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¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo?

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¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo? - Página 2 Empty Re: ¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo?

Mensaje por Sergio Fisch el Vie Ago 30 2013, 16:52

Bueno, terminé de leer todo el hilo. El artículo de Robert Nozick, y las opiniones de ustedes.

No sé si hay muchos argentinos acá en el foro, pero mi primer comentario va para ellos: Este Nozick es uno de los autores favoritos del Doctor Mariano Grondona, ¿sabían? Yo pensé (no sé por qué) que el "Doctor" leía cosas más serias. De derechas, sí, pero más serias.

Es la primera vez que leo a Nozick. Y la última, me parece, si no conté mal. Ya lo vi. Ahora sé qué es Nozick. En Japón están fabricando unos parecidos, pero que juegan a la pelota, bailan y hasta nos siguen con su mirada (digo, con su visor).

Perdón que sea descortés, pero no quiero hablar del "capitalismo", ni de los intelectuales "de la palabra", ni de si este hombre tiene razón o no en algo. Si quisiera, no podría, porque me perdí lo que dijo (ahora mismo lo aclaro). Lo que quiero apuntar acá son ciertos rasgos observados por mí durante el discurso del Sr. Nozick, que un experto en relaciones humanas disfrutaría bastante, a no ser que sea simpatizante de este intelectual de la palabra (¿dónde escuché antes esa expresión?).

Verán: Mientras el Sr. Nozick hablaba, yo no prestaba demasiada atención a sus palabras, sino a ciertos detalles de su persona. Un poco como pasa con esos enfermos mentales que, mientras les hablamos, nos miran la oreja, una ceja, los dientes... Sí: Escuchaba a Nozick como si yo fuera un paciente de Oliver Sacks, cuyo aparato lingüístico sufriera profundas averías. Y quizás las sufriera, quién sabe...

No sé muy bien lo que defiende o ataca este señor, porque no lo en el sentido estricto del término. Yo estaba concentrado en sus gestos, en el tono de su voz, en su mirada, en sus sonrisas (capciosas, desesperadas), en su expresión de escándalo e indignación... Pero por sobre todo, yo estaba muy atento a sus ademanes, al movimiento de sus manos... A las gotitas de sudor que le perlaban la frente.

Si Oliver Sacks estuviera tratando mi caso (posiblemente, una afasia), y me preguntara qué me parece que dijo este tal Nozick, deduciría el discurso del mismo a partir de lo observado por mí en su persona, con un resultado parecido al siguiente:

El señor Nozick habla de un sistema bastante simple, pero compuesto, al parecer, por un montón de elementos más o menos equivalentes, que se intercambian como si fueran posibles reemplazos unos de otros. Hay niveles, o desniveles más bien, pero cualquier pieza puede sustituir a cualquier otra. Posiblemente se trata de un Autómata Celular, o de algo así como un panal de abejas. ¡O de un juego como el Senku!, donde hay fichas y columnas y filas de casillas llenas o vacías... Algo así.

En este sistema todo funciona mecánicamente, como si se tratase de un engranaje o una máquina de calcular antigua, y también me viene a la mente esos ábacos gigantes, usados antiguamente para llevar las cuentas... En fin: Todo iba bien, parece, en esta máquina perfecta y de funcionamiento tranquilo y regular, hasta que ciertas fichas, o abejas, o piezas de relojería empezaron a rechinar, a ralentizar el mecanismo...

No sé si el humo blanco lo empezó a despedir el ábaco gigante o el señor Nozick, porque esa parte fue muy confusa. Lo cierto es que sus aspavientos, durante ese episodio, fueron muy teatrales. La abeja reina, o los engranajes más robustos, o lo que sea que sean los elementos que componen este sistema cerrado y (hasta no hace mucho) súper eficiente, no tuvieron otra que suspender sus actividades normales ante el mal funcionamiento de los compañeros defectuosos.

Según parece (a decir siempre por los tics nerviosos del señor Nozick, que ya estaba transpirando incluso) éstos, o sea la piezas problemáticas, no tuvieron mejor idea que atentar contra el aparato al que pertenecían, tal como el perro traidor que muerde la mano del que le da de comer (o quizás debería decir: como la abeja malagradecida que pica la mano que no le roba la miel).

Lo extraño es que el sistema sigue andando sin cesar, impertérrito. Es como si el rechinar de las piezas defectuosas no interfiriera demasiado con el mecanismo general. Y eso es lo que les quiere hacer entender el señor Nozick, al que vi más de una vez inclinado sobre el aparato para lanzar palabrotas que por suerte no comprendí...

¿Piezas defectuosas, dije? Repito que es extraño, pero aún siendo inoperantes estos componentes seguían funcionando normalmente, sólo que largando un poco de humo... Pero no todo fue tan amargo, ni tan de lamentar. Al señor Nozick lo vi reír bastante, y hasta carcajear partido en dos... Pero, eso sí: en su risa había más nervios que alegría, creo. O al menos eso me pareció a mí, que no soy más que un pobre afásico que no entiende el significado de las palabras ni de nada...

Así imagino que fue el discurso de este señor; quiero decir: el contenido de su discurso. Para colmo, en su oficina de Wall Street me distrajeron otras cosas que nada tenían que ver con dicho contenido. Por ejemplo, había una cabeza reducida, no sé si de un Jíbaro o de un Mahometano. También había desplegado un mapa del mundo entero, con la palabra "Next" marcada en rojo sobre cada país, sin excluir ninguna isla o polo.

Pero lo que más me distrajo (mientras el señor Nozick hablaba y hablaba, cada vez más agitado) es lo que había sobre su escritorio: una maqueta del hotel Overlook hecha con lujo de detalles.
©Sergio Fisch


Última edición por Sergio Fisch el Mar Dic 17 2013, 10:11, editado 1 vez

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¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo? - Página 2 Empty Re: ¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo?

Mensaje por Sergio Fisch el Sáb Ago 31 2013, 16:16

"Ningún sacrificio de nadie en favor de otros está justificado." Robert Nozick.

Siempre me pareció exagerada la expresión "sociedad cibernética". Cuando la oía, incluso en boca de pensadores de mi entera confianza, yo me preguntaba: ¿No será mucho?

Después de leer a Nozick, comprendo lo que se quiere decir con eso: sociedad cibernética.

Es la expresión adecuada para definir el régimen que se apoderó de todo el planeta. No creo que sea válido o útil hablar aún de "capitalismo", y hasta diría que tampoco tiene mucho sentido plantear los problemas en términos de democracia versus libre-mercado, o de libertad individual versus libre empresa. Sí sería fértil empezar a acusar al régimen de imponer una sociedad cibernética, como la entronizada por "pensadores" como Nozick.

Este modelo de sociedad me hace acordar a algo que dijo Nietzsche con relación a otra cosa, que nada tenía que ver con todo esto (al menos en apariencia): Él dijo que un universo perfectamente mecánico no tendría ningún sentido, y que incluso sería impensable.

Heisenberg estaría de acuerdo con Nietzsche, pues postuló una Física en la cual, debido al principio de incertidumbre, sería imposible una instantánea del universo. Es como si en el seno de todo sistema cósmico debiera haber algo así como un Vacío o una Nada irreductibles, un hueco imposible de llenar en torno al cual se desplegaría la energía. Sin ese Vacío íntimo, inseparable de la materia, no podría haber movimiento, ni realidad, ni sentido...

La cosmovisión cibernética, entonces, sería como una anacronía intelectual, un regreso al útero en la historia del pensamiento político. Se basa en ideas tan ingenuamente mecanicistas, que ni un personaje de Hoffmann se atrevería a sostenerlas.

En la sociedad cibernética no hay huecos, no hay vacío. No hay Nada (valga el juego de palabras). Todo funciona en bloque. Si algo se mueve, es porque desplaza a otra cosa. Pero si uno lo piensa mejor (aunque, como dijo Nietzsche, todo esto es impensable), en un universo así, en una sociedad cibernética consumada, no hay ninguna cosa que no sea, a la vez, todas las demás cosas, puesto que todas funcionan en bloque. Todas las cosas son la misma cosa, por así decir. Todo da lo mismo, porque todo es lo mismo.

Cuando Nozick habla de la sociedad "capitalista", parece como si estuviera hablando de una máquina cerrada en sí misma (hermética) y auto-regulada. Y sin pizca de indeterminación, por sobre todo. No hay huecos en ella: todo encastra con todo. El lubricante sería, al parecer, las consabidas leyes de la oferta y la demanda. Y el hiato entre ruedas dentadas (la "luz", como se dice en Mecánica), el lugar destinado a dicho lubricante, es el mercado. Entre una pieza y otra no hay vacío, ni un espacio indeterminado, sino eso: el mercado. No sólo lubrica todo el mecanismo este mercado, sino que también comunica a una pieza con otra. Nozick subraya una y otra vez eso: el mercado es lo que nos comunica unos con otros; lo que nos permite "expresarnos". Entre tú y yo está el mercado. ¡Gracias al cielo!, porque de otro modo no podríamos funcionar.

Pero esa comunicación no tiene una categoría superior a la que representa la "luz" entre los dientes de un engranaje.

En este universo perfectamente mecánico (esto es: sin indeterminación, sin caos, sin huecos), no hay ni puede haber sentido. Los rodamientos que lo componen son todos equivalentes. Son, como dije, el mismo rodamiento. Todos. Da igual éste o aquél. Nozick se acalora si un rodamiento pretende ser más que otro, o reclamar más espacio que los demás. Si un rodamiento es la Divina Comedia de Dante Alighieri, y otro es una lata de grasa de cerdo, él lo siente, pero ambos valen, en sí mismos, exactamente lo mismo: nada. O todo: ¡da igual! Ambos valen todo y nada, así que cuánto valen en sí mismos realmente, eso no viene a cuento. Ambos funcionan igual. Engranan de la misma manera. Y entre ambos está el equitativo y neutro lubricante del mercado, y nada más.

Algunos rodamientos giran más que otros. Eso sí. Si uno puede girar más rápido que el otro, que le aproveche. A la máquina le importa un corno esto. Lo único importante es que su funcionamiento global no se malogre. Da lo mismo este engranaje que aquel otro: lo único importante es que el mecanismo siga en marcha, cerrado sobre sí mismo, hermético y perfecto en su relojería bien aceitada.

¡Ningún otro mecanismo permite que los engranajes giren y giren tanto! Lo mejor de todo, es que no hace falta ser la Divina Comedia para reclamar el derecho al giro. ¡En esta máquina hasta los engranajes del detritus y del pedo pueden girar y girar sin parar! Todos los engranajes pueden girar, sin distinción. ¿Por qué sólo o en mayor medida el engranaje llamado Divina Comedia? ¿Por qué no el llamado cagada de paloma? ¡Si en el fondo ambos son el mismo componente! Son lo mismo. Nada.

Si el rodamiento escupitajo de marrano gira mejor que el rodamiento Hamlet, es que estaba mejor lubricado. No hay injusticia o justicia acá. Esas antiguallas ("justicia", "injusticia", así como "mejor", "peor", "calidad", "ignorancia", "bueno", "malo", etc.) sólo son admitidas dentro de la Máquina en forma de más rodamientos. Tienen cabida en el mecanismo, claro, pero en tanto ruedas dentadas engranando con todas las demás. Si giran más o menos, ¡allá ellas! ¿A quién le importa? Si el engranaje "malo" gira más que el engranaje "bueno", ¿cuál es el problema? Si el engranaje "bueno" quiere revertir las cosas y girar más que el engranaje "malo", simplemente ¡que se lubrique mejor!

Pero, en el fondo, ¿qué mierda importan esas rencillas? Los reyes fueron derrocados. Dios murió, lo mismo Buda, Mahoma, Odín, Serapis, los Reyes Magos, Papá Noél y el Pato Donald: ya no hay derecho a reclamar nada. ¡No más privilegios! Libertades individuales: esa es la consigna. El rodamiento sorete de perro vale tanto como el rodamiento Mona Lisa. Y si éste último no gira tanto como el primero, que vaya a llorar a la iglesia.

Exactamente eso es lo que postula el Tío Sam y su sobrino Nozick. Lo cual no tiene el menor sentido, ni puede tenerlo.

Adoptaré como hobby suplementario mofarme de Nozick. Sí. Todos los días mataré mis 2 o 3 minutos de ocio intentando armar el Cubo de Nozick, y sin hacer trampas...

PD: Y Nozick era catedrático de Harvard y cobraba un sueldo de elite por enseñar estos disparates...
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Última edición por Sergio Fisch el Mar Dic 17 2013, 10:12, editado 1 vez

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Mensaje por Sergio Fisch el Dom Sep 01 2013, 14:12

Todo lo que hay que saber acerca del capitalismo, está ahí, en el discurso de Norliss (no, no es una errata). Pero no en el contenido de su discurso, sino en su estilo, en su tono. Es el capitalismo en persona el que se expresa ahí. Es una cuestión de estilo. Al discurso del capitalismo hay que oírlo como un afásico que no comprende la semántica de lo dicho. Hay que oír el tono de voz, las inflexiones, las modulaciones, los acentos, las respiraciones. Ahí está la clave.

Pero todo ese discurso no es más que una pantalla. Una distracción, un entretenimiento. A lo sumo, una campaña de marketing. El capitalismo propiamente dicho, el virus cibernético que lo enferma todo, es lo que se esconde detrás de esa pantalla. Y es algo primitivo, no un fruto del progreso: son misiles, tanques, portaaviones, marines, submarinos de guerra. Ese es el kernel. La vieja y archiconocida fuerza bruta. El mazazo del cavernícola, la hoguera medieval, el auriga romano, el sablazo de Tamerlán, el machacante avance de los hunos.

Ése es el núcleo de la máquina cibernética. Su motor. Todo lo demás es marketing redactado por los Norbert Wiener de la economía-política. El capitalismo no es, entonces, libre comercio ni democracia representativa, ni libertades individuales ni mercado, ni igualdad de oportunidades ni meritocracia. Todo eso es cháchara marquetinera, y no tiene mayor peso que los eslóganes publicitarios y los lemas que acompañan al estreno de las películas.

El capitalismo es la fiebre cibernética impuesta a la fuerza. La organización total, la razón instrumental conquistando el mundo y cada rincón del planeta y de las almas, y a los golpes. Con la hoguera, con la cimitarra, con el garrote simiesco. Porque es imposible conquistarlo todo así sin recurrir a la violencia, a la sangre, a la amenaza.

Norliss no es más que un cavernícola esquizofrénico.
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