moneda.

El hemisferio izquierdo, cuando no conoce las razones de la conducta del organismo se inventa una historia plausible para interpretarla. En otras palabras: para ese yo del hemisferio izquierdo una historia plausible, pero falsa, es mejor que ninguna.

Esta capacidad que llevó a su descubridor Michael Gazzaniga a llamar al cerebro dominante “el intérprete” se ve aún más claro en el siguiente experimento (Diapositiva 16).

Si se le proyecta a uno de estos pacientes un paisaje nevado al hemisferio derecho y la cabeza de una gallina al hemisferio izquierdo y luego se le pide que elija con cada mano entre varias imágenes que se les proyecta la que estuviese más relacionada con lo que habían visto, la mano derecha, controlada por el hemisferio izquierdo elegía una gallina y la mano izquierda, controlada por el hemisferio derecho, una pala.

Pero si se le preguntaba al paciente que por qué había elegido con la mano izquierda una pala respondía que para limpiar la porquería del gallinero.

Para el yo izquierdo, repito, es mejor tener una historia plausible, aunque sea falsa, que no tener ninguna. La capacidad de suplir información que falta por parte del cerebro es lo que constituye los engaños tanto ópticos como de otro tipo a los que estamos acostumbrados. Pensemos, por ejemplo, cómo el cerebro cubre la información que falta en aquella parte de la retina que no tiene receptores visuales por la salida del nervio óptico, es decir, la mancha ciega que no se traduce en un escotoma en el campo visual.

Antes hablamos de casos clínicos en los que se produce una fragmentación del yo o la pérdida de uno de sus aspectos.

Uno de estos casos es la asomatognosia, o la falta de reconocimiento de una parte del cuerpo, que suele ocurrir tras una apoplejía con extensas lesiones de la corteza cerebral. La asomatognosia es una fragmentación del yo.

Otro ejemplo es el síndrome de negligencia hemiespacial, que ocurre por lesiones del lóbulo parietal derecho, en el que el paciente ignora, o más bien no atiende, a la mitad izquierda de su campo visual.

Otro síntoma que afecta al yo personal es la anosognosia, o negación de la enfermedad. Un caso especial de anosognosia es el síndrome de Anton, o inconsciencia de la ceguera. Gabriel Anton (Diapositiva 17) describió uno de los primeros ejemplos de falta de consciencia de la ceguera en 1899.

Generalmente, las tres condiciones: asomatognosia, negligencia hemiespacial y anosognosia suelen ocurrir juntas por lesiones del hemisferio derecho.
Los límites del yo personal son más dinámicos que rígidos Hay cosas ego-cercanas, como el propio cuerpo, la mujer o el marido, los miembros de la familia. Por otra parte, los objetos que no tienen un significado especial para nosotros son considerados ego-distantes.

Ejemplos de alteraciones de las relaciones del yo son los fenómenos conocidos como déjà vu y jamais vu, o sea ya visto y jamás visto, en los que el paciente tiene la impresión de haber visto ya algo que no ha podido ver antes, o lo contrario, la impresión de no haber visto nunca algo que sí conoce. Esto está en relación con el sentido de familiaridad, sentido emocional que depende del sistema límbico, concretamente de la amígdala.

El individuo sano tiene una relación integrada y normal con el mundo. Nuestras relaciones con el mundo y con otras personas están en un equilibrio delicado y ese equilibrio se mantiene de manera automática e inconsciente. No somos conscientes de él hasta que no es violentado.

El síndrome de la ilusión

En 1923, el psiquiatra francés Jean-Marie Joseph Capgras (Diapositiva 18) describió un caso, el de Madame M., una mujer de 53 años que se quejaba que impostores habían sustituido a su marido, a sus hijos e incluso a ella misma. Su marido había sido asesinado y los impostores lo habían sustituido por otra persona. A este fenómeno lo llamó “l’illusion de sosies’. Sosia es en español una persona que se parece tanto a otra que es confundida con ella. El nombre proviene de la mitología griega en la que se cuenta la historia de Zeus que se transformó físicamente en la persona de Anfitrion para seducir a su mujer Alcmena. Temeroso de que la criada de Alcmena, Sosia, la alertase del engaño, hizo que Hermes se convirtiese en Sosia. El engaño tuvo éxito y Alcmena dio a luz a dos mellizos: uno, hijo de Zeus: Hércules; el otro, hijo de Anfitrion: Iphicles. De ahí que el nombre sosie signifique en francés doble.

El síndrome de Capgras está probablemente generado por la pérdida de la conexión entre el reconocimiento de caras, localizado en el giro fusiforme (Diapositiva 19), y el sistema límbico, especialmente la amígdala que le da significación emocional a los estímulos sensoriales. El paciente reconoce las caras, pero no son familiares para él, por lo que supone que son impostores o dobles.

Cuatro años tras la publicación del síndrome de Capgras, dos médicos franceses, Courbon y Fail, publicaron un artículo titulado: “El síndrome de la ilusión de Frégoli y la esquizofrenia”. Courbon y Fail le dieron este nombre por Leopoldo Frégoli, famoso actor italiano en Francia por su extraordinaria capacidad de imitación. Estos pacientes encontraban a personas a su alrededor conocidas, aunque nunca las habían visto antes, es decir, lo contrario que los pacientes con síndrome de Capgras. El síndrome de Frégoli puede interpretarse como una super-relación con otras personas y en ese sentido se parece al fenómeno del déjà vu.

Los límites del yo son maleables, no son rígidos. Al yo se le ha comparado con una ameba que cambia su forma y sus márgenes. Un ejemplo de ello es lo que ocurre con los experimentos que utilizan una mano de goma (Diapositiva 20). Si se oculta la mano izquierda de un sujeto y se acarician simultáneamente la mano izquierda y la mano de goma con un punzón o pincel, al cabo de unos minutos el sujeto siente que la mano de goma forma parte de su cuerpo. La fusión de la información táctil y visual en el cerebro crea esa ilusión.

Las memorias de todas las experiencias de la vida son muy importantes para la creación y mantenimiento del yo. Nuestra identidad es la suma de nuestros recuerdos, pero esos recuerdos se modifican por el contexto en el que se producen y, a veces, simplemente son confabulaciones. Con otras palabras: no podemos fiarnos completamente de ellos, de manera que el propio yo queda en entredicho. Por otra parte, sin un sentido del yo los recuerdos no tienen ningún sentido y, sin embargo, ese yo es un producto de nuestros recuerdos.

Personalmente pienso que existen al menos dos tipos de yo o de consciencia: una a la que llamo “consciencia egoica”, que es la consciencia normal que solemos tener en la vigilia, aunque haya también diversos niveles, y que se caracteriza por un pensamiento dualista característico de nuestra capacidad lógico-analítica. Y una segunda consciencia que llamo “consciencia límbica” que es la que nos permite acceder a una especie de “segunda realidad”, que es a la que llega el chamán, o el místico, mediante ciertas técnicas y que genera la sensación de trascendencia. La llamo consciencia límbica porque se debe a la hiperactividad de determinadas estructuras límbicas que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal. Su estimulación eléctrica o magnética es capaz de producir experiencias llamadas espirituales, religiosas, numinosas o de trascendencia. Ambas consciencias son antagónicas y una condición para que se produzca esta última es la anulación de la consciencia egoica, algo que conoce hace siglos la filosofía oriental.

Es de suponer que la consciencia egoica es dependiente de estructuras cerebrales filogenéticamnete más modernas, como la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior, mientras que la consciencia límbica supone la dependencia de estructuras más antiguas pertenecientes al cerebro emocional o sistema límbico.

En resumen: el yo, como construcción cerebral, no tiene una localización exacta en el cerebro y es posible que existan distintos tipos de yo o de consciencia. Sus límites no son fijos y tanto ciertos experimentos como la patología nos muestra su fragilidad. Llama la atención el hecho de que atribuyamos al yo la mayoría de la actividad cerebral, cuando en realidad el yo racional es una instancia tardía en comparación con el inconsciente que gobierna la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral al servicio de la supervivencia.

Falta conocer por qué es generado ese yo unificado por el cerebro, y cuál es su función.

Gracias por su atención (Diapositiva 21)


Bibliografía

Dennett, D.
Consciousness explained
Little Brown and Co.
Boston, 1991

Feinberg, T. E.
Altered Egos. How the Brain Creates the Self
Oxford University Press
Oxford, 2001

Hood, B.
The Self Illusion: Why There es no “You” Inside Your Head
Constable & Robinson Ltd.
London, 2012

Metzinger, T.
The Science of the Mind and the Myth of the Self
Basic Books
New York, 2009


Para el que le interese, se trata de un fabuloso blog divulgativo sobre neurociencia. Enlace completo en:

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Mensaje por Disperso el Vie Feb 28, 2014 7:10 pm

Qué interesante. Gracias Stendhal.
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Mensaje por Gosu el Sáb Mar 01, 2014 3:06 am

Está bien el texto, ¿qué opinión te merece stendhal?, ¿por qué lo has pegado en este tema? (a dónde quieres llegar).
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Mensaje por Stendhal el Sáb Mar 01, 2014 10:15 am

hmm Me parece que el texto dice lo que he estado diciendo (bueno, exactamente no, bastante mejor que yo). El yo consciente es un producto del cerebro, es un "mapa" de nosotros mismos, de manera semejante a como las ideas son "mapas" de la realidad que el cerebro crea por razones evolutivas. Nuestras sensaciones (y pone el ejemplo del color, que tambíen aparece en el hilo), sentimientos, ideas, percepciones y autopercepciones, incluyendo el yo y la consciencia, son creaciones cerebrales puras y duras, producidas en y por el cerebro.
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Mensaje por Gosu el Sáb Mar 01, 2014 1:02 pm

En cuanto al tema de la realidad. No existe una realidad ajena al observador, sino que éste es quien "crea" su realidad, quién participa de su realidad, por lo tanto es absurdo hablar de objetividad, eso por un lado (aquí la ciencia parece que chirría un poco). El que exista un árbol para ti o para mi, independientemente de quien de los dos mire, no quiere decir que exista porque si, lo que pasa es que los dos somos humanos... y tenemos una estructura que posibilita lo mismo... Lo de siempre, fenómenos que se malinterpretan.

Volviendo al tema que se discutía. Parece que quedó bastante claro que si aíslas al cerebro de cualquier estímulo externo, en éste no  se genera ni se crea nada (el ejemplo de los gatitos), por lo tanto es absurdo asumir el rol de protagonista al cerebro, y ya no digo "al sujeto cognoscente", que es quién debería ser el que piensa, o el que percibe... (porque parece que por más que se ponga el cartel delante de los ojos no quieres ver realmente que quien percibe, piensa, tiene autoconsciencia es el ser...).
En el cerebro solo se crean conexiones entre neuronas y se dan impulsos eléctricos (se crean, no que el cerebro crea). Si hablas de ciencia, se riguroso, no existen evidencias de que en el se haga nada más científicamente hablando, o es mentira lo que digo...
Ahora bien, para ti un impulso eléctrico es un pensamiento?, ¿no verdad?. Se riguroso, un impulso eléctrico es un impulso eléctrico y punto... Una conexión entre neuronas es memoria?, tampoco, es lo que es... Tan erróneo es atribuir un pensamiento a un impulso eléctrico, como lo es el atribuir la acción de pensar al cerebro. Ambas cosas son partes constituyentes de un todo, del cual emerge un fenómeno como pueda ser el pensar o la consciencia. No puedes decir que un fenómeno X solo se da en y por una parte que lo posibilita... Es como hablar de que un coche se mueve por el motor y solo por el motor. O que llueve por las nubes, o por la temperatura o por la condensación. Todas esas cosas no son la lluvia, pero todas juntas generan el fenómeno de llover...

El tema del yo es bastante extenso, el artículo apenas profundiza y tampoco viene muy a cuento con lo que se estaba debatiendo. Salvo que para ti el cerebro es quien crea el yo.
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Mensaje por Stendhal el Sáb Mar 01, 2014 1:40 pm

¿El ser? ¿Y a que llamas el ser y donde se encuentra, si no es una ídea (o ilusión) procucida por el cerebro, que es lo que dice el artículo? No es mejor explicación que decir que es el alma o Júpiter o Krishna. No, son las tortugas las que hacen que llueva y que un cerebro genere nuestras sensaciones y pensamientos, según lo que sigue siendo tu mejor explicación.
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Mensaje por Stendhal el Sáb Mar 01, 2014 2:43 pm

El que nuestros pensamientos tengan un origen material no invalida ninguna de las disciplinas tal y como las conocemos: ni la psicología, ni la antropología, ni la filosofía. Puedes seguir planteandote esas preguntas exactamente igual que siempre se las ha planteado el ser humano. Solo ocurre ahora lo que ha ocurrido siempre, que el pensamiento racional y la ciencia tiene explicaciones físicas para lo que antes eran explicaciones mágico míticas. ¿Que va a ser de nosotros si Dios no es el creador de las estaciones y de la lluvia y no puede ampararnos? ¿Te imaginas el cambio de valores de alguien del medievo, que creía firmemente que sus enfermedades eran un castigo divino?

Las preguntas que tú planteas, Yves, solo tienen respuesta donde siempre: en las creencias de cada uno y en las hipótesis filosóficas que plantee. En cuanto a la última, efectivamente, yo creo que termino en mi cerebro. O dicho en otras palabras mucho más antiguas, creo que soy mortal. No es una creencia nueva.


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Mensaje por Stendhal el Sáb Mar 01, 2014 2:48 pm

No hay fenómenos desnudos. Los fenómenos son inseparables de las causas materiales que los producen. Lo explica muy bien el artículo.
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Mensaje por Gosu el Sáb Mar 01, 2014 4:34 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:¿El ser? ¿Y a que llamas el ser y donde se encuentra,
Cuando digo el ser, hablo del ser humano, de ti mismamente, tú eres quien piensa percibe etc...
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:si no es una ídea (o ilusión) procucida por el cerebro, que es lo que dice el artículo
El artículo dice que el "yo" es una ilusión. Pero como bien dice el artículo, eso se viene diciendo desde hace muucho tiempo. Pero claro ahora parece ser que como lo dice la ciencia habrá que escucharla. Es una ilusión en cuanto a que quien percibe, piensa, recuerda o experimenta no el "yo" sino la persona, el ser humano. El artículo simplemente apunta a que las personas se identifican con "el yo" como si fuesen ellas mismas, pero no es así. La persona es la persona y el "yo" es un fenómeno con el que se autoidentifican, porque como dice en el artículo, siempre está ahí cuando estamos despiertos... Pero ya está, no hay nada más allá de eso.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:No, son las tortugas las que hacen que llueva y que un cerebro genere nuestras sensaciones y pensamientos, según lo que sigue siendo tu mejor explicación.
El cerebro no genera sensaciones ni pensamientos, él sirve de base junto con otras partes,  para que se produzcan unas reacciones que posibilitan el fenómeno de sentir, pensar etc...
Mi explicación ya la he dicho 500 veces, pero como tú esperas una respuesta que satisfaga tu curiosidad desde tu prisma particular, obviamente nunca te satisfará. Es como el creyente que dice si no es Dios el dios que lo creó todo, quién es....

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:El que nuestros pensamientos tengan un origen material
Nadie te lo está negando... pero hay una diferencia enorme en que algo tenga origen o sea base de, a ser el que lo cree y encima única y exclusivamente...

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Solo ocurre ahora lo que ha ocurrido siempre, que el pensamiento racional y la ciencia tiene explicaciones físicas para lo que antes eran explicaciones mágico míticas. ¿Que va a ser de nosotros si Dios no es el creador de las estaciones y de la lluvia y no puede ampararnos? ¿Te imaginas el cambio de valores de alguien del medievo, que creía firmemente que sus enfermedades eran un castigo divino?
El pensamiento racional es lo que era el mágico antes. La ciencia ahora dice que todo nace del big bang, un fenómeno que incumple prácticamente todas las leyes de la física y nadie dice nada, la gente se lo cree como buen creyente... Qué mas da, si son cosas de la edad.

No manejo el concepto de alma, para mi el alma significa lo mismo que para ti. Y como de momento no veo nada más allá que algo mítico no hablo de ello.

Ahora bien, si me dices que es aquello de lo que todo parte. Te diré, estoy de acuerdo en el artículo que pegó willy, porque usando el sentido común se llega a ello. No sé qué es en realidad, no tengo ni idea, pero sé que no es el big bang...
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Mensaje por Stendhal el Sáb Mar 01, 2014 6:01 pm

El-ser-humano-que-por-supuesto-es-otra-cosa-que-las-funciones-producidas-por-su-cuerpo-material. Ya tenemos otra palabra de la misma estirpe que "alma". Y ya van unas cuantas de reconocido poder autoexplicativo. Sigo pensando que las tortugas siguen siendo tu mejor opción.

Los neurofisiólogos dicen exactamente lo que quieren decir. Puede que no te guste, pero no hace falta que los traduzcas.

Y considerar que la hipótesis del big bang es lo mismo que la creación del mundo en siete días es una opinión respetable. Lo malo de muchas opiniones respetables es que dan una fotografía demasiado nítida de ciertas formas de pensar. Que se lo digan a los antievolucionistas yankis.

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Mensaje por Hierofante el Sáb Mar 01, 2014 6:22 pm

Admitamos todos juntos que tenemos más evidencia de los qualia que de cualquier fenómeno físico.

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Mensaje por Disperso el Sáb Mar 01, 2014 9:04 pm

Pero si es verdad... lo único que diferencia los modelos científicos de los místicos es que aceptan ser cambiados cuando aparecen fenómenos que los contradicen -a veces a regañadientes-. Los místicos, sin embargo, se convierten en dogmas de fe y cosas así.

Por lo demás no son más que bonitos modelos de la realidad, compatibles con los conocimientos de la época en la que nacen, y de utilidad para la toma de decisiones.
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Mensaje por Stendhal el Dom Mar 02, 2014 6:24 am

Surprised ¿Lo único? ¿Quieres decir que el modo en que se crean los modelos científicos es el mismo que el de los místicos? ¿Qué los euros que nos gastamos en el colisionador de hadrones podrían sustituirse por una buena invocación a Krishna? ¿Y sólo valen para "tomar decisiones"? ¿Galileo, Darwin, Freud, Einstein no han cambiado nada nuestra forma de ver el mundo?

Comprendo que para algunos la ciencia sea percibida como desagradable o incluso una amenaza, pero ponerse la venda no me parece la mejor opción, la verdad.
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Mensaje por homo divergenticus el Dom Mar 02, 2014 7:15 am

La parte prominente y visible, la parte material, del símbolo es sólo uno de sus aspectos. Lo que es de suma importancia es la interpretación de esa parte material y los sentimientos que evoca, es decir, lo inmaterial del símbolo.

Para algunos el referente "conciencia" tiene el significante material "cerebro" y sus interpretaciones y sentimientos evocados son en relación, en lo que se podría llamar "falacia del significante", con la racionalidad, la cual comparte significante, el cerebro.

Esta "falacia del significante" es lo mismo que cuando se comenta la diferencia entre el mapa y el territorio. Es el negligente olvido de sustituir el significante por el referente.

Esto que explico con pocas palabras es lo que interpreto del excelente texto de Francisco J. Rubia Vila, aunque es probable que el propio Rubia Vila tan siquiera lo comprenda con esta claridad.

Dicho esto, en mi opinión es estúpido seguir sosteniendo un vínculo absoluto material entre cerebro y conciencia, discriminando las interpretaciones, los sentimientos y el papel mediador que el significante juega en la comprensión de la realidad, social y cultural de las personas. Reduciendo la conciencia a un órgano que compartimos con otros muchos animales sin capacidad simbólica y que por lo tanto no se preguntan por la materialidad de la consciencia.

Esto es lo que refiere Rubia Vila cuando comenta que vivimos en una realidad virtual, refiere a una realidad simbólica y una realidad subsimbólica que se complementan en los humanos.
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