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Raza, C.I. y otras tonterías.

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Raza, C.I. y otras tonterías. - Página 2 Empty Re: Raza, C.I. y otras tonterías.

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 02 2012, 23:48

JULIÁN escribió:El concepto de raza trata de explicar las diferencias humanas a partir de diferencias físicas observables, o no,heredables y esencias permanetes incrustadas en la biología y en la genética. Algo profundo y fundamental, una realidad escondida bajo la superficie de las apariencias mismas en las que se funamenta,, pero que las determina de manera fija e inmutable.

Es un concepto pseudocientifico que varía enormemente en sus criterios, refiere a variaciones genéticas que se expresan en el fenotipo y suelen ser visibles como el color de la piel, el tipo de pelo, forma de la cara, color de ojos, etc..

Ocurre que no hay correpondencia necesaria y biunivóca entre gen y rasgo. Un gen influye en varios procesos biológicos durnate el desarrollo. Varios genes, si se expresan, pueden contribuir a un mismo rasgo. No hay un gen para los ojos claros, azules o verdes.Estos se deben a la variabilidad en el silenciamiento de aquellos productos genómicos que controlan la pigmentación (Moss,2001). Es en la expresión de los productos genómicos en proceso de desarrollo a nivel molecular, celular, histológico donde reside la conformación de los rasgos fenotípicos, algunos visibles, otros no (Ramirez Goicochea,2011).

Los humanos modernos procedemos de un mismo pool genético, con poquísimas diferencias entre unos y otros. Hay menor diferencia entre los humanos que entre las distintas subespecies de chimpancés. Los genes que más nos diferencian a unos humanos de otros se refieren a la inmunidad, y ninguno de ellos se expresa visiblemente para construir diferencias estéticas.
Hay más variación intragrupal que intergrupal y es en Africa donde se detecta mayor variación genética del planeta:puede haber más diferencia genética entre dos africanos que entre un africano y un europeo. Encontrándose la mayor diversidad entre los !Kung San del desierto del Kalahari(Campbell,1966).

La genetica de poblaciones ha demostrado que todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie y que el poligenismo que habla de las razas como subespecies no tiene fundamento. Lo que se entiende como variaciones raciales, desde el punto de vista evolutivo, es reciente (Semino,2002), correpondiendo a adaptaciones de tipo climático, ecogeografico o incluso a factores de posible selección cultural.
Los humanos somos una especie politípica (con muchos nichos ecológicos posibles)a la vez que un único linaje evolutivo no dividido en subespecies(Templeton,1998).
Como dicen la mayoría de los investifadores “Todos somos africanos”(Pääbo 1993;Tattersall,1997;Stringer,2003),la idea de raza como subespecie biológica no es sostenible




Las teorías raciales (y racistas) tratan de explicar por medio de la biología las diferencias observables, como las habiliadades, actitudes, comportamientos. Las teorías evolutivas etnocentricas del siglo XIX ridiculizan a los colectivos no euroamericanos como inferiores y bárbaros (Ramirez Goicochea,2009), incapaces de llegar al progreso alcanzado por la civilización occidental.

La diferencia y la desigualdad se formulan en términos de qué son y cómo deben ser los seres humanos, siempre desde un eurocentrismo que se enunció como la pauta, la norma social.
Lester Ward(1841-1913) subrayó la inextricable unión entre cualidades intelectuales y acceso a la educación. Las capacidades de aprendizaje y enculturación de los inmigrantes y sus hijos en USA desmintió la supuesta minusvalía intelectual de los no occidentales.
Pese a ello el psicólogo Arthur Jensen, desde presupuestos biologistas racistas, se empeña en realizar test de inteligencia para medir el coeficiente intelectual(IQ) de personas de distintos grupos etnicos raciales en USA. Negros y mejicanos daban peores resultados que la población americana, definida como blanca, de origen europeo, preferentemente anglosajona, protestante, de clase media y con acceso a la educación normalizada. Según él, los resultados se explican principalmente por factores genéticos y ,por tanto,todas las fuerzas educativas para mejorar serán baldíos.

A parte de la dudosa validez científica de sus presupuestos de partida, el etnocentrismo de estas pruebas era manifiesto. Estaban diseñadas para un prototipo de sujeto de clase media con determinadas posibilidades educativas y univeso cultural coincidente con los diseñadores de las pruebas, ignorando factores de comprensión e interpretación cultural y lingüística, motivacional, nivel de educación,relación situada con el contexto de investigación y sus agentes, experiencias y formas de aprendizaje y destrezas propias,etc..

Los anteriores párrafos explican la inutilidad de los test de C.I. Como herramienta de medición de las capacidades intelectuales, siendo más propio designarlos como medidores de las habilidades socio-culturales concretas.

No hay alguna razón genética que explique las diferencias de C.I.. La comparación entre gemelos univitelinos muestra que aquellos con más años de escolarización dan mejores resultados en las pruebas de inteligencia que sus hermanos más tempranamente desescolarizados(Bonfenbrenner,1977).

No hay ninguna evidencia científica sobre la superiridad genética de ningún grupo humano, ni individuo, en cuanto al desarrollo de tareas intelectuales concretas.

Todos los humanos tienen , en condiciones de salud neuropsicológica, las mismas capacidades que se definen como cognitivas:

Clasificar,inferir a partir de dichas clasificaciones,interpretar, relacionar,comparar,representar,re-representar,aprender,aprender a aprender,realizar metadiscursos,memorizar,recordar,imaginar el pasado y planificar el futuro, mostrar intensiones intencionadamente(ostención), identificarse con quien se identifica con nosotros, tomar su perspectiva y ponernos en su lugar(empatía), tener una teoría de los estados mentales de los demás, ser capaces de trascendernos y objetivar nuestras producciones,crear significado de otros significados , autopensarnos y autocompletarnos reflexivamente, monitorizar nuestras acciones, anticipar las de los demás y sus ideas, etc.

Todo ello está al alcance de cualquier humano que se haya desarrollado como tal, es decir, como organismo biopsicosociocultural en socialidad (Ramirez Goicochea 2011). Sea el humano:hombre o mujer, presidente del gobierno o inmigrante sin papeles,piel oscura o clara con pecas,se apellide Einstein o Hernández, viva en el centro de Manhattan o en la selva Amazónica, ama de casa o neurocirujano.
.

Que todos nos desarrollan os a partir del espécimen africano lo tengo claro, que somos iguales no tanto. Yo no niego la posibilidad de que a través del tiempo y el espacio, algo que compartiéramos evolucionara dependiendo de nuestra posición geográfica.

Tengo entendido que los individuos (porque palabra sustituyo raza¿?, en las pelis americanas se sigue usando esta palabra cuando hacen una autopsia: Individuo de raza blanca, metro ochenta, complexión media...), perdón, me evado. Quería decir, que tengo entendido que los negros, tienen los huesos mas densos, no hay mas que mirar, para ver que por lo general, sus dientes son mas fuertes que los de los europeos, son excelentes corredores y pésimos nadadores (que habrá excepciones), pero que ahí están las cifras.

Porque siempre los molestos con la palabra raza son siempre los mismos¿?, a un blanco le molesta que le digan que es de raza blanca¿?, por lo general creo que no (aunque igual esto también me lo invento).

Conocí a una chica negra en un curso de informática, me choco que sacara una crema que no paraba de untarse, y le pregunte que era. Me comento que esa crema era para blanquear la piel, la chica además me dijo que entre los negros, estaba muy comercializada. Además, esa chica llevaba una peluca de pelo liso, y disimulaba sus rasgos con el maquillaje, es decir, intentaba afinar su nariz y sus labios sin conseguirlo, una lastima, porque era muy guapa y seguramente aun lo era mas sin todos esos postizos.

Todo esto me llevo a preguntarle: Es que vosotros mismos no os gustáis¿?, a lo que me contesto riendo y diciendo, que preferentemente las chicas negras querían o intentaban asemejarse a los blancos. Y si, nosotros hacemos lo mismo, nos freímos al sol, nos aumentamos los labios o rizamos nuestro pelo. Pero en el caso de los africanos parece que se emplean a fondo y no se muy bien porque. Bueno, si lo se, los humanos somos todos subnormales.

Y que seremos todos lo mismo, humanos, pero si existe la posibilidad de que los africanos sean mas veloces (generalizo, claro), podría existir la remota posibilidad, que los europeos desarrollaran mas la inteligencia (ya lo se, que de blancos tontos esta el mundo lleno). Pero las posibilidades pueden existir, digo yo, sin que esto vaya en detrimento de ningún ser humano.

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Mensaje por izurdesorkunde el Miér Mayo 02 2012, 23:50

Sigamos aportando lectura:

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Todos procedemos de una reducida población humana. El efecto de "cuello de botella" ha provocado que haya realmente una baja diversidad en nuesra especie. Y la globalización (movilidad y cruzamiento de personas, sus genes y mutaciones) favorecería una homogeneización de las frecuencias fenotípicas de toda índole en nuestra especie. Eso si no tendríamos en cuenta la natural prevalencia de ciertos fenotipos en determinados hábitats por simple adaptación al entorno (los arios tienen cierta desventaja en zonas del planeta con alta radiación ultravioleta, los que tienen una mutación que en heterozigotos le procura ventaja en zonas endémicas de malaria y anemia falciforme si se hereda de ambos progenitores no tienen ninguna ventaja en areas libres de malaria, por poner un par de ejemplos).

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Los neandertales hablaban. Actualmente se está debatiendo sobre la posibilidad de que la música también formara parte de su cultura

En cuanto a la "hibridación" entre sapiens y neandertales tengo leido, pero no he encontrado la referencia, que fue bastante "antigua" y creo recordar que como probable lo situaban en Asia, pero seguro que alguien con interés hallará alguna referencia acerca de en base a qué datos se formulan estas hipótesis.
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 03 2012, 11:24

Los últimos datos apuntan a que hace entre 70.000 y 50.000 años los homos sapiens están en lo que conocemos en la actualidad como Europa, las condiciones medioambientales en esa época diferían de las actuales, pero no solo las medio ambientales, resulta que los homo sapiens llegaron a un territorio poblado por otros homos, los neanderthales, hay evidencias de relaciones intergrupales , luego la adaptación no solo fue biológica, también social y cultural, los neanderthales producían cultura.
Cada vez toma más fuerza la posibilidad de un intercambio reproductivo, como mínimo fueron entre 25.000 y 15.000 años de convivencia en Europa, aunque parece que los contactos en Oriente Medio parecen ser anteriores.

Las relaciones dinámicas entre capacidades,habilidades,socialidad y entornos está en la base de los distintos momentos que podemos considerar en la evolución de los homínidos(Bronfenbrenner,1997;Foley,1987,Greenfield,1990). La aparición de condiciones singulares de experiencia bien puede hacer emerger capacidades(habilidades) y modos de relación con otros y con iguales, capacidades ligadas a la reflexividad y a modos más complejos de conciencia.(Ramirez Goicochea,2005).
Siguiendo el presupuesto de Goicochea, en estos momentos, con la revolución tecnológica y el incremento de las capacidades intercomunicativas con otros y con iguales sin precedentes, estamos en un proceso de emergencia de niveles de conciencia más complejos e incorporados. Pero este puede ser un proceso traumático en el que los niveles de mayor complejidad requieran un mayor esfuerzo y gasto energético que deriva en posibles desequilibrios del organismo que tardarán un tiempo en autoequilibrarse. Donde el desarrollo intrapersonal ha de equilibrarse a la explosión interpersonal que los medios de comunicación han propiciado.

Bueno, aquí nos vamos más a lo emocional y la importancia de la gestión de las emociones en los procesos emergentes de conciencia. Los primeros híbridos las tuvieron que pasar canutas.

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Mensaje por izurdesorkunde el Jue Mayo 03 2012, 15:58

En una revista de divulgación científica me he encontrado con un artículo sobre un libro, cuyo nombre original es "The mismeasure of man" donde Stephen Jay Gould explica los métodos científicos usados para justificar el racismo.Los estudios se realizaban exclusivamente con hombres y el término mismeasure hace referncia a los métodos pseudocientíficos utilizados. En el citado libro se analiza también el caso de los inventores del coeficiente intelectual.
Para quien quiera aclararse con la terminología y los contenidos. :study:
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 03 2012, 16:54

Si, el Lewis Terman también tiene lo suyo...un eugenesico de tomo y lomo.



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Mensaje por Morgana el Jue Mayo 03 2012, 16:55

Rita Levi-Montalcini, la importante neurobióloga y Premio Nóbel de Medicina, encabeza un importante manifiesto contra el racismo. A sus noventa y nueve años, ahí está al pie de la idea y en el tajo de la solidaridad. A sus pies, señora. Este blog se honra en reproducir el manifiesto. (A tí, lector: no te importe copiarlo y reproducirlo).


I. Las razas humanas no existen. La existencia de las razas humanas es una abstracción que se deriva de una falsa interpretación de pequeñas diferencias físicas, que nuestros sentidos perciben, erróneamente asociadas a diferencias "psicológicas" e interpretadas sobre la base de prejuicios seculares. Estas abstractas subdivisiones, fundadas en la idea de que los humanos constituyen grupos biológica y hereditariamente muy distintos son puras invenciones que siempre se han utilizado para clasificar arbitrariamente hombres y mujeres en "mejores" y "peores" y, de esta manera, discriminar a los últimos (siempre los más débiles), después de haberles achacado que son la clave de todos los males en todos los momentos de crisis.

II. La humanidad no está formada por grandes y pequeñas razas. Es, sin embargo y ante todo, una red de personas vinculadas. Es verdad que los seres humanos se juntan en grupos de individuos, comunidades locales, etnias, naciones y civilizaciones. Pero esto no sucede porque tengan los mismos genes sino porque comparten historias de vida, ideales y religiones, costumbres y comportamientos, formas y estilos de vida, incluso culturales. Las agrupaciones nunca son estables a partir de los DNA idénticos; al contrario, están sujetas a profundos cambios históricos: se forman, se transforman, se mezclan, se fragmentan y se disuelven con una rapidez incompatible con los tiempos exigidos por los procesos de selección genética.

III. El concepto de raza no tiene significado biológico en la especie humana. El análisis de los DNA humanos ha demostrado que la variabilidad genética en nuestra especie -menores que las de nuestros "primos", los chimpancés, gorilas y orangutanes- está representado sobre todo por diferencias entre personas de la misma población, mientras que son menores las diferencias entre poblaciones y continentes diversos. Los genes de dos individuos de la misma población son, como promedio, ligeramente más similares entre ellos que las de aquellas personas que viven en continentes diversos. Precisamente a causa de estas reducidas diferencias entre poblaciones incluso los científicos racistas nunca definieron cuántas razas constituyen la especie humana, estableciendo unas estimaciones que oscilan entre dos y doscientas razas.

IV. Está ya consolidado el carácter falso, construido y pernicioso, del mito racista, de la identificación de la "raza aria" con la imagen de un pueblo belicoso, vencedor, "puro" y "noble" con una buena parte de Europa, India y Asia central como patria y una lengua que en teoría está en la base de las lenguas indo-europeas. Bajo el perfil histórico, resulta extremadamente difícil identificar a los arios, en tanto que pueblo, y la noción de familia lingüística indo-europea que deriva de una clasificación convencional. Por el contrario, los modernos datos arqueológicos indican que Europa fue poblada en el Paleolítico por una población de origen africano y en el Neolítico se sobrepusieron otros inmigrantes provenientes del Próximo Oriente. El origen de los italianos actuales viene de los mismos inmigrantes africanos y meridionales que constituyen hoy el tejido perennemente vivo de Europa. A pesar de ello la dramática originalidad del racismo fascista se debe al aliado nazi la identificación incluso de los italianos con los "arios".

V. Es una leyenda que los sesenta millones de italianos de hoy desciendan de familias que habitaron la Italia de hace un milenio. Los mismos romanos construyeron su imperio acogiendo a personas de diversas procedencias, dándoles el estatus de cives romanos. Los fenómenos de mestizaje cultural y social, que caracterizaron la historia de toda la península -pero también los griegos, judíos, africanos, hispanos y los considerados como "bárbaros"- produjeron la híbrido que llamamos cultura italiana. Durante siglos, los italianos -aunque dispersos en el mundo y viviendo en una Italia de pequeños Estados- continuaron identificándose y fueron identificados con esta cultura global y variada, humanística y científica.

VI. No existe una raza italiana, sólo existe un pueblo italiano. Italia se unificó como Nación sólo en 1860. Hoy varios millones de italianos, en el pasado emigrantes y con frecuencia concentrados en ciudades y barrios extranjeros, se consideran y son italianos. Una de nuestras mayores riquezas es la de haberse mezclado con tantos pueblos y haber intercambiado sus culturas, "cruzándose" física y culturalmente. Atribuir a una inexistente "pureza de sangre" la "nobleza" de la "Nación", significa reducir la homogeneidad de una supuesta componente biológica y a los habitantes actuales del territorio italiano un patrimonio milenio y extendido de culturas.

VII. El racismo es simultáneamente homicida y suicida. Los imperios se convirtieron en tales gracias a la convivencia de pueblos y culturas diversas, y se colapsaron cuando se fragmentaron. Así ha ocurrido y sucede en las naciones con las guerras civiles y cuando, para enfrentarse a las crisis, tomaron a las minorías como chivos expiatorios. El racismo es suicida porque no sólo golpea a los que pertenecen a pueblos distintos sino a los mismos que lo practican. La tendencia al odio indiscriminado que lo alimenta se extiende por contagio de ideas a toda alteridad externa o extraña con respecto a una definición cada vez más estrecha de la "normalidad". Agrede a quienes están "fuera de la raya", los "locos", los "pobres de espíritu", los gays y lesbianas, los poetas, los artistas, los escritores alternativos, todos los que no son homologables a tipologías humanas estandard, aunque sean quienes permiten realmente a la humanidad cambiar continuamente y vivir. Todo sistema viviente se mantiene tal si sólo es capaz de cambiar, y nosotros, los seres humanos, cambiamos cada vez menos con los genes y siempre más con los inventos de nuestros "benévolamente desordenados" cerebros.

VIII. El racismo discrimina, niega las relaciones, introduce amenazas en los pensamientos y comportamientos diversos. Para los defensores de la raza italiana, África aparece como una amenaza pavorosa y el Mediterráneo es el mar que, simultáneamente, separa y une. Por esto, los racistas sostienen que no existe una "común raza mediterránea". Para rechazar todavía más a África, los científicos racistas levantan una barrera contra "semitas" y "camitas", que son con los que podemos entrar más fácilmente en contacto. La ciencia a señalado que uno existe una clara distinción genética entre los mediterráneos de Europa (occientales) y los de otra parte, orientales y africanos. Desde el punto de vista paleontológico y genético, están absolutamente demostradas las teorías que sostienen el origen africano de los pueblos de la tierra, comprendidos todos en una única raza.

IX. Los judíos italianos son simultáneamente judíos e italianos. Los judíos, como todos los pueblos migrantes (nadie emigra a partir de una libre opción, sino que muchos lo son por necesidad) se han esparcido por el Mundo y han formado parte de diversas culturas, manteniendo a la vez su propia identidad de pueblo y religión. Así sucedió, por ejemplo, con los armenios, con los mismos italianos emigrantes y así está ocurriendo con los migrantes de ahora: africanos, filipinos, chinos, árabes de diversos países, pueblos pertenecientes al Este europeo o a Sudamérica, etc. Todos estos pueblos tuvieron la dolorosa necesidad de emigrar, pero también la suerte -en los mejores casos- de enriquecerse uniendo su cultura a la de quienes les dieron hospitalidad, enriqueciéndose igualmente, sin anular, cuando fue posible, ni la una ni la otra.

X. La ideología racista está basada en el temor de la "alteración" de la propia raza, aunque ser "bastardos" represente un bien. Es totalmente ciega con respecto al hecho de que muchas sociedades reconozcan que casarse fuera, incluso con los propios enemigos, está bien porque saben que las alianzas son más preciosas que las barreras. Por lo demás, en los humanos los caracteres físicos se alteran mucho más por las condiciones de vida que por la selección, ya que las características psicológicas de los individuos y los pueblos no están escritos en sus genes. El mestizaje cultural es la base fundante de la esperanza de progreso que se deriva de la constitución de la Unión Europea. Una Italia racista que se fragmentase en "etnias" separadas, como ha ocurrido en la ex Yugoeslavia, sería devastada y devastante ahora y en el futuro.

Las consecuencias del racismo son realmente epocales: significan la pérdida de cultura y de plasticidad, homicidio y suicidio, de fragmentación e implosión, incontrolables porque están originadas por la repulsa indiscriminada hacia quienes se consideran los "otros" y no "nosotros".

Firmantes



Rita Levi Montalcini. Neurobióloga. Premio Nobel de Medicina.

Enrico Alleva, Docente di Etologia, Istituto Superiore di Sanità, Roma Guido Barbujani, Docente di Genetica di popolazioni, Università Ferrara

Marcello Buiatti, Docente di Genetica, Università di Firenze

Laura dalla Ragione, Psichiatra e psicoterapeuta, Perugia

Elena Gagliasso, Docente di Filosofia e Scienze del vivente, Università La Sapienza , Roma

Massimo Livi Bacci, Docente di demografia, Università di Firenze

Alberto Piazza, Docente di Genetica Umana, Università di Torino

Agostino Pirella, Psichiatra, co-fondatore di Psichiatria democratica, Torino

Francesco Remotti, Docente di Antropologia culturale, Università di Torino

Filippo Tempia, Docente di Fisiologia, Università di Torino

Flavia Zucco, Dirigente di Ricerca, Presidente Associazione Donne e Scienza, Istituto di Medicina molecolare, CNR , Roma

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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 03 2012, 17:05

[quote]
VII. El racismo es simultáneamente homicida y suicida. Los imperios se convirtieron en tales gracias a la convivencia de pueblos y culturas diversas, y se colapsaron cuando se fragmentaron. Así ha ocurrido y sucede en las naciones con las guerras civiles y cuando, para enfrentarse a las crisis, tomaron a las minorías como chivos expiatorios. El racismo es suicida porque no sólo golpea a los que pertenecen a pueblos distintos sino a los mismos que lo practican. La tendencia al odio indiscriminado que lo alimenta se extiende por contagio de ideas a toda alteridad externa o extraña con respecto a una definición cada vez más estrecha de la "normalidad". Agrede a quienes están "fuera de la raya", los "locos", los "pobres de espíritu", los gays y lesbianas, los poetas, los artistas, los escritores alternativos, todos los que no son homologables a tipologías humanas estandard, aunque sean quienes permiten realmente a la humanidad cambiar continuamente y vivir. Todo sistema viviente se mantiene tal si sólo es capaz de cambiar, y nosotros, los seres humanos, cambiamos cada vez menos con los genes y siempre más con los inventos de nuestros "benévolamente desordenados" cerebros

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Mensaje por azor el Jue Mayo 03 2012, 18:17

Me animo a lanzar esto ahora, que quería decirlo ya antes. Y qué si existiesen contemporáneamente especies de homínidos diferentes, y qué si en el extraño tema explotado por la ciencia ficción, diferentes razas, especies o seres inteligentes (de inteligencia muy desarrollada, como la que solemos concebir) compartieran un mismo espacio y lenguajes. Y lo digo para levantar un poco el siguiente velo de los discursos antiracistas: la tolerancia se justifica porque el otro no es en el fondo muy diferente a mí, pertenecemos a la misma rama biológica.

Que es cierto, pero no necesariamente ese punto final es el que justifica mi comportamiento de respeto hacia el otro, lo otro. Si no la diferencia. Y claro, como la diferencia "considerable" no está en los rasgos genéticos, dónde radica la verdadera diferencia entre los seres humanos que tanta molestia y malestar les despierta?



Última edición por azor el Vie Mayo 04 2012, 00:46, editado 3 veces
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Mensaje por azor el Jue Mayo 03 2012, 18:30

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Y por supuesto colocaré el video también entre los posts de poesía.
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Mensaje por Celtíbero el Jue Mayo 03 2012, 19:32

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Rita Levi-Montalcini, la importante neurobióloga y Premio Nóbel de Medicina, encabeza un importante manifiesto contra el racismo. A sus noventa y nueve años, ahí está al pie de la idea y en el tajo de la solidaridad. A sus pies, señora. Este blog se honra en reproducir el manifiesto. (A tí, lector: no te importe copiarlo y reproducirlo).


I. Las razas humanas no existen. La existencia de las razas humanas es una abstracción que se deriva de una falsa interpretación de pequeñas diferencias físicas, que nuestros sentidos perciben, erróneamente asociadas a diferencias "psicológicas" e interpretadas sobre la base de prejuicios seculares. Estas abstractas subdivisiones, fundadas en la idea de que los humanos constituyen grupos biológica y hereditariamente muy distintos son puras invenciones que siempre se han utilizado para clasificar arbitrariamente hombres y mujeres en "mejores" y "peores" y, de esta manera, discriminar a los últimos (siempre los más débiles), después de haberles achacado que son la clave de todos los males en todos los momentos de crisis.

II. La humanidad no está formada por grandes y pequeñas razas. Es, sin embargo y ante todo, una red de personas vinculadas. Es verdad que los seres humanos se juntan en grupos de individuos, comunidades locales, etnias, naciones y civilizaciones. Pero esto no sucede porque tengan los mismos genes sino porque comparten historias de vida, ideales y religiones, costumbres y comportamientos, formas y estilos de vida, incluso culturales. Las agrupaciones nunca son estables a partir de los DNA idénticos; al contrario, están sujetas a profundos cambios históricos: se forman, se transforman, se mezclan, se fragmentan y se disuelven con una rapidez incompatible con los tiempos exigidos por los procesos de selección genética.

III. El concepto de raza no tiene significado biológico en la especie humana. El análisis de los DNA humanos ha demostrado que la variabilidad genética en nuestra especie -menores que las de nuestros "primos", los chimpancés, gorilas y orangutanes- está representado sobre todo por diferencias entre personas de la misma población, mientras que son menores las diferencias entre poblaciones y continentes diversos. Los genes de dos individuos de la misma población son, como promedio, ligeramente más similares entre ellos que las de aquellas personas que viven en continentes diversos. Precisamente a causa de estas reducidas diferencias entre poblaciones incluso los científicos racistas nunca definieron cuántas razas constituyen la especie humana, estableciendo unas estimaciones que oscilan entre dos y doscientas razas.

IV. Está ya consolidado el carácter falso, construido y pernicioso, del mito racista, de la identificación de la "raza aria" con la imagen de un pueblo belicoso, vencedor, "puro" y "noble" con una buena parte de Europa, India y Asia central como patria y una lengua que en teoría está en la base de las lenguas indo-europeas. Bajo el perfil histórico, resulta extremadamente difícil identificar a los arios, en tanto que pueblo, y la noción de familia lingüística indo-europea que deriva de una clasificación convencional. Por el contrario, los modernos datos arqueológicos indican que Europa fue poblada en el Paleolítico por una población de origen africano y en el Neolítico se sobrepusieron otros inmigrantes provenientes del Próximo Oriente. El origen de los italianos actuales viene de los mismos inmigrantes africanos y meridionales que constituyen hoy el tejido perennemente vivo de Europa. A pesar de ello la dramática originalidad del racismo fascista se debe al aliado nazi la identificación incluso de los italianos con los "arios".

V. Es una leyenda que los sesenta millones de italianos de hoy desciendan de familias que habitaron la Italia de hace un milenio. Los mismos romanos construyeron su imperio acogiendo a personas de diversas procedencias, dándoles el estatus de cives romanos. Los fenómenos de mestizaje cultural y social, que caracterizaron la historia de toda la península -pero también los griegos, judíos, africanos, hispanos y los considerados como "bárbaros"- produjeron la híbrido que llamamos cultura italiana. Durante siglos, los italianos -aunque dispersos en el mundo y viviendo en una Italia de pequeños Estados- continuaron identificándose y fueron identificados con esta cultura global y variada, humanística y científica.

VI. No existe una raza italiana, sólo existe un pueblo italiano. Italia se unificó como Nación sólo en 1860. Hoy varios millones de italianos, en el pasado emigrantes y con frecuencia concentrados en ciudades y barrios extranjeros, se consideran y son italianos. Una de nuestras mayores riquezas es la de haberse mezclado con tantos pueblos y haber intercambiado sus culturas, "cruzándose" física y culturalmente. Atribuir a una inexistente "pureza de sangre" la "nobleza" de la "Nación", significa reducir la homogeneidad de una supuesta componente biológica y a los habitantes actuales del territorio italiano un patrimonio milenio y extendido de culturas.

VII. El racismo es simultáneamente homicida y suicida. Los imperios se convirtieron en tales gracias a la convivencia de pueblos y culturas diversas, y se colapsaron cuando se fragmentaron. Así ha ocurrido y sucede en las naciones con las guerras civiles y cuando, para enfrentarse a las crisis, tomaron a las minorías como chivos expiatorios. El racismo es suicida porque no sólo golpea a los que pertenecen a pueblos distintos sino a los mismos que lo practican. La tendencia al odio indiscriminado que lo alimenta se extiende por contagio de ideas a toda alteridad externa o extraña con respecto a una definición cada vez más estrecha de la "normalidad". Agrede a quienes están "fuera de la raya", los "locos", los "pobres de espíritu", los gays y lesbianas, los poetas, los artistas, los escritores alternativos, todos los que no son homologables a tipologías humanas estandard, aunque sean quienes permiten realmente a la humanidad cambiar continuamente y vivir. Todo sistema viviente se mantiene tal si sólo es capaz de cambiar, y nosotros, los seres humanos, cambiamos cada vez menos con los genes y siempre más con los inventos de nuestros "benévolamente desordenados" cerebros.

VIII. El racismo discrimina, niega las relaciones, introduce amenazas en los pensamientos y comportamientos diversos. Para los defensores de la raza italiana, África aparece como una amenaza pavorosa y el Mediterráneo es el mar que, simultáneamente, separa y une. Por esto, los racistas sostienen que no existe una "común raza mediterránea". Para rechazar todavía más a África, los científicos racistas levantan una barrera contra "semitas" y "camitas", que son con los que podemos entrar más fácilmente en contacto. La ciencia a señalado que uno existe una clara distinción genética entre los mediterráneos de Europa (occientales) y los de otra parte, orientales y africanos. Desde el punto de vista paleontológico y genético, están absolutamente demostradas las teorías que sostienen el origen africano de los pueblos de la tierra, comprendidos todos en una única raza.

IX. Los judíos italianos son simultáneamente judíos e italianos. Los judíos, como todos los pueblos migrantes (nadie emigra a partir de una libre opción, sino que muchos lo son por necesidad) se han esparcido por el Mundo y han formado parte de diversas culturas, manteniendo a la vez su propia identidad de pueblo y religión. Así sucedió, por ejemplo, con los armenios, con los mismos italianos emigrantes y así está ocurriendo con los migrantes de ahora: africanos, filipinos, chinos, árabes de diversos países, pueblos pertenecientes al Este europeo o a Sudamérica, etc. Todos estos pueblos tuvieron la dolorosa necesidad de emigrar, pero también la suerte -en los mejores casos- de enriquecerse uniendo su cultura a la de quienes les dieron hospitalidad, enriqueciéndose igualmente, sin anular, cuando fue posible, ni la una ni la otra.

X. La ideología racista está basada en el temor de la "alteración" de la propia raza, aunque ser "bastardos" represente un bien. Es totalmente ciega con respecto al hecho de que muchas sociedades reconozcan que casarse fuera, incluso con los propios enemigos, está bien porque saben que las alianzas son más preciosas que las barreras. Por lo demás, en los humanos los caracteres físicos se alteran mucho más por las condiciones de vida que por la selección, ya que las características psicológicas de los individuos y los pueblos no están escritos en sus genes. El mestizaje cultural es la base fundante de la esperanza de progreso que se deriva de la constitución de la Unión Europea. Una Italia racista que se fragmentase en "etnias" separadas, como ha ocurrido en la ex Yugoeslavia, sería devastada y devastante ahora y en el futuro.

Las consecuencias del racismo son realmente epocales: significan la pérdida de cultura y de plasticidad, homicidio y suicidio, de fragmentación e implosión, incontrolables porque están originadas por la repulsa indiscriminada hacia quienes se consideran los "otros" y no "nosotros".

Firmantes



Rita Levi Montalcini. Neurobióloga. Premio Nobel de Medicina.

Enrico Alleva, Docente di Etologia, Istituto Superiore di Sanità, Roma Guido Barbujani, Docente di Genetica di popolazioni, Università Ferrara

Marcello Buiatti, Docente di Genetica, Università di Firenze

Laura dalla Ragione, Psichiatra e psicoterapeuta, Perugia

Elena Gagliasso, Docente di Filosofia e Scienze del vivente, Università La Sapienza , Roma

Massimo Livi Bacci, Docente di demografia, Università di Firenze

Alberto Piazza, Docente di Genetica Umana, Università di Torino

Agostino Pirella, Psichiatra, co-fondatore di Psichiatria democratica, Torino

Francesco Remotti, Docente di Antropologia culturale, Università di Torino

Filippo Tempia, Docente di Fisiologia, Università di Torino

Flavia Zucco, Dirigente di Ricerca, Presidente Associazione Donne e Scienza, Istituto di Medicina molecolare, CNR , Roma
Muy politicamente correcto y muy guay. Existe el racismo pero no las razas. Genial. Perdona pero en este texto se dicen muchas tonterias. Ahora me toca a mi, Científicos o antropólogos que hablan de razas o algo parecido al concepto de Raza. De hecho en el ámbito médico esto es muy importante, puesto que dependiendo de la raza se es más vulnerable o no a determinadas enfermades, necesitando de un tratamientos específicos según la raza, etc :



Genetic variation, classification and 'race'
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New genetic data has enabled scientists to re-examine the relationship between human genetic variation and 'race'. We review the results of genetic analyses that show that human genetic variation is geographically structured, in accord with historical patterns of gene flow and genetic drift. Analysis of many loci now yields reasonably accurate estimates of genetic similarity among individuals, rather than populations. Clustering of individuals is correlated with geographic origin or ancestry. These clusters are also correlated with some traditional concepts of race, but the correlations are imperfect because genetic variation tends to be distributed in a continuous, overlapping fashion among populations. Therefore, ancestry, or even race, may in some cases prove useful in the biomedical setting, but direct assessment of disease-related genetic variation will ultimately yield more accurate and beneficial information.
Conclusions
Data from many sources have shown that humans are genetically homogeneous and that genetic variation tends to be shared widely among populations. Genetic variation is geographically structured, as expected from the partial isolation of human populations during much of their history. Because traditional concepts of race are in turn correlated with geography, it is inaccurate to state that race is "biologically meaningless." On the other hand, because they have been only partially isolated, human populations are seldom demarcated by precise genetic boundaries. Substantial overlap can therefore occur between populations, invalidating the concept that populations (or races) are discrete types.

When large numbers of loci are evaluated, it is often possible to infer individual ancestry, at least approximately. If done accurately and with appropriate reservations, ancestral inference may be useful in genealogical studies, in the forensic arena and in the design of case-control studies. This should not be confused, however, with the use of ethnicity or race (genetically measured or self-identified) to make decisions about drug treatment or other medical therapies. Responses to these therapies will often involve nongenetic factors and multiple alleles, and different populations will often share these alleles. When it finally becomes feasible and available, individual genetic assessment of relevant genes will probably prove more useful than race in medical decision making.

In the meantime, ethnicity or race may in some cases provide useful information in biomedical contexts, just as other categories, such as gender or age, do. But the potential usefulness of race must be balanced against potential hazards. Ignorance of the shared nature of population variation can lead to diagnostic errors (e.g., the failure to diagnose sickle-cell disease in a European individual or cystic fibrosis in an Asian individual) or to inappropriate treatment or drug prescription. The general public, including policy-makers, are easily seduced by typological thinking, and so they must be made aware of the genetic data that help to prove it wrong.

A particular area of concern is in the genetics of human behavior. As genes that may influence behavior are identified, allele frequencies are often compared in populations67, 68. These comparisons can produce useful evolutionary insights but can also lead to simplistic interpretations that may reinforce unfounded stereotypes69. In assessing the role of genes in population differences in behavior (real or imagined), several simple facts must be brought to the fore. Human behavior is complicated, and it is strongly influenced by nongenetic factors70. Thousands of pleiotropic genes are thought to influence behavior, and their products interact in complex and unpredictable ways. Considering this extraordinary complexity, the idea that variation in the frequency of a single allele could explain substantial population differences in behavior would be amusing if it were not so dangerous.

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La encuesta más reciente, hecha en 1985 (Lieberman et al. 1992), preguntó a 1.200 científicos cuántos estaban en desacuerdo con la siguiente proposición: "Hay razas biológicas en la especie Homo sapiens." Las respuestas fueron:
• biólogos 16%
• psicólogos evolutivos 36%
• antropólogos físicos 41%
• antropólogos culturales 53%
La cifra para los antropólogos físicos en los departamentos donde se otorgan los doctorados fueron ligeramente superiores, aumentando de 41% a 42%, con el 50% de acuerdo. Esta encuesta, sin embargo, no especificó ninguna definición particular de raza; Es imposible decir quiénes de ellos apoyaron la declaración del concepto de raza en términos taxonómicos o poblacionales. Esta discusión debe ser tomada, en lo futuro por cuerpos colegiados con reconocimiento internacional, ya que este termino se aplica en legislaciones nacionales, sin tener un claro contenido y por tanto pocas posibilidades por resolver los problemas de discriminación entre grupos sociales.


En general, sin embargo, entre un 5 y un 15 por ciento de variación genética ocurre entre grandes grupos que viven en continentes diferentes, con el resto de la mayoría de la variación ocurriendo entre estos grupos (Lewontin, 1972; Jorde et al., 2000a; Hinds et al., 2005). Esta distribución de variación genética difiere de los patrones vistos en muchas otras especies mamíferas, por lo que los datos existentes sugieren una mayor diferenciación entre los grupos (Templeton, 1998; Kittles & Weiss, 2003).

Los nuevos datos sobre la variación genética humana ha reencendido el debate en torno a la raza. La mayoría de la controversia rodea la cuestión de cómo interpretar estos nuevos datos, y si las conclusiones basadas en los datos existentes son sensatos. Una gran mayoría de investigadores apoyan la opinión que los grupos continentales no constituyen subespecies diferentes. Sin embargo, otros investigadores siguen debatiendo si los linajes evolucionistas deben correctamente llamarse "razas". Estas cuestiones son particularmente urgentes para la biomedicina, donde una raza propiamente descrita es a menudo usado como un indicador de ascendencia.

Aunque las diferencias genéticas entre grupos humanos son relativamente pequeñas, estas diferencias en ciertos genes (como duffy, ABCC11, SLC24A5, llamados marcadores informativos de la ascendencia) pueden utilizarse, no obstante, para situar fiablemente muchos individuos dentro de un grupo o raza amplia basada geográficamente. Por ejemplo, análisis con ordenador de miles de muestras de locis polimórficos abundantes en las poblaciones globalmente distribuidas han revelado la existencia de agrupaciones genéticas que aproximadamente se asocian con grupos que históricamente han ocupado amplias regiones continentales y subcontinentales (Rosenberg et al., 2002; Bamshad et al., 2003).

Hay un debate activo entre los investigadores biomédicos sobre el significado y la importancia de la raza en su investigación. El ímpetu principal para considerar la raza en la investigación biomédica es la posibilidad de mejorar la prevención y el tratamiento de enfermedades predeciendo los factores difíciles de establecer en base a las características más fácilmente establecidas. Los ejemplos más conocidos de desórdenes determinados genéticamente que varían en incidencia entre grupos étnicos serían la Anemia falciforme y la Talasemia entre los negros y las poblaciones mediterráneas y la enfermedad de Tay-Sachs entre gente de descendencia Ashkenazi judía. Algunos temen que el uso de etiquetas raciales en la investigación biomédica corra el riego de exacerbar las disparidades de salud sin querer, así que sugieren alternativas al uso de taxonomías raciales.

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Scientists call for the end to race denial..


Let's celebrate human genetic diversity

Bruce Lahn and Lanny Ebenstein
Nature, 8 October 2009

Science is finding evidence of genetic diversity among groups of people as well as among individuals. This discovery should be embraced, not feared, say Bruce T. Lahn and Lanny Ebenstein.

A growing body of data is revealing the nature of human genetic diversity at increasingly finer resolution. It is now recognized that despite the high degree of genetic similarities that bind humanity together as a species, considerable diversity exists at both individual and group levels (see box, page 728). The biological significance of these variations remains to be explored fully. But enough evidence has come to the fore to warrant the question: what if scientific data ultimately demonstrate that genetically based biological variation exists at non-trivial levels not only among individuals but also among groups? In our view, the scientific community and society at large are ill-prepared for such a possibility. We need a moral response to this question that is robust irrespective of what research uncovers about human diversity. Here, we argue for the moral position that genetic diversity, from within or among groups, should be embraced and celebrated as one of humanity's chief assets.

The current moral position is a sort of 'biological egalitarianism'. This dominant position emerged in recent decades largely to correct grave historical injustices, including genocide, that were committed with the support of pseudoscientific understandings of group diversity. The racial-hygiene theory promoted by German geneticists Fritz Lenz, Eugene Fischer and others during the Nazi era is one notorious example of such pseudoscience. Biological egalitarianism is the view that no or almost no meaningful genetically based biological differences exist among human groups, with the exception of a few superficial traits such as skin colour. Proponents of this view seem to hope that, by promoting biological sameness, discrimination against groups or individuals will become groundless.

We believe that this position, although well intentioned, is illogical and even dangerous, as it implies that if significant group diversity were established, discrimination might thereby be justified. We reject this position. Equality of opportunity and respect for human dignity should be humankind's common aspirations, notwithstanding human differences no matter how big or small. We also think that biological egalitarianism may not remain viable in light of the growing body of empirical data.

Many people may acknowledge the possibility of genetic diversity at the group level, but see it as a threat to social cohesion. Some scholars have even called for a halt to research into the topic or sensitive aspects of it, because of potential misuse of the information. Others will ask: if information on group diversity can be misused, why not just focus on individual differences and ignore any group variation? We strongly affirm that society must guard vigilantly against any misuse of genetic information, but we also believe that the best defence is to take a positive attitude towards diversity, including that at the group level. We argue for our position from two perspectives: first, that the understanding of group diversity can benefit research and medicine, and second, that human genetic diversity as a whole, including group diversity, greatly enriches our species.

[...]

Box 2. Emerging understanding of human genetic diversity

Genetic diversity is the differences in DNA sequence among members of a species. It is present in all species owing to the interplay of mutation, genetic drift, selection and population structure. When a species is reproductively isolated into multiple groups by geography or other means, the groups differentiate over time in their average genetic make-up.

Anatomically modern humans first appeared in eastern Africa about 200,000 years ago. Some members migrated out of Africa by 50,000 years ago to populate Asia, Australia, Europe and eventually the Americas. During this period, geographic barriers separated humanity into several major groups, largely along continental lines, which greatly reduced gene flow among them. Geographic and cultural barriers also existed within major groups, although to lesser degrees.

This history of human demography, along with selection, has resulted in complex patterns of genetic diversity. The basic unit of this diversity is polymorphisms — specific sites in the genome that exist in multiple variant forms (or alleles). Many polymorphisms involve just one or a few nucleotides, but some may involve large segments of genetic material. The presence of polymorphisms leads to genetic diversity at the individual level such that no two people's DNA is the same, except identical twins. The alleles of some polymorphisms are also found in significantly different frequencies among geographic groups. An extreme example is the pigmentation gene SLC24A5. An allele of SLC24A5 that contributes to light pigmentation is present in almost all Europeans but is nearly absent in east Asians and Africans.

Given these geographically differentiated polymorphisms, it is possible to group humans on the basis of their genetic make-up. Such grouping largely confirms historical separation of global populations by geography. Indeed, a person's major geographic group identity can be assigned with near certaintly on the basis of his or her DNA alone (now an accepted practice in forensics). There is growing evidence that some of the geographically differentiated polymorphisms are functional, meaning that they can lead to different biological outcomes (just how many is the subject of ongoing research). These polymorphisms can affect traits such as pigmentation, dietary adaptation and pathogen resistance (where evidence is rather convincing), and metabolism, physical development and brain biology (where evidence is more preliminary).

For most biological traits, genetically based differentiation among groups is probably negligible compared with the variation within the group. For other traits, such as pigmentation and lactose intolerance, differences among groups are so substantial that the trait displays an inter-group difference that is non-trivial compared with the variance within groups, and the extreme end of a trait may be significantly over-represented in a group.

Several studies have shown that many genes in the human genome may have undergone recent episodes of positive selection — that is, selection for advantageous biological traits. This is contrary to the position advocated by some scholars that humans effectively stopped evolving 50,000–40,000 years ago. In general, positive selection can increase the prevalence of functional polymorphisms and create geographic differentiation of allele frequencies.

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Broad population categories can be discerned genetically when enough polymorphisms are analyzed, as seen in Figure 3, so these categories are not devoid of biological meaning. When several thousand or more polymorphisms are examined, individual populations, such as Japanese and Chinese, can be delineated34, and members of 'admixed' American populations, such as Hispanics, African-Americans and European-Americans, can be accurately identified34, 49. Similar results are obtained whether coding or noncoding polymorphisms are used49.

In the meantime, ethnicity or race may in some cases provide useful information in biomedical contexts, just as other categories, such as gender or age, do. But the potential usefulness of race must be balanced against potential hazards. Ignorance of the shared nature of population variation can lead to diagnostic errors (e.g., the failure to diagnose sickle-cell disease in a European individual or cystic fibrosis in an Asian individual) or to inappropriate treatment or drug prescription. The general public, including policy-makers, are easily seduced by typological thinking, and so they must be made aware of the genetic data that help to prove it wrong.
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subsequent analyses demonstrated that genetic data can be used to accurately classify humans into populations (Rosenberg et al. 2002, 2005; Bamshad et al. 2003; Turakulov and Easteal 2003; Tang et al. 2005; Lao et al. 2006). Risch et al. (2002) and Edwards (2003) used theoretical illustrations to show why accurate classification is possible despite the slight differences in allele frequencies between populations. These illustrations suggest that, if enough loci are considered, two individuals from the same population may be genetically more similar (i.e., more closely related) to each other than to any individual from another population (as foreshadowed by Powell and Taylor 1978). Accordingly, Risch et al. (2002, p. 2007.5) state that “two Caucasians are more similar to each other genetically than a Caucasian and an Asian.”

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The looming crisis in human genetics
Some awkward news ahead


Human geneticists have reached a private crisis of conscience, and it will become public knowledge in 2010. The crisis has depressing health implications and alarming political ones. In a nutshell: the new genetics will reveal much less than hoped about how to cure disease, and much more than feared about human evolution and inequality, including genetic differences between classes, ethnicities and races.
About five years ago, genetics researchers became excited about new methods for “genome-wide association studies” (GWAS). We already knew from twin, family and adoption studies that all human traits are heritable: genetic differences explain much of the variation between individuals. We knew the genes were there; we just had to find them. Companies such as Illumina and Affymetrix produced DNA chips that allowed researchers to test up to 1m genetic variants for their statistical association with specific traits. America’s National Institutes of Health and Britain’s Wellcome Trust gave huge research grants for gene-hunting. Thousands of researchers jumped on the GWAS bandwagon. Lab groups formed and international research consortia congealed. The quantity of published GWAS research has soared.
In 2010, GWAS fever will reach its peak. Dozens of papers will report specific genes associated with almost every imaginable trait—intelligence, personality, religiosity, sexuality, longevity, economic risk-taking, consumer preferences, leisure interests and political attitudes. The data are already collected, with DNA samples from large populations already measured for these traits. It’s just a matter of doing the statistics and writing up the papers for Nature Genetics. The gold rush is on throughout the leading behaviour-genetics centres in London, Amsterdam, Boston, Boulder and Brisbane.
GWAS researchers will, in public, continue trumpeting their successes to science journalists and Science magazine. They will reassure Big Pharma and the grant agencies that GWAS will identify the genes that explain most of the variation in heart disease, cancer, obesity, depression, schizophrenia, Alzheimer’s and ageing itself. Those genes will illuminate the biochemical pathways underlying disease, which will yield new genetic tests and blockbuster drugs. Keep holding your breath for a golden age of health, happiness and longevity.
In private, though, the more thoughtful GWAS researchers are troubled. They hold small, discreet conferences on the “missing heritability” problem: if all these human traits are heritable, why are GWAS studies failing so often? The DNA chips should already have identified some important genes behind physical and mental health. They simply have not been delivering the goods.
They simply have not been delivering the goods
Certainly, GWAS papers have reported a couple of hundred genetic variants that show statistically significant associations with a few traits. But the genes typically do not replicate across studies. Even when they do replicate, they never explain more than a tiny fraction of any interesting trait. In fact, classical Mendelian genetics based on family studies has identified far more disease-risk genes with larger effects than GWAS research has so far.
Why the failure? The missing heritability may reflect limitations of DNA-chip design: GWAS methods so far focus on relatively common genetic variants in regions of DNA that code for proteins. They under-sample rare variants and DNA regions translated into non-coding RNA, which seems to orchestrate most organic development in vertebrates. Or it may be that thousands of small mutations disrupt body and brain in different ways in different populations. At worst, each human trait may depend on hundreds of thousands of genetic variants that add up through gene-expression patterns of mind-numbing complexity.
Political science
We will know much more when it becomes possible to do cheap “resequencing”—which is really just “sequencing” a wider variety of individuals beyond the handful analysed for the Human Genome Project. Full sequencing means analysing all 3 billion base pairs of an individual’s DNA rather than just a sample of 1m genetic variants as the DNA chips do. When sequencing costs drop within a few years below $1,000 per genome, researchers in Europe, China and India will start huge projects with vast sample sizes, sophisticated bioinformatics, diverse trait measures and detailed family structures. (American bioscience will prove too politically squeamish to fund such studies.) The missing heritability problem will surely be solved sooner or later.
The trouble is, the resequencing data will reveal much more about human evolutionary history and ethnic differences than they will about disease genes. Once enough DNA is analysed around the world, science will have a panoramic view of human genetic variation across races, ethnicities and regions. We will start reconstructing a detailed family tree that links all living humans, discovering many surprises about mis-attributed paternity and covert mating between classes, castes, regions and ethnicities.
We will also identify the many genes that create physical and mental differences across populations, and we will be able to estimate when those genes arose. Some of those differences probably occurred very recently, within recorded history. Gregory Cochran and Henry Harpending argued in “The 10,000 Year Explosion” that some human groups experienced a vastly accelerated rate of evolutionary change within the past few thousand years, benefiting from the new genetic diversity created within far larger populations, and in response to the new survival, social and reproductive challenges of agriculture, cities, divisions of labour and social classes. Others did not experience these changes until the past few hundred years when they were subject to contact, colonisation and, all too often, extermination.
If the shift from GWAS to sequencing studies finds evidence of such politically awkward and morally perplexing facts, we can expect the usual range of ideological reactions, including nationalistic retro-racism from conservatives and outraged denial from blank-slate liberals. The few who really understand the genetics will gain a more enlightened, live-and-let-live recognition of the biodiversity within our extraordinary species—including a clearer view of likely comparative advantages between the world’s different economies.

Geoffrey Miller: evolutionary psychologist, University of New Mexico; author of “Spent: Sex, Evolution, and Consumer Behavior” (Viking)

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Human to human total genetic variation is approximately 0.5%. Single-nucleotide polymorphisms (SNPs) are single base-pair DNA differences accounting for 0.1% variation. Of this 0.1% difference, 85% is found within any given population, 7% is found between populations within a continent and only 8% is found on average between the various continental populations. Based on this observation, evolutionary biologist Richard Lewontin has claimed that accurate racial classification of humans is impossible and can have no taxonomic utility. However, this view has been rejected by geneticist A. W. F. Edwards in his paper entitled Human Genetic Diversity: Lewontin's Fallacy (2003). Edwards argues that accurate classification of humans is possible because most of the data that distinguishes populations occurs in correlations between allele frequencies, although these classifications vary depending on a number of criteria, such as sampling strategy, type of locus, distribution of loci around the genome and number of loci. Nonetheless, Witherspoon et al. (2007) demonstrate that even when accurate classification of human populations is achieved, often individuals classified into different groups are more genetically similar to each other than to members of their own group. This seems to be due to the fact that multi-locus clustering does not take into account the genetic similarities between individuals, and only uses population level traits for comparison. They conclude that accurate classification of individuals drawn from a continuously varying human population may be impossible. Compared with most other species, the amount of genetic diversity among humans is relatively small. For example, two random chimpanzee are expected to differ by about 1 in 500 DNA base pairs, equivalent to double the diversity amongst humans. This may indicate that chimpanzees have existed as a species much longer than humans.[12]
Ancestry-informative markers (AIMs) are stretches of DNA which have several polymorphisms that exhibit substantially different frequencies between different populations. Using AIMs, scientists can determine a person's ancestral continent of origin based solely on their DNA. AIMs can also be used to determine someone's admixture proportions.[13]

12. ^ understanding human genetic variation
13. ^ Lewontin, R.C.. "Confusions About Human Races". [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

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A clustering of populations that does correspond to classical continental "races" can be acheived by using a special class of non-functional DNA, microsatellites. By selecting among microsatellites, it is possible to find a set that will cluster together African populations, European populations, and Asian populations, etc. These selected microsatellite DNA markers are not typical of genes, however, but have been chosen precisely because they are "maximally informative" about group differences. Thus, they tell us what we already knew about the differences between populations of the classical "races" from skin color, face shape, and hair form. They have the added advantage of allowing us to make good estimates of the amount of intermixture that has occurred between populations as a result of migrations and conquests.

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A study by Neil Risch in 2005 used 326 microsatellite markers and self-identified race/ethnic group (SIRE), white (European American), African-American (black), Asian and Hispanic (individuals involved in the study had to choose from one of these categories), to representing discrete "populations", and showed distinct and non-overlapping clustering of the white, African-American and Asian samples. The results were claimed to confirm the integrity of self-described ancestry: "We have shown a nearly perfect correspondence between genetic cluster and SIRE for major ethnic groups living in the United States, with a discrepancy rate of only 0.14%." But also warned that: "This observation does not eliminate the potential for confounding in these populations. First, there may be subgroups within the larger population group that are too small to detect by cluster analysis. Second, there may not be discrete subgrouping but continuous ancestral variation that could lead to stratification bias. For example, African Americans have a continuous range of European ancestry that would not be detected by cluster analysis but could strongly confound genetic case-control studies. (Tang, 2005)
Studies such as those by Risch and Rosenberg use a computer program called STRUCTURE to find human populations (gene clusters). It is a statistical program that works by placing individuals into one of two clusters based on their overall genetic similarity, many possible pairs of clusters are tested per individual to generate multiple clusters.[2] These populations are based on multiple genetic markers that are often shared between different human populations even over large geographic ranges. The notion of a genetic cluster is that people within the cluster share on average similar allele frequencies to each other than to those in other clusters. (A. W. F. Edwards, 2003 but see also infobox "Multi Locus Allele Clusters") In a test of idealised populations, the computer programme STRUCTURE was found to consistently under-estimate the numbers of populations in the data set when high migration rates between populations and slow mutation rates (such as single nucleotide polymorphisms) were considered.[3]

Nevertheless the Rosenberg et al. (2002) paper shows that individuals can be assigned to specific clusters to a high degree of accuracy.
On the other hand Edwards (2003) claims in his essay "Lewontin's Fallacy" that: "It is not true, as Nature claimed, that 'two random individuals from any one group are almost as different as any two random individuals from the entire world'" and Risch et al. (2002) state "Two Caucasians are more similar to each other genetically than a Caucasian and an Asian." It should be noted that these statements are not the same. Risch et al. simply state that two indigenous individuals from the same geographical region are more similar to each other than either is to an indigenous individual from a different geographical region, a claim few would argue with. Jorde et al. put it like this:
The picture that begins to emerge from this and other analyses of human genetic variation is that variation tends to be geographically structured, such that most individuals from the same geographic region will be more similar to one another than to individuals from a distant region.[1]

1. ^ a b Lynn B Jorde & Stephen P Wooding, 2004, "Genetic variation, classification and 'race'" in Nature Genetics 36, S28 - S33 Genetic variation, classification and 'race'

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Worldwide Human Relationships Inferred from Genome-Wide Patterns of Variation

Jun Z. Li et al. 2008

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Abstract
Human genetic diversity is shaped by both demographic and biological factors and has fundamental implications for understanding the genetic basis of diseases. We studied 938 unrelated individuals from 51 populations of the Human Genome Diversity Panel at 650,000 common single-nucleotide polymorphism loci. Individual ancestry and population substructure were detectable with very high resolution. The relationship between haplotype heterozygosity and geography was consistent with the hypothesis of a serial founder effect with a single origin in sub-Saharan Africa. In addition, we observed a pattern of ancestral allele frequency distributions that reflects variation in population dynamics among geographic regions. This data set allows the most comprehensive characterization to date of human genetic variation.

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Cavalli-Sforza Believes in Race


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Geneticist Luigi Luca Cavalli-Sfroza likes to toe the left-wing party line by denying the existence of race and promoting anti-racism with oft-quoted statements like these:
"The classification into races has proved to be a futile exercise. [...] [My research is] expected to undermine the popular belief that there are clearly defined races, [and] to contribute to the elimination of racism. [...] The idea of race in the human species serves no purpose."

But his less-often quoted description of the genetic map from his book The History and Geography of Human Genes belies the "official" position he publicly endorses:
"The color map of the world shows very distinctly the differences that we know exist among the continents: Africans (yellow), Caucasoids (green), Mongoloids (purple), and Australian Aborigines (red). The map does not show well the strong Caucasoid component in northern Africa, but it does show the unity of the other Caucasoids from Europe, and in West, South, and much of Central Asia."

There may be other scientists who put up a PC front like this to keep controversy at bay. But unfortunately, they provide ammunition to uninformed laymen with an anti-race agenda.

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Hua Tang et al. (2005)

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Racial clusters

This study is self-explanatory really, but two interesting findings are the emergence of a "Hispanic" racial cluster, which can be explained by the choice of a population sample from a single location, as Hispanics are generally heterogeneous racially, and the near-perfect differentiation of the Japanese from the Chinese in the Mongoloid cluster, suggesting the potential for subracial differentiation in future studies.

The research also confirms that in terms of genetic similarity, the major split of mankind is between the Mongoloids and the rest, a finding similar to Rosenberg et al. (2002) and to craniometric clustering results.

Am. J. Hum. Genet., 76:000, 2005

Genetic Structure, Self-Identified Race/Ethnicity, and Confounding in Case-Control Association Studies

Hua Tang et al.

We have analyzed genetic data for 326 microsatellite markers that were typed uniformly in a large multiethnic population-based sample of individuals as part of a study of the genetics of hypertension (Family Blood Pressure Program). Subjects identified themselves as belonging to one of four major racial/ethnic groups (white, African American, East Asian, and Hispanic) and were recruited from 15 different geographic locales within the United States and Taiwan. Genetic cluster analysis of the microsatellite markers produced four major clusters, which showed near-perfect correspondence with the four self-reported race/ethnicity categories. Of 3,636 subjects of varying race/ethnicity, only 5 (0.14%) showed genetic cluster membership different from their self-identified race/ethnicity. On the other hand, we detected only modest genetic differentiation between different current geographic locales within each race/ethnicity group. Thus, ancient geographic ancestry, which is highly correlated with self-identified race/ethnicity—as opposed to current residence—is the major determinant of genetic structure in the U.S. population. Implications of this genetic structure for case-control association studies are discussed.

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Agrawal et al. (2005)
21 populations, 5 loci, 3 clusters

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Forensic STR loci have high variability and mutation rate. This makes them useful in forensic applications, because the large number of different alleles make it very easy to distinguish between different individuals. On the other hand, the high variability of forensic STR loci results in the same alleles being the result of homoplasy, or convergent evolution, and not of common descent. So, there is some controversy as to whether they can be used in phylogenetic studies about human population history.

BMC Genetics 2005, 6:47

Reconstructing recent human phylogenies with forensic STR loci: A statistical approach


Suraksha Agrawal and Faisal Khan

Abstract (provisional)

Background

Forensic STR loci are effective for the purpose of individual identification, and other forensic applications. Most of these markers have high allelic variability and mutation rate because of which they have limited use in the phylogenetic reconstruction. In the present study, we have carried out a meta-analysis to explore the possibility of using only five STR loci (TPOX, FES, vWA, F13A and Tho1) to carry out phylogenetic assessment

Results

Phylogenetic analysis based on two different approaches - genetic distance and maximum likelihood along with statistical bootstrapping procedure involving 1000 replicates was carried out. The ensuing tree topologies and PC plots were further compared with those obtained in earlier phylogenetic investigations. The compiled database of 21 populations got segregated and finely resolved into three basal clusters with very high bootstrap values corresponding to three geo-ethnic groups of African, Orientals, and Caucasians.


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Discussion
Five forensic STR loci are found highly successful in providing fine resolution for the reconstruction of recent human evolutionary histories. All three approaches used for phylogenetic reconstruction (NJ and ML tree topologies and PC-plot analysis) have depicted strong racial partitioning and deciphering the accurate phylogenetic information about North Indian Hindus which is in accordance with those derived from other more renounced phylogenetic markers as well as historical evidences [10-12].

In this regard, a successful attempt was made by Rowold et al. 2003 [6], by compiling 10 geographically and racially different populations on five forensic STR loci.

Overall, the analysis of five forensic STR loci have depicted a strong racial phylogeny indicating that high heterozygosity and/or numerous observed alleles do not necessarily interfere with the phylogenetic information content of the locus, provided that frequency distribution of the populations is significantly different. Significantly, larger number of alleles increases the chances of the presence of signature alleles in segregating populations. Despite all the potential problems associated with forensic STR loci including that of high mutation rates, successfully resolution the genetic difference between inter and intra geo-ethnic groups suggesting that if well-defined statistical approaches are followed, then even a smaller number of forensic STR loci are powerful enough in reconstructing human phylogenies.

Conclusion

Based on this study we conclude that if appropriate and logistic statistical approaches are followed then even lesser number of forensic STR loci are powerful enough to reconstruct the recent human phylogenies despite of their relatively high mutation rates.

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Biologists Take Definitive Stance in "Race Debate"


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This paper was even written up in the New York Times (with obligatory "opposing view" that doesn't amount to much).

Categorization of humans in biomedical research: genes, race and disease

Neil Risch, Esteban Burchard, Elad Ziv, and Hua Tang
Genome Biology, 2002

EXCERPT:

With this as background, it is not surprising that numerous human population genetic studies have come to the identical conclusion - that genetic differentiation is greatest when defined on a continental basis. The results are the same irrespective of the type of genetic markers employed, be they classical systems [5], restriction fragment length polymorphisms (RFLPs) [6], microsatellites [7,8,9,10,11], or single nucleotide polymorphisms (SNPs) [12]. For example, studying 14 indigenous populations from 5 continents with 30 microsatellite loci, Bowcock et al. [7] observed that the 14 populations clustered into the five continental groups, as depicted in Figure 1. The African branch included three sub-Saharan populations, CAR pygmies, Zaire pygmies, and the Lisongo; the Caucasian branch included Northern Europeans and Northern Italians; the Pacific Islander branch included Melanesians, New Guineans and Australians; the East Asian branch included Chinese, Japanese and Cambodians; and the Native American branch included Mayans from Mexico and the Surui and Karitiana from the Amazon basin. The identical diagram has since been derived by others, using a similar or greater number of microsatellite markers and individuals [8,9]. More recently, a survey of 3,899 SNPs in 313 genes based on US populations (Caucasians, African-Americans, Asians and Hispanics) once again provided distinct and non-overlapping clustering of the Caucasian, African-American and Asian samples [12]: "The results confirmed the integrity of the self-described ancestry of these individuals". Hispanics, who represent a recently admixed group between Native American, Caucasian and African, did not form a distinct subgroup, but clustered variously with the other groups. A previous cluster analysis based on a much smaller number of SNPs led to a similar conclusion: "A tree relating 144 individuals from 12 human groups of Africa, Asia, Europe and Oceania, inferred from an average of 75 DNA polymorphisms/individual, is remarkable in that most individuals cluster with other members of their regional group" [13]. Effectively, these population genetic studies have recapitulated the classical definition of races based on continental ancestry - namely African, Caucasian (Europe and Middle East), Asian, Pacific Islander (for example, Australian, New Guinean and Melanesian), and Native American.

[...]

Populations that exist at the boundaries of these continental divisions are sometimes the most difficult to categorize simply. For example, east African groups, such as Ethiopians and Somalis, have great genetic resemblance to Caucasians and are clearly intermediate between sub-Saharan Africans and Caucasians [5]. The existence of such intermediate groups should not, however, overshadow the fact that the greatest genetic structure that exists in the human population occurs at the racial level.

Most recently, Wilson et al. [2] studied 354 individuals from 8 populations deriving from Africa (Bantus, Afro-Caribbeans and Ethiopians), Europe/Mideast (Norwegians, Ashkenazi Jews and Armenians), Asia (Chinese) and Pacific Islands (Papua New Guineans). Their study was based on cluster analysis using 39 microsatellite loci. Consistent with previous studies, they obtained evidence of four clusters representing the major continental (racial) divisions described above as African, Caucasian, Asian, and Pacific Islander. The one population in their analysis that was seemingly not clearly classified on continental grounds was the Ethiopians, who clustered more into the Caucasian group. But it is known that African populations with close contact with Middle East populations, including Ethiopians and North Africans, have had significant admixture from Middle Eastern (Caucasian) groups, and are thus more closely related to Caucasians [14]. Furthermore, the analysis by Wilson et al. [2] did not detect subgroups within the four major racial clusters (for example, it did not separate the Norwegians, Ashkenazi Jews and Armenians among the Caucasian cluster), despite known genetic differences among them. The reason is clearly that these differences are not as great as those between races and are insufficient, with the amount of data provided, to distinguish these subgroups.
Are racial differences merely cosmetic?

Two arguments against racial categorization as defined above are firstly that race has no biological basis [1,3], and secondly that there are racial differences but they are merely cosmetic, reflecting superficial characteristics such as skin color and facial features that involve a very small number of genetic loci that were selected historically; these superficial differences do not reflect any additional genetic distinctiveness [2]. A response to the first of these points depends on the definition of 'biological'. If biological is defined as genetic then, as detailed above, a decade or more of population genetics research has documented genetic, and therefore biological, differentiation among the races. This conclusion was most recently reinforced by the analysis of Wilson et al. [2]. If biological is defined by susceptibility to, and natural history of, a chronic disease, then again numerous studies over past decades have documented biological differences among the races. In this context, it is difficult to imagine that such differences are not meaningful. Indeed, it is difficult to conceive of a definition of 'biological' that does not lead to racial differentiation, except perhaps one as extreme as speciation.

A forceful presentation of the second point - that racial differences are merely cosmetic - was given recently in an editorial in the New England Journal of Medicine [1]: "Such research mistakenly assumes an inherent biological difference between black-skinned and white-skinned people. It falls into error by attributing a complex physiological or clinical phenomenon to arbitrary aspects of external appearance. It is implausible that the few genes that account for such outward characteristics could be meaningfully linked to multigenic diseases such as diabetes mellitus or to the intricacies of the therapeutic effect of a drug." The logical flaw in this argument is the assumption that the blacks and whites in the referenced study differ only in skin pigment. Racial categorizations have never been based on skin pigment, but on indigenous continent of origin. For example, none of the population genetic studies cited above, including the study of Wilson et al. [2], used skin pigment of the study subjects, or genetic loci related to skin pigment, as predictive variables. Yet the various racial groups were easily distinguishable on the basis of even a modest number of random genetic markers; furthermore, categorization is extremely resistant to variation according to the type of markers used (for example, RFLPs, microsatellites or SNPs).

Genetic differentiation among the races has also led to some variation in pigmentation across races, but considerable variation within races remains, and there is substantial overlap for this feature. For example, it would be difficult to distinguish most Caucasians and Asians on the basis of skin pigment alone, yet they are easily distinguished by genetic markers. The author of the above statement [1] is in error to assume that the only genetic differences between races, which may differ on average in pigmentation, are for the genes that determine pigmentation.

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DNA tests offer clues to suspect's race


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Similarly, forensic anthropologists draw on highly heritable morphological features of human remains (e.g. cranial measurements) to aid in the identification of the body, including in terms of race. In a recent article anthropologist Norman Sauer asked, "if races don't exist, why are forensic anthropologists so good at identifying them?"[100] Sauer observed that the use of 19th century racial categories is widespread among forensic anthropologists:
• "In many cases there is little doubt that an individual belonged to the Negro, Caucasian, or Mongoloid racial stock."[101]
• "Thus the forensic anthropologist uses the term race in the very broad sense to differentiate what are commonly known as white, black and yellow racial stocks."[102]
• "In estimating race forensically, we prefer to determine if the skeleton is Negroid, or Non-Negroid. If findings favor Non-Negroid, then further study is necessary to rule out Mongoloid."[103]

100. ^ Sauer, Norman J. (1992) "Forensic Anthropology and the Concept of Race: If Races Don't Exist, Why are Forensic Anthropologists So Good at Identifying them" in Social Science and Medicine 34(2): 107-111.
101. ^ El-Najjar M. Y. and McWilliams K. R. Forensic Anthropology: The Structure, Morphology and Variation of Human Bone and Dentition, p. 72. Charles C. Thomas,

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On the other hand, there are tests that do not rely on molecular lineages, but rather on correlations between allele frequencies, often when allele frequencies correlate these are called clusters. Clustering analyses are less powerful than lineages because they cannot tell a historical story, they can only estimate the proportion of a person's ancestry from any given large geographical region. These sorts of tests use informative alleles called Ancestry-informative marker (AIM), which although shared across all human populations vary a great deal in frequency between groups of people living in geographically distant parts of the world.
These tests use contemporary people sampled from certain parts of the world as references to determine the likely proportion of ancestry for any given individual. In a recent Public Service Broadcasting (PBS) programme on the subject of genetic ancestry testing the academic Henry Louis Gates: "wasn’t thrilled with the results (it turns out that 50 percent of his ancestors are likely European)".[88] Charles Rotimi, of Howard University's National Human Genome Center, is one of many who have highlighted the methodological flaws in such research—that "the nature or appearance of genetic clustering (grouping) of people is a function of how populations are sampled, of how criteria for boundaries between clusters are set, and of the level of resolution used" all bias the results—and concluded that people should be very cautious about relating genetic lineages or clusters to their own sense of identity.[89]
Thus, in analyses that assign individuals to groups it becomes less apparent that self-described racial groups are reliable indicators of ancestry. One cause of the reduced power of the assignment of individuals to groups is admixture. For example, self-described African Americans tend to have a mix of West African and European ancestry. Shriver et al. (2003)[82] found that on average African Americans have ~80% African ancestry. Also, in a survey of college students who self-identified as "white" in a northeastern U.S. university, ~30% of whites had less than 90% European ancestry.[90]
Stephan Palmie has responded to Abu el-Haj's claim that genetic lineages make possible a new, politically, economically, and socially benign notion of race and racial difference by suggesting that efforts to link genetic history and personal identity will inevitably "ground present social arrangements in a time-hallowed past," that is, use biology to explain cultural differences and social inequalities.[91]
88. ^ "Back with a Vengeance: the Reemergence of a Biological Conceptualization of Race in Research on Race/Ethnic Disparities in Health Reanne Frank". [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] Retrieved 2009-04-

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More recently, the Human Genome Project (2001) (HGP) highlighted the basic genetic similarity of all humans, yet subsequent analyses demonstrated that genetic data can be used to accurately classify humans into populations (Rosenberg et al. 2002, 2005; Bamshad et al. 2003; Turakulov and Easteal 2003; Tang et al. 2005; Lao et al. 2006). Risch et al. (2002) and Edwards (2003) used theoretical illustrations to show why accurate classification is possible despite the slight differences in allele frequencies between populations. These illustrations suggest that, if enough loci are considered, two individuals from the same population may be genetically more similar (i.e., more closely related) to each other than to any individual from another population (as foreshadowed by Powell and Taylor 1978). Accordingly, Risch et al. (2002, p. 2007.5) state that “two Caucasians are more similar to each other genetically than a Caucasian and an Asian.” However, in a reanalysis of data from 377 microsatellite loci typed in 1056 individuals, Europeans proved to be more similar to Asians than to other Europeans 38% of the time (Bamshad et al. 2004; population definitions and data from Rosenberg et al. 2002).

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However, this view has been rejected by geneticist A. W. F. Edwards in his paper entitled Human Genetic Diversity: Lewontin's Fallacy (2003). Edwards argues that accurate classification of humans is possible because most of the data that distinguishes populations occurs in correlations between allele frequencies, although these classifications vary depending on a number of criteria, such as sampling strategy, type of locus, distribution of loci around the genome and number of loci.

Ancestry-informative markers (AIMs) are stretches of DNA which have several polymorphisms that exhibit substantially different frequencies between different populations. Using AIMs, scientists can determine a person's ancestral continent of origin based solely on their DNA. AIMs can also be used to determine someone's admixture proportions.

13. ^ Lewontin, R.C.. "Confusions About Human Races". [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

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Mensaje por predator75 el Jue Mayo 03 2012, 21:07

Una pregunta, estamos debatiendo sobre la relacion entre el CI y las diferentes razas o sobre el racismo? Bueno quiza de ambas. Solo queria decir que pensar que la raza blanca tiene una mayor capacidad intelectual media que la negra no implica que esa persona sea racista. Yo puedo mediante una serie de estudios personales afirmar que la raza blanca tiene de media una mayor capacidad intelectual (siendo esto cierto o no) y no ser necesariamente racista.

Racista es aquella persona que desprecia a otras que no son de su raza solo por el mero hecho de no serlo. Si yo desprecio a un negro no tengo por que ser necesariamente racista. Quiza lo desprecie porque le ha tirado de las orejas a mi perro, por ejemplo.

El que yo no acepte a la raza gitana no implica que sea racista. Concretamente esto es verdad y no la acepto (si, es una raza aparte, al parecer mezcla de varias cuyas raices no se tienen muy claras) por la cultura que les rodea y la educacion que utilizan en sus hijos.

A mi la raza me da exactamente igual, como tambien me da igual que una persona sea morena o rubia. Lo que me importa es la cultura que puede traer consigo. Si viviesemos en un mundo en el que los pelirrojos fuesen por lo general educados en unos valores incivicos, entonces no aceptaria a los pelirrojos, y no por ello seria "colorista", sino "valorista".

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Mensaje por yomismamenete el Mar Dic 18 2012, 16:22

Poneis demasiados tipos de carne en la parrilla. Personalmente creo que el racismo se va sustituyendo por el clasismo. Y en cuanto a invasión cultural, a mi no me molesta la cultura ajena sino que dicha cultura pretenda aniquilar a la mía, y sobre todo me molesta la que tiene repercusiones en mi tiempo de descanso. Pero esto último no es un tema cultural sino de mala educación.

En cuanto a los gitanos, a mi me molesta que media Rumanía se haya venido a vivir a España porque la pobreza me da mala conciencia y me impide disfrutar plenamente de mis circunstanciasy más con la que está cayendo en España.
Pero con los pobres hay que tener corazón, vengan de donde vengan.

Al margen de eso, los gitanos tienen valores que hoy en día están casi desaparecidos como la familia, el respeto a los mayores etc...Tienen su lado bueno y su lado no tan bueno. Como todos , supongo.

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Mensaje por Willy el Mar Dic 18 2012, 16:40

Fundamentalmente, en ésta sociedad de hipócritas y "bien-quedas", cualquier día escucharemos estupideces como "eres un racista por decir que una persona de raza negra tiene la piel negra".
Da igual que la afirmación que hagas se base en hechos y no en opiniones, siempre habrá alguien dispuesto a esgrimir la bandera de la demagogia con tal de levantar aplausos y ganar adeptos a su razonamiento para luego usarlos en su beneficio.
Cuando oigo a alguien decir que "la raza negra tiene una inteligencia media menor que la blanca debido a [...una serie de razones relacionadas con el entorno, el clima etc...]" lo primero que me viene a la cabeza es una palabra acabada en "ismo"...pero no racismo si no evolucionismo.
Luego la teoría puede estar mejor o peor "traída" o tener pequeños errores, pero no por eso ya hay que derivar el debate hacia el racismo porque no tiene nada que ver.

Y por cierto Morgana, cuando oigo a alguien hablar de Africa por un lado y países del ecuador por otro, entiendo perfectamente a qué se refiere. Por qué hay que buscar el error en el continente (y nunca mejor dicho) para desprestigiar el contenido?

Willy

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