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Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

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Me encanta el relato...

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Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 03:52

A continuación, presento los 6 relatos que este mes participarán en el concurso.

Los voy a poner en mensajes separados porque son muchos y me parece que si los dejo todos en un post se complicará.

¡¡A leer y a votar!! ¡este mes está difícil la elección!


Última edición por Elisewin el Lun Oct 07 2013, 02:35, editado 2 veces
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El muelle - Princesa de Fresa

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 03:53

Título: El muelle
Autor: Princesa de fresa 

 (...) Érase una vez un hombre que solía ver los atardeceres sentado en un muelle. La madera vieja se quejaba cuando alguien se subía y paseaba sobre los tablones, mientras la nata espumosa del mar rompía en los pies de este hombre divagante y panorámico, distendido, medio loco, aturdido. Lo íntimo de sus pies rozaba livianamente la superficie del agua, sentía el frescor, la brisa, las olas, la vida, yéndose en cada viaje al horizonte. El azul verdoso era punzante, casi mágico, casi aire, pero con más cuerpo. Veía las pequeñas barcazas a lo lejos echar sus redes, los humildes pescadores recogiéndose cuando el sol estaba en lo más alto ,  las botas, brillantes y negras, o añiles, arribando a la orilla, a la arena compacta de las doce.
El viejo tenía un sombrero, y pelillos rizados y canosos, como serpientes. Viejas. Tan viejo era... Las moscas se hundían en sus arrugas irremediables; sus mofletes eran casas deshabitadas, desordenadas con hiedras grises como perdidas en un cielo negro con tormenta, así era su pelo, y sus ojos tan claros como el viento, tan azules que eran blancos, transparentes, aguados,... sus manos ahogadas, su boca gélida, su cuerpo de agua.

Subió la marea. Al fin y al cabo, era un hombre de mar. (...) 
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La obsesiva redondez del mar - Ana L. Fabeta

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 03:56

La obsesiva redondez del mar
(por Sergio Fisch a.k.a. Ana L. Fabeta)
 

La superstición, entre la gente de mar, arraiga más hondo que en tierra firme. Y más rápido, para colmo. En el verano de 1872, el profesor Samuel Fletcher se embarcó como pasajero en un buque mercante, que zarpó del puerto de Plymouth rumbo a tierras lejanas y salvajes. Su viaje se debió a ciertos motivos profesionales. Los primeros días de navegación, por desgracia, las condiciones climáticas fueron de lo más adversas. Violentas ráfagas de lluvia obligaron a replegar la mitad del velamen, y la marejada, rabiosa, no dejó de hacer crujir la nave con sus embates. La noche en que el temporal amainó, el catedrático por fin pudo abandonar la seguridad de su camarote y despejar sus temores con un poco de aire fresco.

El horizonte era uno solo aún; los rodeaba con su inmenso círculo de olas, pero ya no producía náuseas.

Cuando llegó al puente que da a la cubierta principal, dispuesto a fumarse un habano y a contemplar las estrellas que ahora volvían a hacerse visibles, sorprendió a toda la tripulación sumida en un peculiar éxtasis, del que participaban, incluso, el capitán y el contramaestre. Curioso por saber qué asunto había apartado a todos los marinos del trabajo, su mirada siguió a la de ellos y entonces descubrió de qué se trataba. Allá en lo alto, al extremo de los mástiles y a lo largo de las jarcias, vagaba un resplandor azulado, como el que emite la llama de las velas.

Uno de los marineros rasos, que observaba el espectáculo sentado sobre una escotilla, advirtió la presencia del profesor y entonces se puso de pie, subió por la escalerilla y se reunió con él, sonriente.

—Es San Telmo, míster —le explicó señalando el portento—, que con su candela nos avisa que habrá buen tiempo; no se asuste.

Ante la ingenuidad del grumete (pues tal era su cargo, según sabría luego), el docto pasajero no pudo contener una carcajada de escepticismo.

—Tendrá que disculparme —repuso jactancioso—, pero yo conozco algo de Física y puedo asegurarles que están ustedes en un error. Eso que ven allí —señaló— es un conocido fenómeno atmosférico, y el presunto candelero no es más que una sencilla descarga eléctrica...

A pesar de que estas palabras fueron tan concluyentes como esclarecedoras, no acabó ahí la cuestión. Cuando el profesor Fletcher, una vez cumplida su misión en regiones remotas y bárbaras, tomó un segundo barco a fin de emprender el regreso a su querido país, por una extraordinaria casualidad se repitió la misma historia, a saber: el tiempo tormentoso, la noche en que empieza a mejorar, su propio paseo por el puente, la obsesiva redondez del mar, el fulgor azul en el palo mayor y la dotación entera absorta en su adoración.

—No se asuste, míster —se le acercó alguien otra vez, en este caso el timonel—. Es nuestro santo patrón, San Telmo, que con su simple descarga eléctrica nos pronostica buen clima.

Superchería o no, lo cierto es que el periplo hasta Inglaterra, de ahí en adelante, ya no sufrió contratiempos.

FIN


Última edición por Elisewin el Sáb Oct 12 2013, 17:57, editado 1 vez (Razón : A pedido de Sergio pongo su autoría y corrijo "habano")
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Gustavo y la Mar Salada - Renacuajo

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 03:58

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Título: Gustavo y la Mar Salada
Autor: Renacuajo
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Vivía el rano Gustavo en una charca del barranco de Utrillas. Esto cerca de Montalbán. De hecho Gustavo no se sabía más utrillense que montalbano. Él estaba en lo de remojarse en su balsa estancada: esa buena agua cuando ya va tomando cuerpo y sabor. Le gustaba bajar al río Martín, afluente del todopoderoso Ebro... a nadar, a estirar bien los brazos y las ancas; unos largos y luego vuelta a casa ya relajado. Siempre con el respeto que las aguas de corriente han de causarte.

No era una sapo gordinflón; pero ser llamado rana, como quien dice algo cuco, tampoco le gustaba: de ahí lo de rano. Era un tipo dicharachero... y se entretenía con el pato Rodríguez siempre que éste se paseaba por allí. Menudo uno el pato aquel; éste sí que se tenía por cisne. Hacía pectorales tirando con el pico, y se preocupaba bien de salir del agua con el flequillo encrespado. Pero lo cierto es que también tenía el don de la gallardía y era apasionante oír de sus aventuras... en ocasiones más allá del Ebro. Por las asfixiantes tierras interiores incluso. Y con esto pasaban tardes de conversación: "cuac cuac cuac cuac" el uno, "croac croac croac" decía Gustavo; y mucho "jajaja jijiji".

Lo que ocurre es que la vida de un pequeño ser de charca suele crujir cuando algo inesperado ocurre. Es la vida o es la muerte: el aburrimiento sobre una hoja que resbala y el silencio de la siesta, o la estampida de los patos y el ataque del perro. Una noticia dolorosísima le llegó a Gustavo por el pico de una golondrina amiga de la familia. Sin siquiera avisar a su amada Herminia, salió saltando de casa hasta el centro de la charca.

- ¡Rodríguez!¡Rodriguez!
- ¡Ya voy hombre!- le respondió el alertado pato.
- Mi abuela de Amposta, la del delta, está en peligro de muerte. El agua de mar ya ha llegado a su casa y ella está impedida.
- ¿Y quieres ir allí? ¿Tú sabes lo que es el delta? Por allí no cruzamos sin ser vistos y cazados.

Gustavo sabía muy bien que él solo no llegaría allí. Y si lo hacía sería en no menos de un mes. Por boca de su propia abuela había oído de la Mar y su agua salada que todo lo mata. Un agua hiriente que te ataca la piel incluso después de seco. Algo contra lo que no se puede luchar por más de algunos minutos. Y aquel mal, llamado Mar, aquello de lo que su abuela le advertía para que jamás fuera a jugar a la línea salada, ahora había llegado a la charca de su yaya.

- ¡Por Dios, Rodríguez! Es mi abuela y está impedida. Ya no puede saltar, ni andar, y flotando no puede salir ahora. ¡No me hagas suplicártelo! Te lo ruego...
- Tienes razón, perdona. Coge lo que necesites y salimos en 20 minutos. Quedamos aquí. Pero oye; tendremos que viajar de noche al llegar al Ebro, eh.
- No es problema; en eso te ayudo yo. Puedo ser tus ojos en la oscuridad - sentenció Gustavo.

Ya en el lomo de su amigo, y aún por aguas bien conocidas, pensaba Gustavo sobre porqué el Mar no había parado de avanzar. Ignorante de la maquinación humana que en todo tiene que estar, cuando de éste tipo de desgracias se trata. Más que la causa, él sabía del peligro mortal que suponía el Mar. Que aun para las criaturas que podían resistir aquellas aguas, era esa vida un infierno. Sabía de los monstruos marinos inmensos y feroces, como la raya y el gran asesino: el tiburón. Y esto en ese páramo infinito y profundo que es el Mar. Tan profundo, que él mismo, gran nadador, si acaso tendría tiempo para llegar a la superficie a tomar aire. Negro: oscuro y frío. Un tipo de tiniebla que solo había visto avanzar inexorablemente. Una tiniebla de un peso infinito e imparable.

Navegaron por las fértiles riveras del río Martín; desde el mismo Montalbán, pasando por Obón y por Albalate del Arzobispo. Con el único inconveniente de tener que rodear la presa -malditas presas- de Cueva Foradada. Ya en el Ebro por el día se escondían. Qué abundantes y amorosas eran sus orillas; con mil libélulas tostaditas al sol... que las habían rubias y morenas. Para salivar como nunca. Y esas mosquitas tan dulces y tontorronas, que parece que vuelen a tu encuentro. Pero Gustavo tenía un nudo en la garganta. Es que no le apetecía ni croar por la noche. Y aquello estaba infestado de ranas, sapos y renacuajos.

A los 4 días; de madrugada; llegó la hora de indicarle a Rodríguez dónde vivía su abuela. Y antes de salirse del río, llegó el feo momento de cruzar la línea salada. Caerse ahora podría ser fatal, y ya la peste del agua marina era para echarse a temblar. Pero era el momento del coraje, y por suerte aquello poca cosa para un pato.

-Es allí, Rodríguez. ¿Ves aquel pequeño estanque? Madre mía... esto está ya salado...

Saltó cuando estuvieron en la charca y poco le importó el sabor ya marino de los juncos. Entró en la choza de su abuela temiendo lo peor. Y encontró lo que temía... el cuerpo ya rígido y mal tumbado de ella. El dolor y la rabia le invadían. Maldijo de la Mar -¡¡peste del infierno!!- y apenas pudo cubrir a su abuela con 4 hojas y a ella bendecirla. Ante esto Rodríguez no pudo sino dejar pasar minutos y luego horas, en un tipo de medio-silencio. Al día siguiente, ya conscientes del deber de regresar, a ello se ponían... cuando un "croac croac" infantil oyeron a lo lejos. Acudieron; y encontraron una pequeña ranita sobre una hoja rellena de agua de lluvia.

- Niña, ¿cómo estás? ¿no hay nadie contigo?- dijeron ambos.
- Mis padres me han dejado aquí. Tienen que venir... Vendrán...

Gustavo inspeccionó los alrededores y halló lo inevitable: aquellos debían de haber sido los padres de la ranita. Pero algo le llenó de orgullo y vida; y obtuvo renovadas esperanzas. Los padres sabían que con aquella poca agua dulce apenas viviría su hija si tenía, como tuvo, suerte. Le quedó claro que se debía ocupar de la pequeña; y en cuanto le hizo entender, también con tiempo y con cariño, aquello a ella, junto a Rodríguez se propuso llevarla al buen recaudo conocido. Y así fueron remontando con fuerza lo que bajaron llevados por la suave corriente.

- ¿Sabes que el agua salada nos alcanzará algún día; verdad?- llegó a decir Rodríguez.
- Sí; nos alcanzará. Pero aún hay agua que es muy dulce; y aún hay por lo que vigilar.

Con no pocos esfuerzos acabaron por remontar hasta el mismo barranco de Utrillas. Y en llegar alzaron la vista al alto. Quizás pronto tocaría remontar hasta el nacimiento del riachuelo. Ya estaban las lágrimas secas. Habían sido especialmente saladas; pero tienen mucha resistencia estos seres de charca, por el hecho de estar acostumbrados a la agresión de los depredadores. Siempre encuentran un motivo para levantarse. Y son muy realistas por ser tan débiles... nunca caen en la arrogancia humana de pensar que algo como el Mar o el Cosmos puede ser neutralizado. Y así; con las últimas sonrisas de los seres de charca, esperaron a acabar sus días en aquellos arroyos tan dulces. En Teruel y en la montaña: en lo alto. Donde aún no ha llegado el Mar.
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Última edición por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 15:53, editado 1 vez (Razón : Un par de correcciones.)
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Vivir para contarlo - El centollo

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 04:00

Título: Vivir para contarlo
Autor: El centollo


Tomó unas tablillas y tensando unas telas construyó un barco para un día hacerse a la mar. Su destino el horizonte;  vivir, el precio a pagar. Su equipaje: un anhelo, un suspiro y nada más…

El hijo del tabernero  se deshizo  en una tímida sonrisa cuando una  fulana – que frecuentaba el negocio de su padre – le brindó un guiño cómplice en la inmediatez de un cruce de miradas. ¡Cualquiera habría jurado que ese crío sufría de escorbuto, su dentadura lucía como un piano viejo!

Niño aún para comprender lo maternal de aquel gesto, a punto estuvo de dejar caer la jarra a medio fregar que sostenía entre sus dedos. Respiró aliviado; su cuerpo era ya patrimonio del mal humor de su padre. Me casaré con ella – fantaseo inocente –.

Los canticos marineros  y el alboroto acostumbrado de las primeras horas de la noche, se iban disipando como espuma de cerveza; bajo la distraída mirada de sus progenitores, el joven observaba apoyado en la barra, como el torrente inicial de parroquianos coagulaba en pequeños grupúsculos ávidos de conversación.

Casi por azar, su atención recayó en un atípico – por lo heterogéneo – corrillo de hombres de mar. Aunque en ese momento no comprendió nada de aquello, la charla tomaba un cariz trascendente dentro del cotorreo trasnochado de la taberna.

Uno de ellos, que bien hubiera pasado por aristócrata o acaudalado comerciante, trataba – sin mucho acierto – de hacerse notar entre aquellos marineros. Con pedantería, como si su rostro encalado y lo artificial de sus gestos no fuesen suficiente, dijo con profundo pesar lo que pareció más pensado que sentido:

Quien pudiera…  – se lamenta – mientras juega a imaginar, condensar en una gota todo el salitre del mar. Atrapar en solo un verso, cien viajes de ultramar, cuando el alma tiene hambre, solo el arte…

Miradas socarronas interrumpieron su discurso; fue entonces cuando la áspera voz de un viejo pescador  tomó la palabra:

¡Tonterías! –carcajeó este – ¿Alimento para el alma? ¡Es del estómago la única ley! Se siente un hombre dichoso cuando tiene que comer; pues no hay fortuna mayor… ¡Las redes bien llenas y una mujer en el colchón!

La piel arrugada del pescador vibró con una sonora carcajada. Todos parecieron estar de acuerdo y rieron a coro – para desgracia del noble erudito –, el cual hizo una seña para que le refrescaran el gaznate. Al mozuelo también le había convencido aquello, y así se lo hizo saber, dibujando una mueca burlona mientras le llenaba la copa.

Aprovechando el acercamiento, el niño pudo distinguir a otro de los interlocutores que, por sus galones, debía ser un capitán de la armada inglesa. Un hombre alto y con ademán educado, que permanecía en silencio, distante, pero atento a la conversación.

Percatose el inglés, a través de su único ojo – brillante como la osa mayor –, de la mirada del chico  y bajo la luz de su estrella, sentenció:

Yo con menos me conformo – confesó el sabio capitán –, en el arrebol del tiempo, mirar donde  antes hubo tierra y navegar; recordad: la vida es un tesoro y el mar es su lugar.

Dejo en el puerto lo que sobra: una pena, una duda y poco más…
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Bis - Ladrón

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 04:01

Título: Bis
Autor: Ladrón

Soy uno de cientos de miles, tal vez miles de millones ahora. En realidad no lo sé, nadie nos ha contado jamás.
Surgimos aprisionados. Desde entonces he viajado por multitud de lugares solo y acompañado; presa del viento, del hielo, a bordo de animales, en  patas de insectos tan rápido y disgregado que apenas suponen un segundo y hasta bolsillos infantiles. Durante una temporada formé parte de una fortaleza, devolvía sus batallas y sus rutinas, sus orgullosos silencios, pero una lluvia nocturna me desprendió hasta aquí, ahora me arrastran a lúdicas caricaturas del pasado.
Habito una masa informe que dibuja relieves sinuosos, algunos brillan bajo el sol y los afortunados se resguardan bajo antiguas costras de seres que han desaparecido. Algunas veces me oprimen con parsimonia si el agua nos anega o con rapidez dolorida si hemos acumulado la calidez del mediodía, pero si estuviera solo ya nadie se daría cuenta; somos los anónimos testigos de trayectorias desordenadas.
Mi superficie erosionada refleja el paso del tiempo; ya no hiero, pero me aman en el lugar al que se supone pertenezco y me odian si me adhiero a su pelo, sus ropas, si me lamen de sus extremidades saladas, si se sienten obligados a extraerme con un viento artificial de sus hogares.
También desapareceré de aquí, como esas criaturas efímeras cuando vuelve el mal tiempo...
Un día una onda caprichosa me arrastrará a las profundidades, como ya sucedió innumerables veces, pero permaneceré. O quizás me deslizaré por una alcantarilla anónima, un pequeño desvío hacia el mismo lugar. Seguiré viajando bajo el agua y las estrellas, aplastado contra un casco, o  libre, suspendido por la pleamar en silenciosa compañía.


Última edición por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 04:04, editado 1 vez
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El refugio - Sunset

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 04:02

Título: El Refugio
Autor: Sunset


El cabello de mi madre, enmarañado y endurecido, olía aún a mar cuando llegamos. La noche estaba despejada y las estrellas resplandecían con furia.
El tendero nos esperaba en la casilla a las afueras del pueblo y nos recibió de buena fe pues, sabiendo quiénes éramos, nadie nos recibiría de otro modo.
Nos deslizamos por los callejones de piedra, juro que sentía el vacío retumbar en mis huesos. Con mis ocho años el paseo me resultaba surreal. Al llegar a la casa, mi madre miró a mi padre con una mirada apesumbrada.
Un hombre desgarbado y con apenas dos o tres cabellos en su cabeza, nos condujo hasta la sala posterior que se encontraba a oscuras.
Pude distinguir un sofá de tres cuerpos, rodeado de bultos de distintos tamaños y formas. Al prender los candelabros, los bultos resultaron ser esculturas de piedra y mármol, ataúdes cerrados y algunos desarmados.
Nos habían dado cobijo en una casa funeraria.
Coloqué mi pequeña maleta de cuero junto a una de las gárgolas, parecía que sus ojos de piedra penetraban en el alma de quien se atreviera a contemplarlos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, podía sentir que el silencio no era sólo producto del cansancio, sino que se filtraba en la mente de los presentes como una culebra entre los pastizales.
Mi madre y yo nos acomodamos en el sofá. Mi padre tomó algunas cobijas que el empleado le había preparado y se echó a dormir en el suelo.
Siempre envidié la facilidad de ambos de conciliar el sueño en cualquier sitio. Me mantuve en duermevela durante una o dos horas pero un ruido peculiar me sobresaltó. Observé a mi padre, que dormía de lado con un brazo dislocado por la batalla que nos había dado la tormenta a mar abierto la noche anterior. La respiración de mi madre era tan delicada que tuve que escuchar su corazón latir para comprobar que seguía viva.
Me sobresaltó percibir como alguien caminaba en círculos muy cuidadosamente en alguna de las habitaciones contigüas.
Me desprendí de los brazos de mi madre y deambule con los ojos como platos, golpeándome más de una vez con las gárgolas y emitiendo un gemido ahogado.
Al salir de la habitación encontré un pequeño candelabro con una vela encendida a punto de extinguirse. Caminé por el largo pasillo gris hasta la siguiente habitación, que permanecía cerrada.
El ruido era cada vez más rápido. Track. Track. Track. Tragué saliva y me eché al suelo para ver por debajo de la puerta, algunos rayos de luz tenue intentaban escapar por allí. Unos pies blanquecinos danzaban en círculos, podía ver la habitación abarrotada de velas.
Una mano me sostuvo por la nuca y me golpeó la cabeza contra la puerta, abriéndola de golpe. El track se detuvo. Los pies danzantes pertenecían a una niña un poco menor que yo.
Me observaba muda, tenía el cabello alborotado y en una mano llevaba una daga que parecía ser de plata. El empleado me sostuvo por los cabellos y me echó al suelo. Al levantar la mirada vi como en el centro de la habitación se hallaba un cuerpo putrefacto. Me tapé la nariz con las manos, el olor era insoportable. De sus ojos, nariz y boca brotaban larvas. Algunas parecian regodearse en recorrer los dientes del difunto. La niña se acercó y me dijo al oído "bésalo". Y el empleado me arrastro por el suelo hasta colocarme a unos centímetros del cadáver. Mi cuerpo no lograba moverse, mis extremidades se habían vuelto una masa gelatinosa incontrolable. El corazón se me salía por la boca y sentí que me iba a estallar la cabeza.
El empleado se quitó el cinto y me golpeó la espalda con el, repetidas veces. La niña repitió "bésalo".
Lo hice, y enseguida una catarata de vómito bañó el rostro del cuerpo putrefacto. Todo pareció apagarse lentamente. El brillo de las velas parecía el frágil destello de las estrellas al llegar el amanecer.
Abrí los ojos. Me encontraba nuevamente en los brazos de mi madre, quien estaba ya despierta. Mi padre apareció por la puerta y nos indicó con una seña que tomáramos nuestras cosas.
Nos deslizamos por los callejones de piedra una vez más, otra vez hacia el mar.

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Créditos de la fotografía:intao.deviantart.com


Última edición por Elisewin el Miér Oct 02 2013, 19:21, editado 3 veces (Razón : Inclusión de imagen)
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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Mar Oct 01 2013, 08:03

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Mar Oct 01 2013, 09:36

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Mar Oct 01 2013, 09:44

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Elisewin el Mar Oct 01 2013, 15:56

Sos un trucho. ☀

¿Me mandas las postales electrónicas?

Yo todavía no me puedo decidir a cuál votar porque me gustan mucho tres de los seis. Estoy contentísima con la participación del mes, ha sido fantástica. Espero que las votaciones también sean numerosas. ¡¡La verdad es que hay calidad!!

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 07:50

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Elisewin el Miér Oct 02 2013, 11:14

Libros (y relatos) hay tantos como lectores.

Sólo me atreví a corregir dos errores ortográficos muy notables, porque me lo pidió el autor de dicho relato. No hice lo propio con el resto, justamente porque es una forma de distinguir al autor.

Podemos hacer aquí la porra de autores: adivinen que nick esta detrás de cada pseudónimo. (Es metapseudonimia?)

Ruego a los autores de los relatos sin foto que si lo desean me envíen un enlace para agregar a cada relato (podría buscar yo, pero no tengo tiempo ahora) ya que quien la envió no desea ser el único autor ilustrado. Crazy

Sigo sin votar...
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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 11:52

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Elisewin el Miér Oct 02 2013, 12:12

Es que para hacer eso tenes que tener bien claro lo que no se debe hacer. Ya lo creo que no es fácil.
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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 13:00

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Última edición por Sergio Fisch el Miér Mayo 28 2014, 10:50, editado 1 vez

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Morgana el Miér Oct 02 2013, 15:37

Aysss, ese "abano" sin hache. Curiosamente acababa de leer algo sobre el fuego de San Telmo inmediatamente antes de leer el relato. A ver si me entero de quién es el autor/autora, que debo de tener alguna conexión mental especial con él.
He dudado entre dos. Ahora me arrepiento un poco de no haber elegido el otro, no sé, o no. Bueno, los dos me han gustado.
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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Invitado el Miér Oct 02 2013, 15:57

Debería implantarse el voto cantado, argumentando por que merece ganar ese y los otros no. Así no tiene ni puta gracia, cada uno vota el suyo....

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 16:11

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 16:14

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 16:20

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Invitado el Miér Oct 02 2013, 16:33

He votado Sunset, es el que más me gustó despues del mío... Podría haber votado tambien a "la redondez del mar", pero al final ni fu ni fa... que se yo. Ya apuntaré después algunas cosas; creo que mejor cuando acabe la votación.

Pues eso... Up "El refugio"!

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Sergio Fisch el Miér Oct 02 2013, 16:39

Creo saber cuál es el cuento de la... amante de la pintura. [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Invitado el Miér Oct 02 2013, 16:43

Ponle nick a los relatos, Sergio. Luego sigo yo. :D 

P.D Así explotamos el factor morbo.

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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

Mensaje por Elisewin el Miér Oct 02 2013, 16:48

NERD! escribió:Debería implantarse el voto cantado, argumentando por que merece ganar ese y los otros no. Así no tiene ni puta gracia, cada uno vota el suyo....
Yo ya me cansé de pedir que cada votante diga a cuál votó pero parece que nadie se quiere mojar...

Se me escapó ese "abano" porque no leí todos los relatos antes de subirlos, solo corregí al que me lo solicitó. Si el/la autor/a desea que le corrija la palabreja en cuestión por favor me lo solicita por MP.



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Re: Sondeo concurso de relatos Septiembre - Tema: Mar

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