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Sobre el "regenerarse"

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Sobre el "regenerarse"

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 06 2012, 16:57

-Sí, como nos regeneramos después de una separación, un duelo, una herida ¿lo recordáis? –dice Milena-. Ah, os quiero decir que Laura está en un congreso, y me regaló esta palabra para vosotras “mutación”.

- ¿Y ya está? – Se sorprende Joana.

- Ella dijo mutación y ya está. ¿Empezamos? ¿Quién falta? – pregunta Milena-

- Yolanda no se encontraba bien, le sabía mal porque era el último día –dice Andrea-.

- ¿El último? Yo necesito continuar viéndome con vosotras aunque sea una vez al mes –dice Violeta-.

- Y yo – añade Roser.

- Me gustaría empezar a mí –dice Andrea-. Me va muy bien hablar hoy de este tema porque justamente antes de ayer me derrumbé. De joven tenía más energía y menos complicaciones, tanto en el sentido laboral como en el personal, de los ex, de los hijos, de los hijos de la nueva pareja…Yo me derrumbo cada tres o cuatro meses. Pierdo las fuerzas, no puedo más, lloro, siento que soy la más desgraciada, lo veo todo negativo y empiezo a solucionar lo que me pasa justo en el momento en que soy capaz de pedir ayuda. A veces llamo a mi madre, a los amigos, a mi novio, así me voy recomponiendo. Después, cuando estoy más calmada empiezo a cuidarme físicamente. Conozco bastante bien mis ciclos, creo que para saber regenerarse hay que conocerse bastante bien, saber cómo, qué. Ahora estoy hablando de derrumbarse pero no de tocar fondo, es un tocar fondo relativo. Me rompo cada cuatro meses así, pero no me hundo del todo. Salgo adelante bastante bien y sé como regenerarme.

-Romperse cada tres o cuatro meses, para mí, es tener un nivel alto de estabilidad –dice Lola-. Es verdad lo que dices de la edad, yo antes necesitaba mucho tiempo para recuperarme de una herida. Aún y así, tenía un sistema que funcionaba bastante bien: me ponía un límite de tiempo, y a partir de ese día dejaba de sufrir, dejaba ir el problema. Era como si con el límite yo me fuera haciendo a la idea que no podía durar, me permitía sentirlo pero hasta un día determinado. Con la separación me puse un año de tope, fue como un compromiso interno conmigo, y cuando llegó el día yo estaba muy asustada, pero funcionó. Recuerdo que ese mismo día me miré en el espejo y me vi hecha polvo, sí, así es como estaba, me miré y me dije: “hasta aquí Lola, hasta aquí”. Y ese mismo día salí a buscar el modo de cambiar las cosas de sitio en todos los sentidos, amigos, entorno, casa… Estaba hecha polvo pero lo hice, y decidí dejar de hablar del tema para enfocarlo hacia otro camino, otra gente, otros sitios y así empecé a regenerarme. Me miraba en el espejo, miraba mis cambios… Empecé a estar más guapa porque estaba diferente, y un día me di cuenta que ya se me había pasado. Ahora también me pongo una fecha límite: “Sufres hasta aquí, Lola, este es tu límite”. Esta es mi forma de regenerarme; me sirve y ahora he aprendido una cosa más: desde el primer día que tengo un conflicto del tipo que sea, me empiezo a cuidar. La primera cosa que hago es preguntarme: “¿Qué te apetece hacer Lola?”, y siempre suelen ser las mismas cosas: bañarme con sales o en el mar, ir a hacerme un masaje, tomar el sol, dormir, ir al campo…, y así, poco a poco, va marchándose el dolor o la herida…así.

-Explícanos –dice Judith a Roser guiñándole el ojo-. Queremos oírte.

-Yo necesito tiempo para regenerarme porque siempre que tengo una recaída es por alguna cosa y es difícil. Sé que con el tiempo me regenero, tengo esta certeza que todo se va suavizando y que lo que era una montaña ya no lo es y va pasando, y yo con mucha paciencia y callada porque con según qué gente no puedo hablar. Si hablo, me dicen que la culpa la tengo yo por eso y por lo otro, por eso no hablo. Se tiene que ir con mucho cuidado y mirar con quién hablas, a quién le cuentas tus cosas, porque a veces no te ayudan. No todo el mundo escucha, no todo el mundo sabe hacerlo.

- Pero tu tienes la certeza que el tiempo sanará las cosas ¿sí? –dice Milena.

-Si no las sana al menos ayuda a cicatrizar.

-Entonces dejas que pase el tiempo… y mientras tanto ¿qué haces? –dice Milena.

-Paciencia y dejar pasar.

-Pues yo.. –dice Judith-, creo que estoy en un momento diferente en mi vida, pero de mi vida anterior… -dice riendo-. Yo lo que hago ahora cuando tengo una recaída importante es encerrarme en mí misma, quedarme sola y ponerme activa; es lo que más me funciona. Pinto de todo, paredes, cuadros, jarrones.. limpio, me voy al gimnasio, corro por la montaña, lo que sea con la condición de mover el cuerpo. Antes me quedaba quieta y sólo comía y comía y dormía y dormía me abandonaba del todo… Hasta que reventaba. Por eso digo que estoy en un momento muy diferente, cada vez me conozco más, sé que si me tumbo a dormir cada vez dormiré más y comeré más, de manera que cuando me viene el monstruo digo: “Ei! Ei! Que te veo”, y me quedo en silencio y actúo: pintar, manualidades, desconectar el teléfono y deporte. Yo con el gimnasio tengo una esperanza de vida. Sí, allí quemo la obsesión. Porque es mi cabeza la que no soporto, entonces pedaleo, corro, fuera el problema! Me gusta sentir cómo se va de mi cabeza, luego leo el periódico… Bien, estar activa. Me tengo que forzar porque si no.. un desastre. Si me activo me estabilizo… me siento saludable, y lo que me ayuda mucho es no hablar de lo que me pasa, no seguir insistiendo, desconecto el teléfono para no continuar dando pie a mis discursos ni que los otros me digan qué debo hacer. Sí, no hablar, porque a veces lo que me ocurre no tiene salida o la tiene pero al cabo de un mes, y yo avanzo siempre con los problemas, los quiero resolver siempre y bien…, mejor limpiar antes el cerebro. La última vez que tuve una recaída importante me fui al campo y empecé a trabajar la tierra. Hice un huertito precioso. El silencio es lo que más me limpia, me regenera. Creo que si fuéramos más capaces de conectar con nuestra propia naturaleza, con nuestros ciclos menstruales y recuperar los rituales que se hacían antes, por ejemplo, antiguamente, en la era cristiana, o precristiana, o pagana… se aconsejaba no tomar decisiones durante la menstruación, y las mujeres lo sabían, sabían que es un periodo de intuición, de escucharse, de sentir y de no actuar. Hay que escuchar esto.

-Siempre estamos más blanditas durante la menstruación, y unos días antes nos pasan cosas, ¿no? Yo tengo un jaleo... –dice Andrea.

-Yo también –continúa Judith-, voy de arriba abajo.

-Y tú, Margot… Has pasado unos días también así con un movimiento curioso… ¿no? –dice Andrea.

-Sí, cuando has dicho que tu te rompes cada tres o cuatro meses, he pensado “Qué lujo!”. Yo tengo muchas recaídas. Y…no se me había ocurrido esto del antes y del ahora, pero sí escuchándoos me he dado cuenta que es cierto, es diferente. Yo antes me regeneraba… Bien hacía ver que me regeneraba, pero no me regeneraba… No, lo que hacía era huir. ¿Cómo? Bebiendo más, fumando más, comiendo más y ligando más y llenándome de actividades, trabajando mucho. Es decir anestesiándome para no estar en contacto conmigo. Haciendo ver que no ocurría nada, y eso lo he hecho durante muchos años. Y… y ahora creo que es más… las amigas están hartas, sí, ya no hago nada de todo esto. Pero lo que me pasa es que me quedo catatónica, de repente todos los cables se me desconectan y no puedo expresar lo que me pasa ni lo que siento, y entonces la manera de regenerarme es hablándome. Esto es vital para mí ahora, parar y empezar a escucharme y empezar a entrar en contacto a partir de la respiración, de la soledad. De una absoluta soledad, no cojo los teléfonos, no respondo mensajes, no abro la puerta… Porque necesito pararme y contactar desde otro lugar, ver qué es este lío que tengo en la cabeza, bajar más al cuerpo y a partir de aquí empiezo a comprender lo que me pasa, y el segundo paso después de pararme es plasmarlo en palabras, explicarlo y poner nombre al problema y a la causa. Mientras estoy en este remolino no veo ni entiendo nada, porque mi discurso es circular. A medida que me calmo y lo veo todo más claro, empiezo a regenerarme y entonces puedo explicárselo al otro y entenderme. Pero a veces me encuentro escapándome a través de la actividad, sufro menos si estoy muy activa pero no me regenero nada, la angustia y la ansiedad vuelven. Yo me regenero aislándome, ya sé que a mis amigas esto les pone… pero es así, no puedo hablar, ya lo habéis visto, necesito retirarme. Es decir, que yo me regenero pudiendo parar para sentir y después explicarlo y compartirlo.

-Yo-dice Joana-, cuando me rompo no necesito hablar, lo que necesito es abrazar. Me puede servir explicarlo a una amiga pero esto no me regenera; a mí me regenera el contacto, saber que puedo apoyarme en los pechos de otra mujer y me dejo ir… Unas horas abrazada a alguien o quedarme a dormir en casa de una amiga, sentir la respiración, el contacto sin hablar, eso me calma y a partir del contacto puedo ver qué hay detrás del dolor. El contacto me calma, eso me ha pasado siempre. Antes buscaba el contacto con la persona que tenía el conflicto, y eso a veces no es la opción más adecuada; y si no encuentro el contacto, me aíslo y me retiro. He aprendido a pedir que me abracen para llorar con calma; eso me ha costado mucho, puede parecer que soy muy débil, muy niña, pero es lo que me regenera. Y luego cuando ya estoy más tranquila, me voy a casa y puedo llorar, escribir en mis diarios, escribir lo que me pasa, retomar mi mundo personal, y en dos o tres días paso lo más fuerte y luego ya me empiezo a recomponer.

-Pues yo, bien, regenerar… así de una cosa que no sea demasiado profunda… Yo soy muy lenta para regenerarme – dice l’Ilia-. A mí durante el proceso me sirve encerrarme, escuchar música, escribir, componer, leer, bailar y hablar con los amigos, pero primero eso, primero me tengo que aislar para sacar… me quedo así hasta que puedo entender qué me pasa. Ahora, regenerarme de verdad creo que sólo lo he hecho una vez: fue un proceso de separación muy dolorosa, y a mí lo que me sirvió fue entender qué le pasaba al otro, hablar con él dejando de lado mis cosas y poderlo ver. Ver qué le había pasado sin intervenir yo con el discurso, y sentí que desde el momento que entendía la situación mi herida se cerraba. Empecé de cero. A mi me regenera entender. Y después… con lo que habéis dicho, cosas sencillas: un buen baño, moverme físicamente… bailar, a mí me va muy bien bailar. Y la música, eso me salva.

- A mi comprender la otra persona también me regenera profundamente –añade Joana-. Poder verlo y que él me pueda ver a mí. Ver la humanidad de la otra persona, sentirla; eso me regenera muchísimo.

-Yo lo soluciono llorando y quedándome sola –dice Violeta-. Lloro mucho, lloro hasta que me canso de llorar y me canso pero de verdad y entonces me pongo activa y empiezo a hacer ejercicio y después pongo en orden mi casa. Esto del orden es una revelación, de verdad, empiezo así, siempre el mismo proceso: primero limpio la casa, luego coloco todas las cosas en su sitio y por último empiezo a tirar lo que ya no sirve. Hago unas limpiezas tremendas, y después de eso al gimnasio. En unas semanas empiezo a salir y a divertirme. Esta es mi manera de reconstruirme y la tengo muy integrada en mi vida, la frecuencia es muy relativa, a veces cada seis meses, y a veces cada quince días, depende. Tengo una tristeza muy profunda que no sé exactamente de dónde me viene, imagino que tiene mucho que ver con las pérdidas… Sufrí mucho con la separación del padre de mi hijo, me costó mucho recuperarme, pero de repente, no lo sé… El tiempo es fenomenal y el hecho de comprender comporta un tiempo. Pero un día lo ves todo claro. Ahora he sufrido otra pérdida, he roto con mi novio. Sí… tanto miedo, tanto miedo y tanto sufrir… He roto. Todos los días tenía una bola aquí detrás del cuello, me dolía mucho, y he pasado por todos los especialistas posibles, nada, ni masajes ni osteopatía ni nada. He roto con él y me ha desaparecido la bola… Estoy triste, muy triste, pero también estoy contenta, aligerada. Es extraño, siento que el corazón me saldrá del cuerpo y a la vez siento que lo recupero. Soy una persona muy fuerte, siempre me he salido, pero ahora quiero empezar a mirar hacia los lados y poder ver mi tristeza, llorarla y saber qué pasará. Yo me regenero con pensamientos positivos: he estado feliz, ahora no lo soy porque estoy triste, pero en breve volveré a ser feliz.

-Que bonito- dice Margot.

-Es la madurez-dice Violeta riendo-, quiero decir…

-Sí, sí, ya te hemos entendido, la madurez-hace Judith con un tono irónico mientras se inclina hacia el suelo-. Eso sí que regenera-dice riendo.

-Es importante –dice Lola- relacionar lo que le pasa a tu cuerpo con las emociones.

-Hay teorías –continúa Violeta- que afirman que todas las enfermedades son psicosomáticas, y en algunas personas es así.

-Según el libro La enfermedad como camino, cuando no hay coherencia entre el discurso interno y el externo se desarrolla la enfermedad –dice Lola-. ¿Lo habéis leído? Es que lo acierta todo, yo lo observé, es fantástico; por ejemplo, te dice que… Bien ahora no me acordaré pero te da herramientas.

-Tu Andrea, ¿cómo te regeneras? –le pregunta Violeta-.

-Yo ya lo he explicado antes un poco… Pero una cosa que no he dicho y que a mí me regenera mucho es salir de la ciudad; sí, la naturaleza. Me voy al campo y contemplo la tierra, las plantas, respiro el aire, y poco a poco me calmo. Contemplar la natura me da paz y siento la certeza que todas las cosas siguen su curso… Veo crecer las plantas y me veo crecer a mí. Y siento esta magia, la de los ciclos, la de regenerarse a partir de una observación externa e interna. Como si yo también formara parte de esta creación y… ¿Me entendéis?

-A mí también me pasa –dice Violeta-. Lo sentí muy profundamente en el Machu Pichu. Recuerdo que cuando bajaba la montaña empezaron a llover luciérnagas… Íbamos todos callados, era un silencio maravilloso, ¡tan regenerador!

-Creo que entramos en crisis con mucha rapidez, y la naturaleza nos recuerda que tenemos que recuperar un ritmo –dice Lola.

-Esto es una interpretación, las crisis no siempre llegan rápido.

-Yo cada vez que sufro una crisis me transformo- dice Lola-. Siento que siempre hay una parte positiva en las crisis, y desde aquí puedo mirar la vida con más calma.

-Es curioso como cada una de nosotras percibe las cosas de manera tan distinta –observa Margot-. Es bueno sentirlo, porque cuando me pasa a mí creo que todo el mundo lo vive como yo, que todos lo vivimos igual. Me doy cuenta que cada una habla de “la crisis” con un concepto personal de lo que es la crisis. Para mí no siempre tiene que ver con la ruptura o la pérdida de alguna cosa, a veces tan siquiera con los cambios. Es una cosa que me pasa de una manera cíclica, una cosa interna que repito con todo lo que se me antepone. Es decir, sea donde sea, en el Machu Pichu o en mi casa de Barcelona.

-Yo cuando no resuelvo alguna cosa lo repito constantemente-interviene Andrea-. Con otras personas o con las mismas en situaciones diferentes.

-De eso viven los psicólogos- continúa Margot-. Mis crisis no tienen que ver tanto con el mundo que hay “fuera”; evidentemente se dan fuera, pero son mis repeticiones a lo largo de mi historia.

-Claro –interviene Violeta-, Yo sé que mi tristeza tiene que ver con alguna cosa muy mía, pero sale con más claridad cuando tengo un conflicto con la pareja o con mi amiga, entonces es cuando aparece. Recuerdo cuando me vine a vivir a Barcelona, me despertaba cada día con una sensación horrible. Abría los ojos y lo tenía y curiosamente cuando me tomaba el café y me ponía en marcha se me pasaba.

-Quizás el cambio de vida –dice Roser-. Tú venías de un pueblo y allí la gente va más tranquila, la naturaleza está más cerca. A mí me pasó lo mismo cuando me vine aquí. Lo pasé muy mal, me quería volver al pueblo, echaba de menos el aire, la tierra, la tranquilidad. Aquí todos iban deprisa y me acostumbré. También recuerdo que me despertaba con una sensación desagradable y lo pasé fatal pero luego se me fue.

-Por suerte ahora vivo fuera de Barcelona, y cada jueves antes de llegar aquí veo pasar las ovejitas, siempre sonrío cuando paro para que pasen –dice Violeta.

-Yo sólo puedo apreciar el campo, las ovejitas, los calabacines –dice Margot- cuando estoy bien; en cambio, cuando estoy mal me quedo catatónica como me visteis el otro día, y aunque me pongáis en medio de una isla paradisíaca con un caribeño delante y… No, no veo nada, se me cierra todo; entonces yo con la voluntad y el esfuerzo puedo coger y decir: “Empezaré a cavar y a poner plantitas” quiero ver este día tan precioso, pero es con esfuerzo, porque los sentidos los tengo totalmente desconectados y no se me conectan cuando intento dejar de sentir lo que siento, quizás un rato, pero a la mínima vuelvo a desconectar. Tengo que resolver lo que me pasa en el fondo y entonces sí que puedo mirar el cielo, el campo, las flores, los caribeños..

-Creo que son momentos muy creativos, que todo lo que somos después –añade Margot- viene de estos momentos. Son puntos de inflexión muy importantes. Nos determinan. Yo antes cuando estaba peor era cuando más escribía, y si estaba bien pues a vivir!! (…)


DE QUÉ HABLAMOS LAS MUJERES CUANDO HABLAMOS DE LO QUE NOS IMPORTA
Esmeralda Berbel

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